La sensación que genera la contemplación de la obra de Lola tiene mucho que ver con lo primitivo y lo humano. La pintura, la obra artística tiene dos reflejos virtuales a ambos lados de la ventana creadora.
De un lado del observador obtiene a contemplación de la obra una sensación que comienza en los ojos y discurre hasta las zonas de nuestro pensamiento que casi no pertenecen al ámbito consciente. Del otro, el creador no pinta para nadie y pinta para todos. Les sale de dentro y tienen una obligación orgánica por expresar aquello que sueñan mientras asisten ensimismados a la realidad tangible.
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