En la iconografía cubana de estos tiempos, Rubén Rodríguez ocupa un lugar muy especial tanto por la concepción de la línea como por el espectro temático en que suele moverse, donde los deseos del ser humano afloran a un primer plano. No creo que Rubén sea un artista cautivado por el erotismo, sino un creador que desde el erotismo se cuestiona y problematiza la condición humana. La elevada carga conflictual que insufla a sus composiciones se ven compensadas por el desenfado de la línea. Quizá en ese contrapunto radique la fortaleza de su arte y la inquietud que siempre genera en el espectador.
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