Mis pinturas hablan de mí. Son el espejo en el que me miro y me veo plenamente reflejada.
En todas sus manifestaciones, sean por el color, o la falta de ello, sean por la proliferación de formas o por su ausencia, ellas "hablan" desde el alma y se dirigen al alma.
Mi pintura es mi esencia y pintar significa para mí un estado del Ser.
Cada una de las pinturas es como si fueran pequeños trocitos de mí, que una vez materializados viven por sí solos y ganan autonomía. Nacen de una forma espontánea, imprevisible, y libre. Su misión una vez exteriorizadas es solamente una: hacer que quien las vea disfrute contemplándolas.
Son pequeñas partes que quieren recrearse y renacer en otro Ser. Y más que observadas, anhelan ser sentidas. Desean llegar a lo más profundo del Ser, porque es de dónde vienen, y es a dónde quieren volver.
No busco teorías o una conceptualización de mi pintura, aunque sí así se desea también se puede hacer, pero ella no está hecha para el intelecto, ella apenas puede vivir del sentimiento.
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