El trabajo de Gloria Herazo subvierte, de manera consciente y deliberada, esa conducta de la mirada al transgredir también los cánones que han regido la representación de la figura humana en la pintura, medio artístico paradigmático por excelencia. Desde los retratos de poder del Siglo XVI hasta las funciones fotográficas para plasmar la presencia de alguien en un plano bidimensional el retrato ha sido el lugar donde es posible fijar la mirada sobre el otro sin atisbo de vergüenza alguno, ha sido el lugar para encontrarse con la propia imagen, o ha sido el lugar donde nos enfrentamos a las coyunturas de una humanidad que reconocemos compartir.
Ahora bien, apelando al concepto de Walter Benjamín de aura, nos hacemos conscientes de que desde los primeros autorretratos de Rembrandt este género pictórico hizo enormes esfuerzos por plasmar toda la complejidad de un ser humano en una imagen, por captar aquello que es particular e irrepetible del sujeto retratado. La fotografía expandió el alcance del retrato, y no resultan fortuitas las supersticiones de los primeros días del medio que suponían que dejarse tomar una fotografía significaba dejar una parte del alma en el papel.
© 2008 Arteinformado - Datos del Mercado del Arte: Artistas, Galeristas y Coleccionistas - arteinformado@arteinformado.com | Diseño Web: Buleboo