« Volver a la ficha del evento Llegó el malhechor
Orestes quiere desmarcarse de la pintura, , dice que esta vez va a tratar 'el tema de la representación de la obra', acto seguido comienza a divagar: que si 'la simulación, el camuflaje, lo ficticio, lo que imita lo real' y entonces da en el clavo: 'lo real simulando lo surreal'. Viene y va de las hojas con apuntes a la pintura y de la pintura ya terminada (como ente autónomo), que de pronto se trasviste en boceto, a una escultura. Ha llegado a un punto en que nada es principio ni fin, no hay obra completa ni ciclo cerrado.
Al final él quiere salir de una estética, de un soporte y le está dando vueltas a la ceiba para llegar al mismo lugar. Ahora las formas se salieron del cuadro para desparramarse por la galería; pero con esa dispersión, ese embotamiento, esa sensación de que no hay espacio ni para un grano de arroz, no puede evitar ser él. Es Orestes que crece y está aburrido de un tipo de visualidad, pero es tan completo que le ha dado por salir a fabular y no hay temor a que pierda el eje.
Texto facilitado por la Galería y/o Sala de Exposiciones
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