La disposición de las obras en la sala implica el buscarles acomodo como se ubica en un territorio un concuneo de seres vivos. Su percepción hace que uno se sienta rodeado de paisajes que van cambiando y que suponen experiencias vitales al percibirlos. Asimismo la visión cotidiana acomoda la capacidad de análisis mezclada con una profunda intención de afecto, Por, ello a la hora de vender una obra de arte existe esa sensación contradictoria de la alegría y la tristeza, Alegría por ofrecer a un cliente un trabajo en el que uno cree y que aprecia con admiración y que sabe que va a ser valorado y recibido con satisfacción, yendo a trasplantarse en un lugar en donde será como un miembro más de la propia casa, querido y estimado. Tristeza por tener que desprenderse de un objeto que ha llegado a formar parte de una existencia personal, y que más de una vez uno piensa en poder llevárselo a la propia casa para poder disfrutarlo en las paredes de la intimidad de su hogar.
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