La instalación invita a los viandantes que deambulan por el Barrio de La Soledad, a convertirse en voyeurs de lo que se les muestra a través de la ventana. La propuesta refleja a través de un juego visual de salida y no salida el problema del pensamiento con respecto a la acción, o viceversa. Mientras que con la imaginación todo es posible y factible, en la realidad las cosas no son tan fáciles y cuando uno quiere llevarlas a cabo tiene que ajustarse a las circunstancias. La silla de ruedas como objeto representativo del espectador imaginario representa la incapacidad, tanto física como psíquica de encontrar una manera de llegar a la salida, al tiempo de reflejar los problemas cotidianos de la vida diaria de las personas con cualquier tipo de discapacidad o con diferentes maneras de concebir la vida.
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