Nada parece ocupar los espacios de la Capella MACBA. Solo dos bancos que invitan al descanso. Un punto y aparte en mitad del trajín de la calle Dels Àngels. El transeúnte franquea la puerta y, entonces sí, percibe un sonido que, pese a ser familiar, es incapaz de identificar. La superposición de ruidos distorsionados confluye en el centro de la nave en forma de un único sonido que resuena a diario en cualquiera de nuestras calles. No es hasta llegar al final de la sala cuando el transeúnte logra descifrar el ruido: es el sonido peculiar que emite cualquier botella de agua mineral de plástico al ser aplastada, en este caso por una maleta provista de ruedas. En el espacio contiguo, el visitante encontrará una fuente acompañada de un fragmento de Homage to Catalonia, escrito en 1938 por George Orwell, y una fotografía en blanco y negro de David Seymour tomada ese mismo año en la que aparece un hombre llenando un botijo de agua en mitad de una ciudad en ruinas. Orwell y Seymour fueron brigadistas durante la Guerra Civil Española, periodo en que el agua fue convertida en símbolo de libertad, como demuestra el hecho de que los anarquistas colectivizaran la Sociedad General de Aguas de Barcelona y extendieran el entramado de tuberías hasta los vecindarios más pobres. Precisamente, el turismo de masas y la privatización del agua son los ejes de la instalación inédita que la artista Natascha Sadr Haghighian presenta en el marco de la Capella MACBA. La instalación ha sido coproducida por el Museu d'Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y la Fundación Han Nefkens.
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