Entre las más de doscientas propuestas recibidas de casi ciento noventa candidatos, el jurado ha seleccionado a 6 de ellas:
Eduardo Balanza (Murcia, 1971), con Club. Un proyecto en torno a la música, las pistas de baile y sus manifestaciones visuales. El proyecto toma como referencia la época dorada de la música electrónica en Berlín, un club famoso en los años 90 por su gusto musical y su calidad arquitectónica. El original se llama Cookies, todavía existe en Berlín, pero en otra ubicación de la ciudad, aunque conserva los mismos elementos reproducidos en cartón para la instalación 'Remixes, arqueología de las pistas de baile'.
Marcos Cuesta (Barcelona) y Bartomeu Sastre (Palma de Mallorca, Baleares, 1986) con Aliens love FIB; en esta propuesta un elemento propio del imaginario del festival 'un platillo volante' presente en carteles y en el sitio web del festival, se presentará como un elemento 'real y tangible' de algo que hace referencia a lo extraordinario. El platillo volante se convierte de este modo en un elemento imprevisto para un lugar como la playa. La propuesta dialoga con el espacio, flota sobre el mar, o proyecta su sombra sobre los veraneantes y festivaleros tumbados en la playa, moviéndose dependiendo del viento y su situación.
Ecoproyecta (Murcia), con su intervención Cubito de Hielo; la propuesta consiste en instalar en la playa de Benicassim un cubo de hielo gigante de 2 metros de altura y un diámetro de 1, 5 metros. En su interior albergará algo que, en un principio, la opacidad del hielo no dejará ver. Posteriormente, al derretirse se hará transparente creando el deseo, entre la gente, de alcanzar ese objeto interior.
Noemí Larred (Barcelona, 1982), con Casetas de playa; El voyeurismo reclama casi siempre que entre el ojo y aquello que le seduce se interponga algo -generalmente translucido, como un velo o una celosía- es decir, algo que actúe a modo de barrera entre el ojo y el objeto de su deseo: mirillas que se colocaban estratégicamente en las paredes de los prostíbulos, cámaras ocultas, la pantalla de la televisión, que actúa a modo de ventana indiscreta en el visionado de una película pornográfica. Las casetas de playa ocultan la desnudez, son un recinto prohibido, un lugar íntimo que protege de la mirada del otro. En la instalación Casetas de playa se invierten estos términos: la caseta deja de ser un sitio en el que protegerse para transformarse en un lugar para observar sin ser visto. La caseta ofrece al voyeur-espectador la posibilidad de observar lo que ocurre al otro lado de la pared.
Almudena Lobera (Madrid, 1984) con Un espectáculo para la vista; Un gran telón rojo de boca de escenario, instalado paralelo a la orilla del mar, separa y enmarca dos paisajes enfrentados y dos grupos distintos de miradas. A un lado y a otro, os habituales visitantes y paseantes de la playa se convierten, con su sola presencia en 'actores y espectadores' ocasionales dependiendo de dónde estén situados. Sus roles se confunden e intercambian simultáneamente, es decir, los que a simple vista parecen observadores cara al mar se convierten en observados para los que pasean y viceversa, puesto que el telón es doble e idéntico por ambos lados.
Óscar Mora (Chiva, Valencia, 1965), con Trenches of love; Vamos a recrear un puesto táctico militar para la playa de Benicàssim, un espacio construido a base de sacos terreros y mallas miméticas, como los utilizados para camuflar puestos de artillería. Pero nuestro puesto será un falso lugar, donde podremos encontrar un espacio para el relax, escuchar música y estar a la sombra del sol de la playa en lugar de albergar armas de guerra. La gran red mimética nos hará de sombra y dentro construcciones tipo trinchera harán que nos encontremos descansando como en un chill-out.
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