Francis Picabia, Hache-Paille (Picadora de paja), 1922. Acuarela, gouache y lápiz sobre papel © Francis Picabia, VEGAP, Barcelona, 2017 – Cortesía de la Obra Social ”la Caixa”
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feb 2018

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Publicada el 05 dic de 2017      Vista 5 veces

Descripción de la Exposición

La colección del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) es un referente español e internacional en el arte de las vanguardias del siglo XX, una época poco representada en las colecciones de nuestro país. Toma como punto de partida el legado del escultor Julio González (1876- 1942) y se extiende en distintas ramificaciones por los movimientos y las personalidades más representativos de un momento crucial del arte europeo: desde la obra pionera de Man Ray y Marcel Duchamp hasta el futurismo, el constructivismo y la vanguardia rusa. La exposición Las vanguardias históricas 1914-1945. Construyendo nuevos mundos se articula en torno a tres ejes principales: creaciones poéticas y oníricas, relacionadas con el dadaísmo y el surrealismo, que exploran el mundo de la fantasía, el sueño y el inconsciente; obras analíticas que experimentan con la forma y se adentran en el campo de la abstracción, y finalmente, el arte comprometido, de crítica social y propaganda política, que lanza un grito contra las injusticias y las guerras. Este núcleo central se enriquece con piezas de la Colección Alfaro Hofmann, única a nivel mundial en el campo del diseño industrial, que subraya el valor del objeto como símbolo de progreso, libertad y desarrollo. Dentro de su programación cultural, la Obra Social ”la Caixa” presta especial atención al arte de los siglos XIX y XX, con el objetivo de promover la divulgación en torno a una época clave para entender la sensibilidad contemporánea. En colaboración con el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Las vanguardias históricas 1914-1945. Construyendo nuevos mundos ofrece una relectura de las primeras décadas del siglo XX a través de una cuidada selección de obras de la colección del centro valenciano, una de las mejores sobre las vanguardias de toda Europa, junto a una selección procedente de la Colección Alfaro Hofmann. Así, la propuesta expositiva reúne a algunas de las primeras figuras de la escena creativa de las primeras décadas del siglo XX: Marcel Duchamp, Man Ray, Joan Miró, Joaquín Torres-García, George Grosz, Francis Picabia, Paul Klee, Alexander Rodchenko, Valentina Kulagina, El Lissitzky, László Moholy- Nagy, Julio González, Jean Arp, Constantin Brancusi, Alexander Calder, Arshile Gorky y Josep Renau, entre otros. A partir de un total de 373 piezas de esta etapa en distintas técnicas (pintura, collage, fotografía y escultura), estructuradas de forma temática y no cronológica en diez secciones, la exposición pretende exponer la base del desarrollo de la modernidad. Esta revisión de la colección incluye un amplio número de obras centradas en visiones poéticas y oníricas, estrechamente relacionadas con los movimientos dadaístas y surrealistas. Por otro lado, un gran grupo de obras abarcan un conjunto de prácticas artísticas de orden analítico materializado en formas abstractas, situando como clara referencia a Marcel Duchamp. Estas dos líneas van acompañadas de un significativo número de creaciones vinculadas al arte de la propaganda, la crítica social y el compromiso político que tuvo en el fotomontaje un instrumento de intervención plástica de primer orden. La muestra se completa con la proyección de diez films con títulos como Un perro andaluz (1929), de Luis Buñuel; El ballet mecánico (1924), de Fernand Léger; Tiempos modernos (1926), de Charles Chaplin, o El Acorazado Potemkin, de Sergei Eisenstein. Este núcleo central se enriquece con 32 piezas —objetos como un frigorífico, una estufa o una cafetera— procedentes de la Colección Alfaro Hofmann, única a nivel mundial en el campo del diseño industrial, que subraya el valor del objeto como símbolo de progreso, libertad y desarrollo. ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN ENTRE LA EXPERIMENTACIÓN Y LAS SOMBRAS Las diversas corrientes de las vanguardias artísticas partían de la suposición de que las viejas maneras de mirar el mundo eran inadecuadas. En este curso de las nuevas artes visuales, dos autores destacaron por su compromiso con la libertad creativa. Marcel Duchamp consiguió, con su actitud irreverente, cambiar el curso del arte. Se enfrentó al concepto del buen gusto que venía imperando en el mundo civilizado y dejó un conjunto de obras dispares aparentemente, aunque unidas todas ellas por la presencia del azar. La elección de motivos para sus readymades (objetos industriales que el artista manipulaba para otorgarles una nueva vida) se basaba en una reacción intencionada de búsqueda de la indiferencia visual para dejar espacio a su estrategia iconoclasta. La obra de Man Ray, por su parte, supuso un revulsivo para la evolución de las técnicas fotográficas en su doble vertiente experimentadora y subjetivista, al defender las capacidades expresivas y evocadoras de este medio. EL DINAMISMO ESPACIAL Las proclamas futuristas de un grupo de bulliciosos italianos que irrumpieron en París a principios del siglo pasado, con su entusiasmo apasionado por la tecnología, el urbanismo y la publicidad para liberar el lenguaje y la forma de las convenciones literarias y artísticas, quedaron muy pronto eclipsadas por la emergencia de los dadaístas, que difundieron su antiarte por toda Europa y Nueva York. Este movimiento pretendía destruir el statu quo mediante el desprecio irreverente de la pretensión estética y la autoridad. CUERPOS SOÑADOS La creación de «mundos paralelos» fue una respuesta firme ante una realidad desquiciada. La esfera de los sueños, una de esas construcciones alternativas, constituía un camino hacia el inconsciente y alimentó gran parte de la actividad artística durante varias décadas. En opinión de André Breton, el arte y el inconsciente debían formar «una nueva alianza» que se haría efectiva mediante los sueños, las coincidencias, las ocurrencias y todas aquellas manifestaciones que estaba investigando Sigmund Freud. Este panorama alucinatorio era el refugio para las ocultas verdades de uno mismo: los objetos y las figuras de esta sala sufrieron una sutil transformación en su composición y presentación para acercarnos a lo desconocido. LA FASCINACIÓN POR LAS MÁQUINAS En las décadas de 1910 y 1920 hubo un intercambio de ideas e inquietudes entre autores de diferentes procedencias, posibilitado en parte por los avances en transportes y comunicaciones y como reacción al nacionalismo que había conducido a la Primera Guerra Mundial. El resultado de aquellos procesos, que incluyeron alianzas transnacionales, no podía ser homogéneo y surgió toda una variedad de innovaciones en la creación artística, entre ellas la fotografía, el cine, el diseño y la tipografía, modulados con acentos autóctonos y personales. LA TRANSFORMACIÓN DE LA VIDA COTIDIANA El espíritu de la Bauhaus alemana (1919-1933) intentaba cambiar la vida cotidiana y la arquitectura doméstica mediante un modelo de racionalización y una forma de consumo democratizado, en que actividades diarias se sometieran a la planificación, al control y al principio de mayor eficiencia. Su papel en la construcción de una nueva sociedad cristalizó en el estudio de nuevos materiales y el recurso a formas y colores primarios. El funcionalismo industrial respondía, de esta manera, a la compleja mutación de la economía y la estética. El grupo holandés De Stijl, alrededor de la revista del mismo nombre fundada en 1917, fue otro de los focos de modernidad en su búsqueda de la integración utópica de las artes en el espacio de la vida, como también proponía el proyecto constructivista soviético. UTOPÍA Y REVOLUCIÓN El binomio arte y poder ha sido una constante en la historia de la cultura, pero con los acontecimientos de la Revolución de Octubre de 1917 asistimos a la transformación de los artistas en cabecillas del cambio social. Ejemplos como los de Aleksandr Ródchenko, Gustav Klucis y Varvara Stepánova, que decidieron dedicarse a la fotografía, el fotomontaje y el diseño gráfico, pusieron de manifiesto la inmediata necesidad de inspirar a millones de trabajadores para que tomaran parte en las ingentes transformaciones económicas y sociales. Otra crítica igual de feroz al orden burgués procedió del movimiento dadaísta berlinés, cuyos miembros, con sus creaciones deformes y grotescas y sus fotomontajes, compusieron un doloroso e irónico recordatorio de la brutal locura bélica. Estos movimientos de renovación artística tuvieron un epílogo especial en España con el estallido del conflicto civil, que anunció la llegada de poderes totalitarios represores de los avances de las fuerzas progresistas y democráticas de las décadas anteriores. LA TENTACIÓN DEL MOVIMIENTO CONTINUO Los avances tecnológicos alteraron los comportamientos humanos, que se liberaron de las limitaciones espaciales. Este ambiente agitado se trasladó a los nuevos lenguajes plásticos, que encontraron en la posibilidad del viaje una nueva fuente de inspiración. Las influencias se multiplican y el resultado es una simbiosis entre factores autóctonos e internacionales, en la que referentes exóticos compartían protagonismo con máquinas y artilugios modernos. Esta agitación permanente se percibe en los trabajos de artistas que sugieren un movimiento infinito y desdibujan las fronteras entre el arte y la ciencia. EL MISTERIO DE LAS FORMAS La tensión entre los imperativos idealistas y materialistas atraviesa la abstracción moderna, que se plantea como el refinamiento definitivo del arte. Esta pureza se asociaba a menudo con la reducción a los materiales constitutivos de un medio y reflejaba la evolución humana de estados físicos a estados espirituales, en una serie de etapas que podían sugerirse mediante formas que evocan elementos orgánicos y geométricos y que trazan analogías con otras disciplinas artísticas como la música. LA INESTABILIDAD DEL EQUILIBRIO La voluntad de captar el dinamismo de los nuevos tiempos condujo a la expansividad espacial en la obra de numerosos artistas. Su pulsión hacia la movilidad reflejó el surgimiento desde el caos para invocar la idea de inmensidad. Esta imposibilidad de descripción directa de la realidad se extendió a la creencia de que el movimiento de una línea podía transmitirse al espectador, para quien la imagen se desplegaría en el tiempo más que en el espacio, en una suerte de narratividad visual que Paul Klee definió como la «línea que sale de paseo». EXPERIENCIAS FRAGMENTARIAS Kurt Schwitters encontró poesía en los despojos fragmentarios de la realidad. Cuando unía esos elementos los transformaba en algo nuevo, cargado de significado y belleza. Aunque sus collages se nos antojan caóticos, las partes encajan a la perfección unas con otras. Estos desperdicios y desechos de sus obras eran un reclamo para la reflexión acerca de la cultura que conduce a la masacre y constituían incómodas elegías al final de una época, una forma artística novedosa que era a la vez una especie de reliquia, una condena de ese mundo y un monumento conmemorativo a la resistencia creativa. Los trabajos de esta sección activan en nuestra imaginación las posibilidades expresivas de esos elementos devueltos al terreno de la metáfora y en continuo proceso de renovación.

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el 05 dic de 2017 por ARTEINFORMADO

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