Gorka Salmerón Murgiondo – Cortesía del PHOTOMUSEUM. Argazki & Zinema Museoa
09
ene 2018
11
feb 2018

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Publicada el 08 ene de 2018      Vista 13 veces

Descripción de la Exposición

Toda fotografía supone establecer una distancia inevitable entre la realidad y su representación. Es ingenuo pensar, como ocurría en los inicios de la actividad fotográfica, que una instantánea refleja el mundo tal cual es. Sean lo que sean las cosas en sí mismas, nuestra capacidad de conocimiento se limita a nuestros sentidos, razón e imaginación. Configuramos así una experiencia del mundo que retroalimenta sin descanso dichas facultades. Nuestras limitaciones nos hacen humanos o, dicho de otro modo, lo somos porque las tenemos. No hay conocimiento perfecto, sería absurdo por tautológico, y hemos de bregar entre dificultades y errores. La fotografía no copia nada, no transparenta nada. Una foto escoge y aísla, insinúa desde su ambigüedad, utilizando lo visible para reinventar la realidad. Es ésta su dimensión creativa, mostrar un vestigio, un rastro de realidad sin un significado concreto. Propone un reto al espectador, pues tiene que apreciar lo que ahora ve confrontándolo con su experiencia. Así, como espectadores, tratamos de superar el desafío que la foto propone al arrancar un instante a la continuidad, confrontando esa ambigüedad nacida de la contraposición entre dos tiempos distintos: el registro de la foto y el momento de su contemplación. De idéntica manera, quien fotografía ha de encontrar su camino, necesita pensar lo que busca, puesto que aquello que los ojos transmiten lo vemos con el cerebro. Vladimir Nabokov decía que no ven el mismo bosque un botánico y alguien por completo ajeno a esta disciplina. Donde el segundo ve solo árboles, el primero distingue y nombra a cada uno de ellos, asumiendo además lo mucho que ignora. Parece obvio. Las fotos que aquí vemos son como la mirada de ese botánico, el resultado de años de experiencia con la fotografía, de una búsqueda creativa y estética. Los seis han disfrutado de años de trabajo con la cámara, frecuentando infinidad de fotos ajenas para atisbar un camino propio. Algo poco extendido en nuestros días, puesto que la tecnología ha sustituido en muchos casos al esfuerzo y el trabajo creativo. Se toman millones de fotos a diario, se utilizan sofisticadas cámaras, redes sociales y plataformas, pero el resultado fomenta la banalización ligada al frenesí y al consumo. Decía John Berger que toda fotografía es una elección humana tomada en una situación determinada, la decisión de registrar algo que para aquel que fotografía merece la pena. Parece una consideración banal y evidente. Sin embargo, una definición tan sencilla, carente de elucubración sofisticada, muestra el alma de gran parte de lo fotografiado a lo largo de la historia: la íntima relación entre la fotografía y el tiempo. Dicho de un modo más radical y parafraseando a Roland Barthes: solo la muerte y la fotografía detienen el tiempo. En efecto, frente a una comprensión lineal de la Historia que persigue fines, enfatiza el progreso y utiliza la fotografía para afianzar su monopolio del tiempo, existe una manera de fotografiar que transita por otros derroteros: aquella que escucha el silencio del mundo tras el estruendo, la que habita la paciencia de la espera, la que conversa sin mirar de reojo el minutero. Tenemos hoy la fortuna de encontrarnos frente a treinta y cuatro fotos que nos permiten detener el péndulo, ese tic-tac que augura el sin remedio. Vemos a gentes anónimas en su soledad, quizás no solitarias, puesto que desconocemos sus pensamientos. En cualquier caso, reflejan lo que somos, seres frágiles e indefensos. Ciertas personas pasean, entre formas y colores, y solas también, van de un lugar a otro transitando esos instantes que, sin perderse como tantos otros, la fotografía captura. Otra gente viaja, visitando lugares seguramente señalados como ineludibles en las guías turísticas. Parecen perderse entre la multitud indefinida y borrosa, pero el rostro humano prevalece, lo anónimo se impone a la confusión que nos esconde. Aparecen también rostros definidos, el de los propios fotógrafos, captados en ese instante que intenta reflejar años de amistad y pasión por la fotografía. Todo retratado escucha el silencio y en él cree oír una voz que dice: así te veo yo, así te muestro mi admiración, así quiero que te vean en ese futuro en el que ya no nos veremos. Contemplamos también los lugares, restos industriales que con sus cambios han ido conformando nuevos entornos. Donde intervino el hombre, ahora se ha impuesto la naturaleza. Lo reseñable es que este proceso ha construido desde la infancia el perfil humano del fotógrafo, aquello que Pessoa definía metafóricamente como el paisaje del alma. También aparecen cielos y nubes. Elementos cambiantes y que nos pertenecen a todos, por igual y sin distinción. Es de lo poco que todos los humanos dotados de visión compartimos sin desigualdad. Basta con alzar la mirada y descubrir, al mismo tiempo, la cambiante sutileza del firmamento y el misterio que nos constituye. Todas estas fotos fijan la apariencia de ciertos momentos, apelan a nuestra experiencia de vida, y nos obligan como espectadores a establecer relaciones, a dotarlas de un pasado y un futuro. Si una foto ha sido arrancada de la continuidad de las cosas, del tiempo, ese silencio detenido se abre a la interpretación, y solo aquello que es capaz de provocar la reflexión, la significación, permite que a la postre comprendamos. Mikel Iriondo Donostia, octubre 2017 Mikel Iriondo (Eibar, 1955). Profesor titular de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad del País Vasco. Sus intereses se centran en las relaciones entre Filosofía, Literatura y Cinematografía. Es autor de varios libros en colaboración con otros autores y de artículos en revistas como Contemporary Aesthetics, Daimon, Ausart, Laocoonte, Archipiélago, Enrahonar, Bitarte, Fabrikart, Recerca, Revista de Occidente, etc. EL MISMO CIELO ROBERTO BOTIJA ...Aclaremos esto. El cielo no tiene superficie y es intangible; el cielo no puede convertirse en una cosa o en una cantidad dada. John Berger, Modos de ver Estas imágenes provienen del hecho humilde, y cada vez más difícil en nuestras ciudades, de contemplar el cielo. No un cielo amplio, anchuroso, sino una parte del mismo recogido en una cámara fotográfica a través de mi ventana. Siempre la misma ventana y, por lo tanto, siempre el mismo cielo. Con su versión eternamente cambiante que nos habla de la luz y del tiempo. Roberto Botija Algorta, julio 2017 Roberto Botija (Bilbao, 1953). Ha expuesto en diversas galerías y museos: Spectrum Sotos (Zaragoza), Ivasfot y Lugaritz (San Sebastián), Ongarri (Elgoibar), Estudio 22 y Casa de la Imagen (Logroño), Photomuseum (Zarautz), Artium (Vitoria), etc., centrándose, fundamentalmente, en el paisaje. De sus publicaciones destaca el extenso trabajo aparecido en el nº 12 de la revista suiza de arquitectura Werk, Bauen+Wohnen, en un monográfico sobre la ciudad de Bilbao (1996) y el libro “Alusión a una sombra” (2000) editado por Ongarri. ARQUITECTURA ESTÉRIL, PAISAJE RESTITUIDO GORKA SALMERÓN MURGIONDO Inconscientemente vuelvo a revisitar una serie de lugares a lo largo de distintas épocas. Confieso que no llego a comprender cuales son las extrañas razones que me empujan esporádicamente a volver a esos espacios concretos. Uno de los escenarios con los que mantengo una relación especial en el tiempo es un pantano abandonado en medio del monte, una mole de cemento confundida entre el paisaje. Me refiero a un territorio apartado, pero a su vez relativamente cercano, ubicado en el pueblo donde resido. Se trata de una construcción de la década de los años 50, consecuencia del desarrollo industrial de la época, hoy en día en desuso. La historia de Legazpi, este pequeño municipio de la Gipuzkoa profunda, ha estado ligada a la industria del hierro durante siglos. El último periodo de esa vinculación a la cultura del hierro corresponde a la empresa Patricio Echeverría S.A., factoría que marcó el desarrollo de la zona a lo largo de prácticamente todo el siglo XX. Ocasionalmente vuelvo a perderme allí para contemplar el paisaje cambiante, el envejecimiento de la arquitectura, su transformación al ser absorbida por la vegetación. Cada visita es distinta y la curiosidad deriva en sorpresa constantemente. No dejo de encontrarme con escenas nuevas. Aunque el paisaje no deje de ser invariablemente el mismo, en esa convivencia entre naturaleza y construcción, el espacio con el que ya mantenía un vínculo especial antes de comenzar a realizar fotografías a mediados de los años 80, treinta años más tarde sigue ofreciendo sensaciones nuevas que me llevan a contemplar el mismo panorama bajo una mirada distinta. En todos estos años he repetido la misma práctica, una tarea consistente en intentar recopilar a través de imágenes esas experiencias, fotografiando una y otra vez el lugar, realizando diferentes tomas en cada momento. Curiosamente, la sensación actual en relación a estas últimas fotografías es la de una vuelta a las primeras imágenes sobre la fábrica de Patricio iniciadas a comienzos de los 90, o quizás una prolongación de las mismas. Ahora me cuestiono, entre otras cosas, si realmente este trabajo ha surgido de manera inconsciente o si quizás siempre ha estado ahí desde el comienzo, como cuando hice las primeras fotos de la fábrica. Tal vez sea yo el que esté observando con mirada dispar el paisaje de siempre; siendo mis intereses y mis vueltas al lugar cambiantes y variables, como las razones que me animan a contemplar el mismo territorio con otros ojos. Gorka Salmerón Murgiondo Fuenmayor, octubre 2017 Gorka Salmerón Murgiondo (Legazpi, 1969). Licenciado en Bellas Artes, se inicia en la fotografía en 1985. Ha realizado numerosas exposiciones individual y colectivamente, recibido becas y premios e impartido cursos, talleres y conferencias. Ha trabajado en la recuperación, reproducción, catalogación y digitalización de archivos fotográficos y publicado varios libros, entre los que destaca “Leaxpi industri Paisaiak” (2014). Los últimos años ha compaginado la docencia con la investigación y recuperación del fondo fotográfico sobre la factoría legazpiarra Patricio Echeverría S.A., trabajo que se recoge en el libro “Luz Para un Tesoro Olvidado” (2016). Tras relegar de sus proyectos fotográficos personales en este último periodo, Gorka vuelve a realizar nuevas imágenes que se mostrarán por vez primera en esta exposición. YENDO MONCHO TRULLOS Algunos me han comentado que estas fotos son de gente solitaria. Yo lo veo como transeúntes yendo de un sitio a otro, no sabemos ni a qué, ni a donde. Moncho Trullos Donostia, septiembre 2017 Para el fotógrafo, el hombre de dedo ágil y pupila atenta, ha querido referirse, por encima de otras cuestiones, al simple hecho de hacer camino. "Vivir es caminar breve jornada" -dijo Quevedo-, pero es el inevitable e imperativo traslado lo que al autor de estas fotografías le conmueve. Siendo andariegos, transeúntes, todos apeonamos in itinere de un lugar a otro con mayor o menos prisa, con ansias y desvelos diferentes. Porque el movimiento es una de las maneras para cerciorarnos de que estamos vivos, si bien en ocasiones, desazonándonos, altere nuestra voluntad. En las disciplinas orientales lo inmóvil es lo absoluto, hay una vocación religiosa de inmovilidad. Pero nosotros, los nacidos en Occidente estamos lejos de aquélla. Y en soledad, o acompañados, recorremos la senda que el destino ha puesto a nuestro paso. Jorge G. Aranguren Donostia, septiembre 2017 Moncho Trullos (Errenteria, 1959). Ha alternado diversos trabajos de fotografía industrial, para diseñadores de moda, peluquerías, portadas de libros para Elkar, etc. con el de cámara de televisión, habiendo realizado también la foto fija de numerosos cortometrajes y dos largometrajes. Ha sido invitado a exponer tanto a modo individual como participando en colectivas en Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca y Donostia. UN SEGUNDO ÁNGEL ISPIZUA Desde hace algún tiempo tengo interés fotográfico por las masas de “gente” que se concentran en diversas circunstancias, destinos turísticos abarrotados, masificadas calles de tiendas, lugares con gran atractivo para miles de apasionados gimnastas y muchos otros lugares donde observo un gentío abrumador. Observando a posteriori las fotografías, me ha gustado ver la plasticidad del movimiento de estas gentes. Lo que más me ha sorprendido es que mi cámara mecánica, desprovista de todo artefacto que implique el mínimo atisbo de inteligencia artificial, ha sido capaz de captar en un segundo que esas masas de gentes están llenas de “personas” con el brillo y la belleza que caracteriza a los seres humanos que componen esos abarrotados y aparentemente desordenados grupos. Solo ha necesitado ese mínimo segundo de tiempo para darse cuenta de que el ser humano individual prevalece frente al grupo. Voy aprendiendo de mi cámara a pensar un poco, al menos un segundo y ahora ya veo grupos de personas. Personas que, no son otros sino yo mismo adoptando esa forma de “gente”, yo multiplicado a veces por miles, con mis ilusiones y frustraciones, con mis grandezas y miserias. Ahora cuando veo gente, pienso al menos un segundo, como mi cámara mecánica. Ángel Ispizua Donostia, agosto 2017 Ángel Ispizua (Bilbao, 1956). Elegido Artista de la Federación Internacional de Arte Fotográfico (AFIAP) en junio 1999. Ha expuesto en repetidas ocasiones sus fotografías de retratos, naturaleza o bodegones en distintas salas y galerías de San Sebastián, Contraluz (Pamplona), Photomuseum (Zarautz), La Taberna de los Mundos (Vitoria, Bilbao), Diafragma Foto (Córdoba), A.F. Guadalajara, etc. Tiene obra en Photomuseum, Kutxabank, S.F.G y otras entidades públicas y colecciones privadas. AISLADOS JESUS M. ZABALZA Ciudad es sinónimo de grandes edificios, mucha gente, muchos coches,… en resumidas cuentas, aglomeración de todo. Parece imposible que a pesar de esto podamos conseguir aislarnos del barullo, pero esta pequeña colección de fotografías es un claro ejemplo de cómo podemos lograrlo, ya que siempre hay un lugar en la ciudad donde podemos estar solos… O no? Jesus M. Zabalza Donostia, agosto 2017 Jesús M. Zabalza (San Sebastián, 1960). Se interesa por la fotografía desde su niñez, y desde 1985 durante un tiempo participa en concursos y certámenes hasta que empieza a desarrollar temas concretos entre los que destacan los de carácter arquitectónico o de naturaleza. Desde 2002 participa en la Feria de Arte mensual de San Sebastián y realiza varias exposiciones individuales en diferentes salas españolas. Además del porfolio dedicado a París, entre sus publicaciones destacan los libros Un Paseo por Urgull (2012) y Norte/Sur (2015). PRESENCIA JOSÉ RONCO “Las imágenes se hicieron al principio para evocar la apariencia de algo ausente. Gradualmente se fue comprendiendo que una imagen podía sobrevivir al objeto representado; por tanto, podría mostrar el aspecto que había tenido algo o alguien, y por implicación cómo lo habían visto otras personas. Posteriormente se reconoció que la visión específica del hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado. Y así, una imagen se convirtió en un registro del modo en que X había visto a Y.” John Berger, Modos de ver Mi aportación consiste en fijar la imagen, el rastro de mis compañeros de exposición. Y trato de identificarlos, de definirlos mediante esta representación que, a través del rostro, todos tenemos de nosotros mismos. Afirmo así su presencia… José Ronco Eibar, septiembre 2017 José Ronco (Rágama, 1959). Colabora durante un tiempo con la prensa, y después de experimentar con distintos géneros, en los últimos años fotografía el paisaje que le rodea. Breve ejemplo de ello es su serie sobre Eibar, ciudad donde reside y a la que ha fotografiado durante más de 12 años, trabajo recogido en su libro “Eibar, ciudad taller”. Ha expuesto individual o colectivamente en Ongarri, BilbaoFot, Galería Railowsky (Valencia), CC Montehermoso (Vitoria), Institut d´Estudis Fotografics (Barcelona), COAVN (San Sebastián), Canal Isabel II (Madrid), Bienal Sao Paulo (Valencia), Galería Rafael Perez Hernando (PHE, Madrid), Photomuseum (Zarautz), Casa de la Imagen (Logroño), etc.

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