Picasso. El deseo atrapado – Cortesía del Ayuntamiento de Málaga
14
feb 2018
27
may 2018

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Publicada el 14 feb de 2018      Vista 10 veces

Descripción de la Exposición

La Fundación Picasso Museo Casa Natal presenta la exposición Picasso. El deseo atrapado con obra gráfica del pintor malagueño. La muestra está compuesta por 45 piezas artísticas realizadas entre 1905 y 1971 e indaga en las expresiones de anhelo, las fantasías y el culto al erotismo de los cuerpos. La muestra está compuesta por 45 obras entre grabados y libros ilustrados de Picasso, que forman parte de las colecciones de la Fundación Picasso Museo Casa Natal. El artista indaga en las diferentes expresiones de deseo, anhelo, fantasía y el erotismo a través de estas piezas artísticas realizadas entre 1905 y 1971. El deseo atrapado se divide en ocho secciones agrupadas por temáticas: El cuerpo reconstruido, Los cuerpos creados, Los cuerpos observados, La mujer observada, La mujer que observa, Nuda veritas, El deseo y Fantasías del harén. El recorrido de esta exposición revela a un Picasso que, en diferentes etapas de su vida, siente y plasma el deseo de una forma diferente. En El cuerpo reconstruido, siguiendo los principios del Cubismo, descompone los cuerpos para que sea el propio espectador el que devuelva la forma a las figuras (Mujer desnuda con guitarra, 1913). En algunas escenas emplea elementos autobiográficos, como en la sección Los cuerpos creados, incluyendo en sus grabados a otros artistas para representar las escenas (Escultor y dos cabezas esculpidas, 1933). En la serie Los cuerpos observados presenta las figuras desnudas, sacando a la luz un acto íntimo (El taller del viejo pintor, 1954). En el apartado La mujer observada representa la imagen femenina más sensual, detallando en sus grabados pasajes bíblicos, como en la obra Salomé, (1905). Pero la mujer también adopta un papel activo en la serie La mujer que observa. La protagonista asiste a la escena y contempla lo que en ella ocurre, dando lugar a grabados que compaginan el clasicismo grecolatino con el frenesí erótico (Modelo y gran cabeza esculpida, 1933). En la serie Nuda veritas, la contemplación del cuerpo femenino también adopta otro papel, más cercano a ser un objeto de culto, de veneración, expresando un deseo casi inalcanzable (Desnudo con collar, 1944). Picasso interpretó en sus obras la atracción de los cuerpos, su unión y el éxtasis derivado de la misma. Al hilo de este hecho, la serie El deseo invita a un recorrido por la trayectoria del artista malagueño, en la que da forma a la fantasía, que pasa de ser la representación de una danza erótica para, en los años finales de Picasso, tomar formas más explícitas y cargadas de tensión (Mujer equilibrista sobre la cabeza de un viejo barbudo en bicicleta delante de Cocu y los espectadores, I, 1966). Por último, en la serie Fantasías del harén, el artista recurre a la obra de Manet, Las mujeres de Argel, para mostrar un escenario en el que las protagonistas se relajan y, ajenas a la presencia masculina, entablan un diálogo secreto (Burdel. Charlatanas con loro, Celestina y retrato de Degas, 1971). SECCIONES DE LA EXPOSICIÓN 1. El cuerpo reconstruido El Cubismo, fruto del afán de investigación y de las ansias de libertad formal de Picasso y Braque, fue siempre defendido por sus creadores como una revolución estética que respondía a rígidos principios teóricos. Ese rigor formal del cubismo es el que guía al artista en las obras del momento de esplendor geométrico del Cubismo, en el que las formas se reinterpretan para la construcción de los desnudos, pero también el que permite, ya en 1956, en un ejercicio de imaginación y de audacia, descomponer el cuerpo desnudo en sus elementos esenciales para que sea la intuición del observador el que devuelva su forma a ese cuerpo disperso. 2. Los cuerpos creados Tras el arte de Picasso hay siempre una confesión, en cada vida por él plasmada hay por tanto una parte, más o menos encubierta, de autobiografía. Su conciencia de artista le lleva a que sean artistas, ya se dediquen a la pintura o a la escultura, los que con mayor frecuencia representen al creador malagueño. Hijo él mismo de un pintor, hay un factor añadido, propicio a las consideraciones psicoanalíticas, en estas obras. La imagen de los artífices ante sus producciones que recogen desnudos nos sitúa en la postura tanto del “voyeur” como la de alguien que asiste a un juego de espejos, sutil y sorprendente, de “arte dentro del arte”, “pintura dentro de la pintura”. 3. Los cuerpos observados Desde la Biblia, cuando el rey David queda prendado de Betsabé en el baño o la casta y joven Susana es espiada por los ancianos encendidos de deseo, los cuerpos desnudos suponen un tema artístico de vigencia intemporal: la intimidad convertida en espectáculo tiene su expresión suprema en las imágenes que nos reflejan y delatan, aquellas de las que somos observadores de los que observan, sigilosos o con descaro, la desnudez ajena. Son imágenes que expresan a menudo el contraste entre la juventud de los observados y la decrepitud de los que observan: así, las escenas cargadas de una importante tensión erótica llevan también una enseñanza moral, un aviso del paso feroz y constante del tiempo. 4. La mujer observada En actitud que a veces roza la adoración y en otra la curiosidad más sensual, la mujer atrae la figura de los personajes de Picasso. Ejemplo del primer tipo de contemplación se da en “Escultor y dos cabezas esculpidas”, donde esta vez la mujer se presenta a través de su representación escultórica. A la segunda variante pertenece la curiosa adaptación que Picasso hace del lienzo de Manet “El desayuno sobre la hierba” o el trasunto irónico del tema bíblico de “Susana y los viejos” que Picasso recreará en sus años finales. 5. La mujer que observa Picasso, amigo de jugar con el espectador, gustaba de convertir a la mujer no sólo en el personaje observado en sus obras, sino también en el que observa lo que en ella ocurre. Sucede así en estos grabados que compaginan el clasicismo grecolatino con el frenesí erótico, en los que el espectador se somete nuevamente a un juego de espejos y de mutuas e infinitas contemplaciones, accediendo a un espacio privado pleno se silencio y de sigilo que es el reverso, y a la vez el paralelo, del tema anterior de la mujer observada. 6. Nuda veritas Heredero de una tradición clásica y de siglos, Picasso volverá reiteradamente su mirada al cuerpo desnudo de la mujer, más allá de los mitos de la mujer fatal o de la mujer-esfinge propios del movimiento Simbolista que estaba en apogeo en el momento del nacimiento de Picasso. El minotauro Picasso, el amante de voraces exigencias, fue también alguien que en la representación de la mujer encontró un sujeto casi devocional, un enigma que contemplar con lenta y cuidadosa atención y un larvado deseo. 7. El deseo La desnudez, propicia al disfrute de la sexualidad, no podía faltar en un artista cuyo bagaje amatorio fue amplio y caudaloso. La atracción entre los cuerpos, su unión y el éxtasis derivado de la misma, tienen también su plasmación en esta muestra. La grotesca bacanal, que puede ser leída en clave simbolista, de 1905 se verá atemperada por el cortejo, cargado de sensualidad, en su versión clasicista, para prestarse a un escenario insospechado cuando la exuberante naturaleza del Caribe hizo incluso que esta tensión amatoria se manifestara en la vegetación de la isla de la Martinica que hace protagonista de las ilustraciones para el libro “Corps perdu” de Aimé Césaire. Otras veces, el juego de atracción y repulsión con la mediación de una máscara dará lugar, días después, a una danza de atracción y vértigo de los cuerpos, para, en los años finales de Picasso, tomar formas más explícitas y más cargadas de tensión. 8. Fantasías del harén La intimidad que el hecho del desnudo conlleva de forma natural requiere la necesidad de aislamiento, en un entorno de confidencias, quietud y susurros. Así, en una derivación de los harenes orientales como el que Picasso retomó de Manet en su versión de “Las mujeres de Argel”, las mujeres se relajan y ajenas a la presencia masculina entablan un diálogo secreto al que estamos invitados a través de las ventanas que representan estas obras. A veces, como en la asombrosa serie titulada “Dos mujeres desnudas”, ese ámbito íntimo y mínimo permite al artista experimentar con las formas en un ejercicio de auto-exigencia que es fascinante y delata la capacidad de invención de un auténtico genio. Finalmente, cuando la carne es triste y Picasso ya ha leído todos los libros, el gineceo quimérico devendrá en burdel donde decrepitud y deseo se combinan y anulan.

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