VÍRGENES PARA VESTIR
Evento finalizado
03
feb 2018
21
abr 2018

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Cuándo: 03 feb de 2018 - 21 abr de 2018
Inauguración: 03 feb de 2018 / 12.30
Horario: M. 17.00/20.00 X. 10.00/14.00 J. 17.00/20.00 V 11.00/14.00-17.00/20.00 S.10.00/13.00
Precio: Entrada gratuita
Dónde: Espacio Olvera / Siracusa, 8 - 3º D / Sevilla, España
Organizada por: Galería Espacio Olvera
Artistas participantes: Chelo Matesanz
Correo electrónico: info@espacioolvera.com
Etiquetas:
Publicada el 30 ene de 2018      Vista 103 veces

Descripción de la Exposición

Comienza febrero, época de carnaval, pero en Sevilla ya huele a Cuaresma y una gran parte de la ciudad cuenta los días que restan para el Domingo de Ramos. Si bien es cierto que festividades como la Semana Santa han ido perdiendo su carácter exclusivamente religioso, el amor que sentimos por nuestras costumbres más arraigadas nos lleva a seguir viviendo a golpe de calendario litúrgico. Y es que a pesar de nuestros esfuerzos por alcanzar un estatus de capital europea cosmopolita y laica, el peso histórico de ciertos referentes iconográficos asociados a la religión continúan inalterables, despertando un fervor insólito que –aunque sin duda mantiene una importante carga devocional– revela una emoción más relacionada con nuestro acervo cultural e identitario en un sentido más amplio. Para Chelo Matesanz (Reinosa, Cantabria, 1964), quien lleva varias décadas estudiando el comportamiento humano a través de los convencionalismos sociales, un tema como este es el pretexto ideal para desarrollar su trabajo artístico. Con “Vírgenes para vestir”, su primera exposición individual en Sevilla, Matesanz plantea una relectura de la imaginería procesional, haciendo especial hincapié en el modelo iconográfico de la “virgen de candelero” tan identificado con la ciudad. Sirviéndose de estas imágenes escultóricas pensadas en el Barroco para ser vestidas con suntuosas telas y abalorios, la artista cuestiona con su particular deje irónico –aunque bastante más comedido en esta ocasión– el poder que ejercen los preceptos de la tradición popular a día de hoy, especialmente en cuanto al papel de la mujer se refiere. Demostrando un cierto hastío por el artificio, Matesanz presenta sus “vírgenes” como cuerpos ausentes, esbozados esqueletos hilvanados sobre tela o precarios armazones de madera cubiertos por austeros ropajes que recuerdan más a la imaginería castellana o la pintura ascética de Zurbarán. Mujeres sin cuerpo, sin rasgos anatómicos que la identifiquen, se muestran como un tronco yermo donde no hay cabida para la sexualidad y tan solo cuentan con su rostro y sus manos como inocentes elementos de seducción. Son “vírgenes”, en su más clara acepción, concebidas únicamente para ser contempladas desde la lejanía, para embaucar desde la penumbra con la luz de su belleza sublime, una pureza inalcanzable por lo mundano. Sin embargo, ante este tributo histórico, la artista se rebela, se resiste a permanecer impasible utilizando el humor como arma. Así, mediante la costura como recurso pictórico y, sobre todo, a través del trabajo de la cerámica –técnicas más relacionadas con la artesanía y con el rol arquetípico de la mujer en el arte– Matesanz reivindica una feminidad olvidada por los impuestos de la tradición beata. En los lienzos, llagas con reminiscencias anatómicas. Sobre los candeleros de madera, piezas escultóricas realizadas con arcilla, un material maleable, sensual y fácil de moldear, en las que la artista va creando formas orgánicas, sexuales, pero también florales y vegetales, íntimamente asociadas a la maternidad y a la fertilidad de la naturaleza. Estas piezas esmaltadas en rojos y dorados, recuerdan a la factura de la retablística barroca y hacen referencia directa a las bellísimas canastillas labradas de los pasos que acompañan a las imágenes en sus salidas procesionales. Como suele ser habitual en su producción, la artista se sirve de la temática como medio desde el que cuestionar estereotipos, desmontar prejuicios y desmitificar aquellas obsesiones humanas asociadas al folclore de forma más o menos evidente. En esta ocasión, incluso los títulos de las obras se convierten en una declaración de intenciones, todos ellos inspirados en la lectura de El misterio del cuerpo hablante1, un libro acerca del poder fisiológico que posee el lenguaje. Por ello, con la reunión de todas estas referencias, Matesanz busca un despertar metafórico del espectador a través del acto contemplativo, una forma de aportar luz ante la ingenuidad social, apelando también a la compleja conducta humana, siempre cargada de contradicciones. Sara Blanco. Enero 2018. 1 Araceli Fuentes. El misterio del cuerpo hablante, 2016. Ed. Gedisa

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Actualizado

el 14 mar de 2018 por Óscar Olvera Guerrero

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