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Pablo Arrázola, Composición #1 de la serie Apuchumala, 2020, lápices de color sobre papel rasgado, 128 cm x 98 cm. — Cortesía de Beatriz Esguerra Arte
16
oct 2020
13
nov 2020

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Cuándo: 16 oct de 2020 - 13 nov de 2020
Inauguración: 16 oct de 2020
Precio: Entrada gratuita
Dónde: Beatriz Esguerra Art / Cra. 16 # 86A-31 / Bogotá, Distrito Especial de Bogotá, Colombia
Organizada por: Beatriz Esguerra Art
Artistas participantes: Pablo Arrazola
Enlaces oficiales Web 
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Publicada el 22 sep de 2020      Vista 44 veces

Descripción de la Exposición

Beatriz Esguerra Arte presenta la primera exposición individual del joven artista Pablo Arrázloa en su galería. “Apuchumala” es un neologismo que, en su más estricta definición, hace referencia a un sentimiento ambivalente entre angustia, en el sentido intimidante y avasallador que nos sugiere la idea del infinito, y placer, en el sentido del deseo por el conocimiento. Este resulta de reflexionar sobre la insignificancia de nuestra existencia en relación con el universo. Se preguntarán: ¿por qué niños? Niños en cierta edad de descubrimiento, donde el mundo se presenta no como algo nuevo sino como algo enteramente propio. El adulto es esclavo de ciertos condicionamientos: la educación, la sociedad, la herencia cultural, la religión e incluso su memoria. Arrázola entiende la figura del niño como la última transformación del espíritu de Nietzsche: inocente, despreocupado, sin ataduras ni deber, empoderado con su propia voluntad y sin recuerdos o limites que lo coaccionen. Es libre. Tanto así, que lo encontramos reflexionando y manipulando su realidad, trasformando y adaptando su espacio como si se tratara de un juego, en busca de las respuestas a un mundo cuyas leyes y normas parecen no aplicarse en el nuestro, tal vez aun inconsciente de que sus límites son el marco y el papel que lo procede, y que su realidad es en esencia, el dibujo mismo. Lo que ocurre finalmente en cada una de estas obras es un diálogo entre la figura y el medio. El papel es donde el espectador entabla una relación con la obra que apela a su experiencia, sus motivaciones y su memoria. Cada niño es un reflejo, un juego de espejos que se repite con cada espectador como el aforismo del eterno retorno. Los niños rasgan, transgreden y adaptan su mundo en busca de respuestas a preguntas esenciales que nos cautivan como especie. ¿Quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿hacia dónde vamos? En el trabajo del artista, la infinita y profunda palidez del blanco sobre blanco y su relación con los niños, conscientes de su condición en el medio, se vuelve una analogía, una imagen sugerente que invita al espectador a preguntarse por su propia realidad, a hacerse sus propias preguntas y encontrar sus propias respuestas. La exposición estará compuesta por aproximadamente 18 obras. ----------------------------------------------- No logré encontrar una palabra o concepto que definiera este sentimiento... Fue así que en un gesto infantil, decidí inventarlo. “Apuchumala” es un neologismo que, en su más estricta definición, hace referencia a un sentimiento ambivalente entre angustia, en el sentido intimidante y avasallador que nos sugiere la idea del infinito, y placer, en el sentido del deseo por conocimiento. Este resulta de reflexionar sobre la insignificancia de nuestra existencia en relación con el universo. Se preguntarán: ¿por qué niños? Niños en cierta edad de descubrimiento, donde el mundo no se presenta como algo nuevo sino como algo enteramente propio. El adulto es esclavo de ciertos condicionamientos: la educación, la sociedad, la herencia cultural, la religión e incluso su memoria. Me gusta entender la figura del niño como la última transformación del espíritu de Nietzsche: inocente, despreocupado, sin ataduras ni deber, empoderado con su propia voluntad y sin recuerdos o límites que lo coaccionen. Es libre. Tanto así, que lo encontramos reflexionando y manipulando su realidad, trasformando y adaptando su espacio como si se tratara de un juego. Tal vez aún inconsciente de que sus límites son el marco y el papel que lo procede, y que su realidad es en esencia el dibujo mismo. Hay algo infantil en la asunción de que alguien más tiene la responsabilidad de darle sentido a nuestras vidas, siendo la vida tan insignificante, sin sentido y maravillosa como nosotros queramos hacerla. Es eso, finalmente, lo que ocurre en cada una de mis obras, un diálogo entre la figura y el medio. El papel es donde el espectador entabla una relación con la obra que apela a su experiencia, sus motivaciones y su memoria. Cada niño es un reflejo, un juego de espejos que se repite con cada espectador como el aforismo del eterno retorno. Los niños rasgan, transgreden y adaptan su mundo en busca de respuestas a preguntas esenciales que nos cautivan como especie. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Por supuesto, cada uno tiene distintas formas de acercarse a esas preguntas y en mi trabajo la infinita y profunda palidez del blanco sobre blanco y su relación con los niños, conscientes de su condición en el medio, se vuelve una analogía, una imagen sugerente que invita al espectador a preguntarse por su propia realidad, a hacerse sus propias preguntas y a encontrar sus propias respuestas.

Actualizado

el 13 oct de 2020
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17 oct - 17 ene
Exposición en Fabra i Coats / Barcelona, España

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