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Fernando Palacios — Cortesía de la galería BAT Alberto Cornejo
Evento finalizado
15
mar 2019
04
may 2019

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Cuándo: 15 mar de 2019 - 04 may de 2019
Inauguración: 15 mar de 2019 / 19:30
Precio: Entrada gratuita
Dónde: BAT-Alberto Cornejo / María de Guzmán, 61 / Madrid, España
Organizada por: Galería BAT Alberto Cornejo
Artistas participantes: Carlos Iglesias Faura, Fernando Palacios
Enlaces oficiales Web 
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Publicada el 14 mar de 2019      Vista 100 veces

Descripción de la Exposición

“Diálogos IX” presenta los proyectos de, por un lado, Fernando Palacios con “Esencia innata” en la que los colores, los paisajes utópicos y la calma, envolverán las paredes de la galería para crear una atmósfera de reflexión y observación para aquellos que disfruten con el color y la materia. Por otro, Carlos I. Faura, con “Entre MA”, propone una dinámica en la que parar, observar y seguir a través de sus inconfundibles esculturas de tallo industrial con las que reflexionar acerca del espacio, la forma y, sobre todo, el silencio y cuán importante éste es para apreciar sus obras en su totalidad. La exposición reflexiona gracias a las propuestas de Palacios e I. Faura sobre el espacio, en el caso del primero en imaginar mundos imaginados dónde la materia conforma la abstracción y el color se apodera del paisaje y, en el segundo, a través de la forma que llena y a su vez libera las piezas para crear escenas de gusto arquitectónico con las que recorrer a través de la luz y las sombras que emanan de las mismas. 2 ------------------------------------ FERNANDO PALACIOS La expresividad de la mancha y el rigor de la geometría son los dos extremos formales en los que cristaliza la pintura abstracta moderna. El trabajo pictórico de Fernando Palacios (Valladolid, 1976) es heredero de la primera derivada, la expresiva, y se consolida en una pintura libre, que nunca se encuentra ceñida a una composición modular o repetitiva. Un tipo de discurso que, por su carácter gestual y de grandes lujos cromáticos, podría instalarse cómodamente dentro de la denominada «abstracción lírica», que sería aquella que se aproxima a una concepción atmosférica-poética de la mancha. Por otro lado, la alta carga matérica de su obra, elaborada a través de una compleja investigación técnica, tiende un puente entre sus procedimientos y los de una parte del informalismo europeo de mediados del pasado siglo. Este cruce de influencias y de etiquetas estilísticas nos sirve, precisamente, para poner en evidencia la dificultad de adjetivar de manera adecuada la producción de Fernando Palacios. De hecho, su trabajo es conscientemente ecléctico, versátil en sus recursos técnicos y lúcido en su manera de dialogar con determinados planteamientos figurativos. Su producción se aproxima, en algunas composiciones, a un paisajismo de raíz romántica que no necesita de lo descriptivo, de lo anecdótico o de lo narrativo para manifestarse. De hecho, Palacios se muestra plenamente consciente de que ni siquiera en las formas más extremas del plasticismo abstracto dejan de cumplirse, al menos en algún grado, el fundamento simbólico de las artes visuales. De ese modo, su manera de interpelar lo paisajístico desde la abstracción no se muestra nunca engañosa o titubeante; al contrario, el artista confía con acierto en la alta capacidad simbólica del color, la materia y la composición. Sus últimos trabajos, que configuran su actual muestra en la galería BAT, nos muestran la madurez que ha alcanzado su propuesta. En ellos, como ha señalado el crítico Juan Carlos Gea, «Palacios se mantiene en esa zona de ambigüedad entre la ventana y el portaobjetos, la vista de pájaro y el detalle vegetal, el suelo y el mapa»; y es precisamente en esta zona esquiva, que no escamotea el conflicto ni la contradicción, donde radica la fascinación de una pintura que quiere ser contemplada y leída, pero desde luego no desde un significado trasparente y universal, sino desde la particular respuesta perceptiva que nace de cada espectador. Carlos Delgado Mayordomo Crítico de arte ------------------------------------ CARLOS I. FAURA Del herrero-chamán al escultor contemporáneo En los “tiempos viejos” -cuenta Mircea Eliade en su libro Mitos, Sueños y Misterios- el herrero-chamán acariciaba el fuego con la lengua y mecía el hierro ardiente en la cuna de sus manos. Tiempos míticos elegidos por Hefesto, Vulcano, Tor y Ogun, dioses y herreros, para forjar un universo metálico. El devenir de la Historia nos ha descargado a nosotros, simples mortales, de la excesiva tarea de tener que escenificar demostraciones de tal peso y de tal volumen, tan míticas y místicas como sobrehumanas. ¿Pero, en los “tiempos nuevos”, quién podrá impedirnos pensar que, en lo más oculto de nuestra memoria colectiva, el testigo de hierro de ese herrero-chamán no haya sido recogido por el escultor? En una mano, el testigo, en la otra el martillo, y siempre la fragua como diosa-Madre de un fuego primigenio y sagrado. Convengamos en el hecho de que Carlos I. Faura (Madrid, 1988) es un escultor. Es, pues, descendiente de esa vieja estirpe, de ese linaje mítico que ha hecho suyo este arte, noble y antiguo como un oficio, y mágico como un don mineral del cielo. Ha sabido, también, encontrar un lenguaje en el que el hierro, habla con voz propia y personal, un material tan de(s)preciado por ciertas estrategias espaciales imperantes, y que, sin embargo, continúa siendo fuente de nuevas soluciones escultóricas. La llama del pasado y la del futuro pueden -deben- arder juntas en el hogar de la fragua, entre los rescoldos de la fundición, en la hoguera del presente. Precisamente, la elección de un material tan poco recurrente dentro de las últimas tendencias escultóricas como es el hierro, al que también une el empleo del acero, supone uno de los rasgos diferenciales de su trabajo. Además de ello, otra significativa seña de identidad es el hecho de alinearse decididamente junto a un reducido núcleo de jóvenes escultores que continúan sintiendo la necesidad de crear esculturas, es decir, objetos tridimensionales en el espacio. Podría parecer esto una obvia tautología si no conociéramos bien la singular evolución sufrida por la escultura en las décadas finales del siglo XX, a la que el avance de las instalaciones, de los lenguajes expandidos y del diseño de producto, había arrojado a una grave crisis de identidad y de definición, despojándola en gran medida de su bien ganada función de constructora de volúmenes y de estatuas. El rigor y el vigor de Madame Geometría El registro formal en el que Carlos I. Faura asienta sus esculturas se despliega por los paisajes rigurosos, sólidos y estructurados de la geometría. Superada ya por obsoleta, gracias a las vanguardias, la encarnizada dicotomía entre figuración y abstracción, entre mímesis y reinterpretación, nuestro artista se mueve decidida y firmemente por el territorio de líneas, planos, ángulos y relaciones ortogonales que conforman el estricto -y al tiempo dúctil- cuerpo de Madame Geometría. De esta manera, sus obras adquieren una composición estable, asentada, lineal, consistente, en la que no se atisban concesiones a una representación estricta de las formas de la naturaleza. Por el contrario, estas nacen de un selectivo proceso mental que termina por generar estructuras abstractas. Hablaba hace un momento del poder de la tradición que puede observarse en estas piezas, hechas de acuerdo con los procesos clásicos de la escultura, y empleando aquellos materiales metálicos, fundamentalmente el hierro, y en ocasiones el acero, que quizás -junto a la piedra y la madera- más definen y caracterizan este milenario lenguaje artístico. Sin embargo, además de la fuerza del pasado descubrimos también la decisiva presencia de algunas de las últimas tendencias surgidas dentro del espacial universo del volumen. Pienso, sin duda, en la influencia y en las sinergias que pueden rastrearse en estas esculturas a partir de los preceptos propios del. Minimalismo. Así, se nos presentan como estructuras puras en sí mismas, sin necesidades referenciales, formas que no precisan de ningún eco figurativo o naturalístico. Recordando a Donald Judd, posiblemente el máximo representante de este movimiento – de hecho, el último de la vanguardia escultórica-, podríamos decir: “Nada de alusiones, nada de ilusiones”. Francisco Carpio Crítico de Arte

Actualizado

el 18 mar de 2019

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