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Josep Grau-Garriga, La crosta, 1984. Algodón, lana y fibra sintética. Depósito Família Grau-Garriga — Cortesía del Centro Grau-Garriga de Arte Textil Contemporáneo
17
mar 2019
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Publicada el 15 mar de 2019      Vista 23 veces

Descripción de la Exposición

La exposición “Cien años de Tapiz en Sant Cugat”, comisariada por Pilar Parcerisas, muestra una setentena de obras textiles y está dividida en siete áreas que explican la historia del tapiz: 1900-1920 Inicios del siglo XX; 1920-1944 Tomàs Aymat y el Novecentismo; Art Deco y el racionalismo; 1955-1980 La rennovación del Tapiz y la Escuela catalana; 1957-1991 Josep Grau-Garriga y la creación de un lenguaje; 1992-2011 Grau-Garriga en Francia y finalmente; Arte textil contemporáneo. Además, la exposición cuenta con material gráfico y audiovisual donde se podrán conocer los testigos de los familiares de Grau-Garriga, Aymat, Samaranch y Pahissa, así como, imágenes audiovisuales para entender la confección y creación de los tapices. Las piezas más destacadas que se presentan en esta exposición, son: “La Verema” y “Diana caçadora” de Tomàs Aymat; “Temps tendre” y “La crosta” de Josep Grau-Garriga y “L’iris d’eau” de Jean Lurçat, artista que se expone por primerva vez en tierras catalanas. Según declara la comisaria de la exposición y del Centro, Pilar Parcerisas: “La apertura de este centro es un paso hacia delante para hacer de Sant Cugat un lugar de referencia en el arte textil, que hace de frontera entre un pasado que se basa en la tradición del tapiz en Sant Cugat y un futuro que quiere responder a la creciente presencia de la creación textil en el arte actual. El nombre Grau-Garriga refuerza esta visión abierta y renovadora que tendrá este equipamiento”. -------------------------------- CIEN AÑOS DE TAPIZ EN SANT CUGAT En 1920 Tomás Aymat instalaba en Sant Cugat la primera industria moderna de alfombras anudadas a mano y de tapices de alto y bajo lizo en España. Seis años más tarde construía un edificio que sería la sede de la Manufactura de Alfombras y Tapices que lleva su nombre. Instauraba una tradición inexistente en el arte del tapiz en Cataluña que, partiendo de los bellos oficios promovidos por la Mancomunidad de Cataluña y la estética del Noucentisme dio paso a la creación del arte textil del siglo XX. La continuidad de la fábrica de la mano del industrial Miquel Samaranch a partir de 1955 abre las puertas a la renovación del tapiz de la mano de Jean Lurçat y de Josep Grau-Garriga, con la participación de los artistas de la segunda vanguardia catalana, consiguiendo desplazar el catonismo de Gobelins como método para hacer del tapiz una obra de creación en sí misma. Esta forma de hacer que se conoce como “Escuela Catalana de Tapiz”, que conseguirá un gran esplendor durante los años sesenta. La fábrica atrae el interés de muchos artistas, entre ellos Antoni Tàpies y Joan Miró. Pero el triunfo internacional de Josep Grau-Garriga, de Aurelia Muñoz o de María Teresa Codina hacen que Sant Cugat siga siendo un centro de referencia en las nuevas formas de entender el arte textil desde los años setenta con una colección relevante que incorpora una depósito importante de obras del artista oriundo de la población, Josep Grau-Garriga. En 2003 se recupera el edificio de la Casa Aymat como Museo del Tapiz Contemporáneo donde se han celebrado numerosas exposiciones de gran interés histórico. Ahora, la presencia del tapiz y el arte textil se agranda con la incorporación de la masía de Can Quitèria como espacio de exposiciones, difusión y actividades del Centre d’ Art Tèxtil Contemporani Grau-Garriga. La Casa Aymat sigue formando parte del proyecto como fábrica de creación, espacio de talleres y residencia de artistas, centro de formación, archivo y documentación sobre arte textil. Se describe la situación del tapiz a los inicios del siglo XX, la contribución de Tomás Aymat y de su manufactura a la implantación del tapiz en Cataluña, su mirada novecentista, art déco y los diseños abstractos de los años treinta del siglo XX de acuerdo con el racionalismo arquitectónico que se impone. La evolución y la renovación del tapiz con la contribución de la llamada Escuela Catalana de Tapiz en los años sesenta, la aportación personal de Josep-Grau Garriga y de autores relevantes del arte textil contemporáneo en un panorama de síntesis. La exposición Cien años de tapiz en Sant Cugat muestra una primera lectura e interpretación de las colecciones de tapiz y arte textil de Sant Cugat y muestra al mismo tiempo un conjunto importante de obras de Josep Grau-Garriga, destacado renovador del tapiz en la segunda vanguardia del siglo XX. Se trata de una visión de síntesis de una historia acontecida en Sant Cugat que actúa de bisagra entre un pasado histórico y un futuro abierto al arte contemporáneo, ámbito en el que la materia textil vuelve a tomar un protagonismo en el siglo XXI de una forma renovada en un mundo globalizado. Pilar Parcerisas Comisaria de la exposición -------------------------------- Distribución de la exposición 1900-1920 | Inicios del siglo XX A comienzos del siglo XX no había tradición del arte del tapiz en Cataluña. El Tapiz de la Creación de Girona, un hermoso bordado medieval, era un referente lejano. La Real Fábrica de Alfombras y Tapices de Madrid, especializada en restauraciones, vivía momentos de decadencia. En Francia, la Manufacture Royale des Gobelins de París, la Manufacture de Beauvais y la Manufacture de Aubusson eran los referentes europeos de un tapiz basado en la transposición de una imagen pintada en un tapiz tejido. El modernismo del cambio del siglo XIX al XX, con la recuperación de las artes decorativas y los oficios artísticos, impulsa la necesidad de prestar atención al tapiz. El Novecentismo propone el retorno al clasicismo, valora los bellos oficios y la moral del trabajo bien hecho. Es en Cataluña donde se establecen las bases del tapiz moderno gracias a Tomás Aymat, que estudió alto lizo en los Gobelinos de París y aprendió el anudado a mano de alfombras en la Real Fábrica de Madrid. En 1920 abre la primera manufactura catalana de alfombras y tapices en Sant Cugat del Vallès, un lugar privilegiado por el entorno natural de bosque, campos de trigo, rastrojos, cañaverales, y por la presencia de los trabajos del campo, con sacos, cestas, capazos, cuerdas, zurrones y guarnición de animales los días festivos, un mundo muy cercano a la materia textil en bruto. En sus inicios, la Manufactura de Alfombras y Tapices Aymat practica el tejido basado en cartones pintados, como Gobelinos. Se parte de un dibujo y se hacen los patrones que sean necesarios para el diseño de alfombras. Una vez decidido el modelo, se amplían a tamaño natural sobre papel de embalar y se dibujan con carboncillo. La calidad de la alfombra la determina el número de nudos por metro cuadrado. El nudo empleado es en general el nudo turco, entre otros. El dibujo a escala natural se pasa a un patrón de nudos mediante un papel cuadriculado. Los motivos decorativos de las alfombras toman modelos clásicos, isabelinos, orientales o renacimiento, entre otros, pero generalmente son sencillos, con guirnaldas de flores o cenefas decorativas. 1920-1944 | Tomás Aymat y el Noucentisme Tomás Aymat y Martínez (Barcelona, 1891-Sant Cugat del Vallès, 1944) asienta los cimientos del tapiz moderno en Cataluña y en España. Tras su paso por París y Madrid, en 1914 instala su taller en el barrio de Gracia de Barcelona y en 1920 en Sant Cugat del Vallès, donde en 1926 construye la Casa Aymat como sede de la manufactura. En 1918 inicia una labor pedagógica en la Escuela Superior de Bellas Oficios donde estableció la enseñanza del tapiz hasta el 1925. En el plano ideológico, esta escuela respondía al pensamiento político nacionalista de Enric Prat de la Riba, fundador de la Mancomunidad de Cataluña (1914-1923), que quería que el arte fuera inseparable de la estética industrial. Artes y oficios se dan la mano en plano de igualdad dentro del pensamiento estético y moral del Noucentisme, que propugnaba un retorno al clasicismo mediterráneo. Un programa truncado por el advenimiento de la dictadura de José Antonio Primo de Rivera (1923-1930) que impuso el castellano en las clases, momento en que Aymat abandonó la escuela, siguió las clases en su manufactura y enseñó al personal femenino el nudo turco, el nudo español, entre otras modalidades técnicas. El retorno a una Arcadia perdida tomó como modelo el clasicismo mediterráneo de la antigua Grecia, siguiendo las teorías de Eugeni d’Ors y de Joaquín Torres-García. La temática de sus tapices sigue la tradición mediterránea con temas propios del Noucentisme relacionados con la actividad del campo, como La vendimia (1918), temas mitológicos, como Diana cazadora (1924) o representaciones de La Primavera (1925), entre otros temas clásicos. Tomás Aymat participa de las grandes exposiciones internacionales de los años 20 de la mano del Fomento de las Artes Decorativas (FAD) bajo las presidencias del diseñador Santiago Marco y del mueblista Joan Busquets. En 1920, con el impulso del Comité Municipal de Exposiciones de Arte de Barcelona que promueve los artistas catalanes en el extranjero, Tomás Aymat exhibe en el Salón de Otoño de París una muestra de alfombras en la Exposition des Artistes catalanes ave Grand Palais des Champs Elysées. En 1923 participa en la Exposición Internacional del Mueble y la Decoración de Interiores en el recinto de los palacios de Arte Moderno y del Arte Industrial en Montjuïc, donde Tomás Aymat interviene en el Salón de Té diseñado por Santiago Marco. Se exponen una gran alfombra redonda y la Diana cazadora, tapiz tejido con técnica de alfombra. Art Déco y racionalismo El impulso que reciben las artes decorativas con la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales y Modernas de París de 1925 hacen que Tomás Aymat refuerce el trabajo con diseñadores y mueblistas, como Santiago Marco, entonces presidente del Fomento de las Artes Decorativas (FAD) y el taller de los carpinteros Busquets. Con los dibujos pintados de Francesc d’A. Galí, tapiza asientos y respaldos de sillas y sofás, y diseña alfombras que decorarán el pabellón de representación catalana en esta exposición. Las formas geométricas en línea recta o en zigzag y formas vegetales delineadas geométricamente, comienzan a dominar sus diseños en el marco de lo que se llamó Art Déco, influenciado por el cubismo, el constructivismo ruso y el sentido de la velocidad del futurismo. Con el FAD, Aymat participa en la Exposición Internacional de Artistas Reunidos en el marco de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Durante los años 30, el racionalismo arquitectónico del GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) (1929-1939), sigue la estela del arquitecto Le Corbusier, que visita Barcelona con motivo de la presentación del Plan Macià, genera una nueva estética Tomás Aymat y en la producción de alfombras de la manufactura. Se impone el minimalismo geométrico, los colores puros, los círculos cinéticos, líneas sencillas y funcionales, renunciando a la voluptuosidad de las formas decorativas. La Guerra Civil dificultó la labor de la manufactura y Aymat tuvo que esconderse por la fuerte represión que sufrieron las personas vinculadas con planteamientos catalanistas. Para hacer viable la fábrica, el 20 de agosto de 1941 crea con la empresa distribuidora de alfombras Blanco Bañeras, S.A. la sociedad “Tomás Aymat y Compañía S.L.” Tomás Aymat muere el 9 de agosto de 1944 y la manufactura pasa a manos de los hijos Tomás, Adolf y Jordi que liquidarán la sociedad con los Blanco Bañeras en 1951. La huella de Tomás Aymat en la implantación del tapiz moderno en el siglo XX desde Sant Cugat es imborrable. 1955-1980 | La renovación del tapiz y la Escuela catalana En marzo de 1955 el industrial textil de Terrassa Miquel Samaranch compra la manufactura y mantiene el nombre y la marca de Aymat. La fábrica toma un nuevo impulso con la empresa en la comercialización de alfombras y en la renovación del tapiz, tanto a nivel técnico como estético. Por un lado se incorporan técnicos como Vicente Pascual, de la Real Fábrica de Alfombras y Tapices de Madrid, o Quico Farrés para el dibujo de alfombras. La clave para la renovación del tapiz a finales de los años 50 fue el contacto de la manufactura con Jean Lurçat, pintor y cartronista francés que hace evolucionar el tapiz hacia una visión más moderna, liberándolo de la esclavitud del cartón. Dado que las técnicas de tapiz no se adaptaban a una concepción moderna de la pintura, entonces dominada por el informalismo, el pintor Jean Lurçat, vinculado a Aubusson, propuso, sin renunciar a la naturaleza mural del tapiz, reducir y simplificar los colores, creando un abecedario de tonos que mediante la técnica del cartón numerado permitía obtener el color deseado a través de la yuxtaposición de tonos puros. Este método, eminentemente visual, reducía el coste del tapiz y abría la posibilidad de hacerlo más popular. El método Lurçat es introducido en la fábrica por Josep Grau-Garriga que fue residente en su taller entre 1957 y 1959. Se invitó varios artistas crear tapices que pudieran renovar la imagen del tapiz ante arquitectos y decoradores de interiores. Así, varios pintores y escultores, como Josep Guinovart, Ràfols-Casamada, Daniel Argimón, Joan Hernández Pijuán, Joan-Josep Tharrats, Josep Maria Subirachs, Antoni Tàpies, Jordi Galí, entre otros, e incluso Joan Miró, se anima a participar de esta aventura. Picasso cedió una litografía para la ejecución de un tapiz. Es relevante la presencia de Josep Royo, que toma el relevo de Grau-Garriga en 1969 en la dirección del taller y empieza una destacada colaboración con Joan Miró, ejecutando el tapiz Tarragona (1970). Posteriormente, se convierte en su colaborador habitual en su propio taller “La Farinera”, en Tarragona, hasta el 1980, donde produce tapices como el del World Trade Center de Nueva York, hoy desaparecido en el atentado de las Torres Gemelas. Miró descubre en la Casa Aymat la materia textil en bruto que le ayudará a crear sus Sacos y Sobreteixims. A partir de 1976, la sección de tapiz queda en manos de Carles Delclaux, que llevará a cabo una labor pedagógica importante en Girona. En 1981 la empresa deja de ser competitiva para la renovación de los procesos industriales y la mano de obra barata de Oriente y debe cerrar. 1957-1991 | Josep Grau-Garriga y la creación de un lenguaje Josep Grau-Garriga nace en Sant Cugat del Vallès el 1929, en una familia que vivía de las labores del campo y de la tierra, en un pueblo todavía eminentemente agrícola, y muere en Saint-Mathurin-sur-Loire, en Francia, en 2011. Es una de las piezas clave de la renovación del tapiz y el arte textil contemporáneo a nivel internacional. Se forma en dibujo y pintura en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (1943-1951). Después de un viaje a Madrid donde descubre la pintura del Siglo de Oro, hace varias incursiones en el ámbito de la pintura mural y el vitral artístico adaptados a la arquitectura. En 1957 entra a colaborar en la manufactura Aymat, año de su primer viaje a París, y Miquel Samaranch la ayuda para colaborar con Lurçat en el castillo-estudio de St. Céré, en Lot (Francia). De regreso a la manufactura, introduce el método del maestro renovador del tapiz que expresa en sus obras de 1958 dentro de un revival del tapiz gótico. Después de un segundo viaje al taller de Lurçat en 1959, Grau-Garriga cuestiona el abecedario creado por el maestro y apuesta por dar importancia a la materia para dar autonomía al arte textil, mediante nuevas materias, más pobres y menos nobles, como el yute, los tejidos reciclados, los nudos de alfombra aplicados al tapiz, los hilos metálicos, los diferentes grosores de hilo y cordel que permiten que la materia se exprese por sí misma. El descubrimiento del informalismo y la abstracción de posguerra hace que se interese por la figura de Jean Dubuffet, y por los valores que este pintor otorgaba a la materia y al gesto espontáneo. Grau-Garriga emprende una búsqueda encaminada hacia la autonomía del arte textil que pasa por la recuperación de instrumentos relacionados con las técnicas del tejido pero independientes del telar para poner de relieve las cualidades de las fibras textiles en sí mismas. Muy pronto pone la atención en la materia textil en bruto y mira de reencontrar el mundo que rodeaba su infancia: los sacos, los campos de hierba, las pilas de lana o de hilos de la misma fábrica Aymat. Sin romper con el tapiz tejido, introdujo elementos estéticos, como la ropa personal, los sacos y espesores de materia que lo llevarán a un lenguaje más tridimensional, que tomará empuje con los environaments en interiores y exteriores de espacios monumentales. En 1969 abandona la manufactura y un año después lo encontramos en Estados Unidos, donde el Houston Fine Arts Museum le organiza una retrospectiva en 1971. Paralelamente lleva a cabo una obra pictórica siempre relacionada con los tejidos, que expande en numerosas series de dibujos. 1992-2011 | Grau-Garriga en Francia En 1992, Josep Grau-Garriga abandona Cataluña y se instala en Saint Mathurin-sur-Loire, un bellísimo pueblo a la orilla del único río todavía salvaje en Francia. En Loira, tierra llena de abadías y castillos, con un románico magnífico y con una tradición en la tapicería avalada por el Apocalipsis de Angers, el tapiz gótico más preciado, establece su último deseo vital y profesional. En el Anjou inició una nueva vida personal y una nueva etapa artística vez. Decepcionado de su país de origen volvió a la matriz angevina, en la región madre de la creación del tapiz de Occidente y cuna de la renovación de la tapicería contemporánea de la mano de Jean Lurçat, de quien Grau-Garriga fue colaborador los años 50 del siglo XX. Hoy lucen juntas sus creaciones en el Musée Jean Lurçat et de la tapisserie contemporaine, en Angers. Grau-Garriga admiró del país vecino la capacidad de transformar la creación en patrimonio, el fervor por las artes decorativas y la magnificencia con que un país republicano ha sabido recuperar su patrimonio. El espíritu barroco de tradición peninsular ha acompañado al artista en el sentimiento trágico, inconformista y majestuoso de su obra. Por otra parte, la raíz campesina de Sant Cugat le proporcionó, como Saint-Mathurin los últimos veinte años de su vida, las materias textiles más cercanas a la naturaleza: el trigo, las cañas, la paja, los cordeles, los guarnecidos de fiesta, los damascos, todo un abanico de elementos que han ligado estrechamente la obra de Grau-Garriga en la naturaleza. La etapa de Saint Mathurin-sur-Loire endulza su obra, con colores más suaves, rosas y verdes claros, presencia de blancos y grandes extensiones de paja en algunos tapices como metáfora de los campos de trigo. Es un periodo rico en largas series de dibujos y collages, que expresan desde la ternura los instintos sexuales, los recuerdos de infancia o el espíritu de rebelión. En el año 2012 se presentó La Porta de la Paix (La Puerta de la Paz), una obra mural en la iglesia de esta localidad, testimonio póstumo de su obra. Arte textil contemporáneo Paralelamente, y al margen de la manufactura Aymat, el arte textil emprende nuevas vías a nivel internacional, desvinculadas del mundo del tapiz y de su evolución. Se dibuja una línea radical de trabajo que será más minimalista, derivado de una vanguardia más geométrica y constructivista que acerca el arte textil a la arquitectura. Por otro lado, una mirada al retorno a los orígenes, más antropológica y cercana en la investigación de Claude Lévi Strauss, con un retorno a las fibras naturales (algodón, yute, cáñamo, etc.) Desaparece definitivamente el tejedor, el artesano, y es el artista quien ejecuta directamente la obra con la materia textil. Es una corriente internacional liderada sobre todo por mujeres artista, como Elsi Giauque, Magdalena Abakanovicz, Jagoda Buiça, Sheila Hicks, entre otras, que hacen del arte textil una reivindicación de género. Estas nuevas corrientes son conocidas como Art Fabric, Fiber art, Arte textil o Nouvelle tapisserie, nombre que encabeza el libro de André Kuenzi del mismo título. En Cataluña, destaca el trabajo de María Teresa Codina, hija adoptiva de Sant Cugat, que ya en 1958 traza una vía experimental, elimina la trama y las obras se hacen reversibles y transparentes. Utiliza materiales en estado bruto como la fibra vegetal (el yute), y animal (mohair), junto a elementos pobres, como los sacos tejidos y estampados, un lenguaje que desarrolla a nivel tridimensional en los años 70 y que armoniza con la arquitectura, la música o la poesía de Joan Brossa. Por otra parte, Aurelia Muñoz, tras una breve etapa dedicada al bordado, el “patchwork” y al macramé, integra volúmenes tejidos a la arquitectura y al espacio libre, con una obra que une morfología y espacio. Las fuentes de inspiración son múltiples, desde la cestería, las redes de pescar, las velas de los barcos, los toldos, las capas, los trajes teatrales o el origami. En 1963 tiene lugar la primera Bienal de la Tapicería de Lausana que promueve el arte textil contemporáneo de la mano de Pierre Pauli y Jean Lurçat, que es una de las visitas ilustres de la fábrica Aymat. En 1965 participan Josep Grau-Garriga y Aurelia Muñoz. La Bienal durará hasta 1995, año en el que toma parte otra catalana, Marga Ximénez, artista de la generación de los años setenta involucrada en el arte textil que ha sabido girar esta práctica hacia una mirada posmoderna, aplicando profundamente la perspectiva de género, la alteridad, la deconstrucción de los procesos artísticos y la conciencia social. Teresa Lanceta ha volcado su mirada hacia la tradición islámica de las alfombras de Marruecos, apuntando la geometría y el color como espacio de investigación y manifestación de una cultura, que le han valido la presencia en la Bienal de Venecia (2017). La contribución al arte textil contemporáneo es abierta a muchos y muchas otras artistas de la colección del Ayuntamiento de Sant Cugat que se irá mostrando en diferentes puestas en escena de la colección.

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