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Senza titolo (Triplo igloo), 1984-2002. Mario Merz. Fondazione MAXXi — Cortesía del IVAM
16
jul 2020
31
ene 2021

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Cuándo: 16 jul de 2020 - 31 ene de 2021
Inauguración: 16 jul de 2020
Dónde: Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) / Guillem de Castro, 118 / Valencia, España
Comisariada por: José Miguel García Cortés
Organizada por: Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Publicada el 24 jun de 2020      Vista 10 veces

Descripción de la Exposición

El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) presenta la exposición ¿Cuál es nuestro hogar? que nace del interés de establecer un diálogo, una conexión, una complicidad entre la colección del IVAM y la del Museo Nazionale delle Arti del XXI Secolo (MAXXi) de Roma. Con este fin, en esta ocasión, se han puesto en común un conjunto de obras e instalaciones de la colección del MAXXi (de Ilya and Emilia Kabakov, Francis Alys, Jana Sterbak, Mario Merz, Alfredo Jaar, Kara Walker, William Kentridge, Atelier Van Lieshout y Teddy Cruz) en relación con algunas piezas importantes de la colección del IVAM (de Bruce Nauman, Gabriele Basilico o Richard Hamilton). Todas ellas tienen en común ser una reflexión acerca del espacio habitado y social, un cuestionamiento sobre aquello que se refiere bien a la ciudad o al hogar, a la comunidad o al refugio personal. Por ese motivo, esta exposición, intenta comprender de qué modo los espacios marcan el tiempo y están vinculados a la memoria del lugar. Razón por la que las obras que integran dicha muestra se nos aparecen como un cúmulo de lugares más o menos cercanos, más o menos desconectados entre sí, que vienen a llamar la atención sobre la fragmentación de la experiencia humana, la incapacidad de comprender el conjunto social y la imperfección del conocimiento. Además, ¿Cuál es nuestro hogar? desea hablar de esas personas que se sienten extranjeras en cualquier lugar pues, llegan a pensar que sus existencias transitan, con un cierto sentimiento de angustia, por unas ciudades que ya no se reconocen y por unos espacios urbanos en los que no encuentran ni sitio ni lugar. Por ello, en la exposición ¿Cuál es nuestro hogar? podemos encontrar un conjunto de ideas y proyectos que entienden la arquitectura como una estructura que condensa un mundo físico. Como el deseo de construir un lugar (un cobijo, una guarida, una casa, un hogar...) definido por las personas que lo usan, como si fuese una versión (más o menos libre) de nosotros mismos. Es decir, son proyectos/experiencias espaciales, que nos plantean la posibilidad de entender los edificios, los mapas, los espacios urbanos o los lugares privados, como versiones de nuestros propios cuerpos. Una especie de espejo tridimensional de la idea que tenemos de los cuerpos humanos y de cómo los proyectamos en el entorno más próximo. Proyectos entendidos como una segunda piel, como versiones construidas de nosotros mismos que pueden llegar a sustituirnos; al tiempo, que nos hacen más conscientes no sólo de nuestra fisicidad, sino también de los propios hábitos y querencias, deseos y sueños. En este sentido, me parece necesario comprender como las relaciones entre las esferas públicas y privadas son una de las articulaciones básicas de la sociedad que conforma el tejido de la vida cotidiana. Ambos aspectos de esta relación se pueden entender más como una acción que se lleva a cabo que un estado que se posee, lo cual comporta asimismo un importante contenido de carácter espacial, dado que son territorios en constante disputa dialéctica que se intentan fijar en regímenes de visibilidad y ocupación urbana. No puede haber una transformación de uno de los dos ámbitos que no signifique, conjuntamente, la transformación del otro. Por esta razón, la oposición de lo público con lo privado no debería plantearse como la confrontación de dos términos completamente antagónicos, sino como la institución de una jerarquía de valores que establece un orden de subordinación entre dos aspectos, de algún modo, complementarios. Deberíamos, por tanto, dejar de enfrentarlos en una contradicción binaria de rígidas oposiciones para llegar a pensarlos como una relación dialéctica, en la cual es posible saltar de una categoría a otra dependiendo de las circunstancias socioculturales e históricas precisas. Habitualmente, se entiende que el término privado hace referencia a lo íntimo, personal e interior, se restringe al ámbito del individuo y se considera una esfera de la intimidad que no se hace pública. Así, se asocia con los sentimientos, la afectividad y la intuición. Paralelamente, el término público se refiere a lo manifiesto, común y notorio. Y se asocia con la inteligencia, el cálculo, la eficacia... Estas valoraciones dan pie a la configuración de dos planteamientos distintos: el de los sentimientos, vinculados a la esfera de lo privado, y el de la eficacia y el éxito, vinculados a la esfera de lo público. De hecho, generalmente, estos conceptos poseen un contenido distinto si se relacionan con el hombre o con la mujer. En este sentido, la escena pública ha sido considerada, durante demasiado tiempo, tabú para las mujeres y entendida como el campo natural de los hombres, el lugar donde éstos podían sobresalir y distinguirse. Mientras los hombres han vinculado el mundo privado con la libertad, las mujeres lo han hecho con la negación de posibilidades de acceder a las áreas fundamentales de la sociedad. Pero, precisamente por esta vivencia diferente de un mismo espacio (dependiente del sexo y/o del género de cada persona), considero que el espacio no es un mero escenario donde suceden las más diversas situaciones, sino un resultado constituido por la acción concreta y el discurso específico. El espacio, sea público o privado, es ante todo un lugar practicado que aparece, o mejor, se constituye en la acción con los individuos y sus movimientos, ellos lo dotan de significado, no sobrevive a ellos y desaparece con la dispersión de los protagonistas. Por tanto, podemos decir, que cada proyecto espacial construye significado, no existen zonas autónomas o lugares neutrales, bien al contrario. Un buen ejemplo de lo que digo lo ofrecen las diferentes piezas e instalaciones que aquí se muestran, ya que todas ellas construyen relatos, experiencias y narraciones que nos sirven como eje vertebrador para sentir y discutir acerca de los espacios, de los muy diferentes tipos de espacios que se construyen a diario. Así, las obras que se pueden ver en ¿Cuál es nuestro hogar? nos ayudan a comprender que existen múltiples maneras de entender y de crear nuestro entorno, tanto el público como el privado. Cada una de estas piezas es diferente, cada una incide en una u otra cuestión (sensorial, ideológica, política o social) importante. Pero el recorrido por todas ellas compone un amplio y evocador palimpsesto que se convierte en acicate para preguntarnos acerca de ¿cuál es y dónde está nuestro hogar?, si es que lo sabemos o lo tenemos. José Miguel G. Cortés, comisario de la exposición

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Actualizado

el 24 jun de 2020