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Evento finalizado
28
feb 2019
Sin fecha

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Cuándo: Desde 28 feb de 2019
Inauguración: 28 feb de 2019 / 19:00
Dónde: Cosmocosa Arte Consultores / Montevideo, 1430 - PB / Buenos Aires, Argentina
Comisariada por: Tomás Espina
Organizada por: Cosmocosa Arte Consultores
Artistas participantes: Gustavo Marrone
Publicada el 25 feb de 2019      Vista 31 veces

Descripción de la Exposición

Las orillas del mundo por Tomás Espina A veces el mundo se diluye, pierde toda complejidad y redondez. Ya no hay laberintos ni exageraciones, sólo perplejidad. Prácticamente toda la tradición de la pintura figurativa argentina está caracterizada por la representación de la marginalidad; pobres, campesinos, invisibilizados y desplazados han aparecido recurrentemente en el imaginario de pintores como Ernesto de La Cárcova, Sívori, Molina Campos, Antonio Berni, entre otros. Pintores que han retratado de manera magistral la cara sucia de un mundo dividido por estratos nítidos y definidos. Artistas que han querido dar cuenta de una suerte de identidad nacional de los márgenes. O dicho de otro modo, han retratado lo que Sarmiento quería hacer desaparecer. En la década de los 80, época en la que el erotismo avergonzaba y aterrorizaba de tanta posibilidad, la figura de “lo marginal” reaparece erotizada. Vaticinada en las últimas pinturas chillonas y siliconadas de Antonio Berni, se desarrolla luego en los primeros retratos de Marcia Schvartz (que exceptuando un paréntesis introspectivo y lunático en los años 90, vuelve a la representación lisa y llana de personajes populares) y se refuerza con los chongos de Pablo Suarez; personajes contorsionados, desnudos, posando en la intimidad de cara al intérprete. Figuras que han dado forma a un paisaje tan pintoresco como desolador. Estos dos últimos artistas además formaron parte del círculo íntimo de Gustavo Marrone; fueron amigos, amantes y referentes. Y también hay que decir que lo tuvieron a él como un aludido innegable. No sólo en cuanto a su particular modo de pintar y representar en los tempranos años 80, sino porque él mismo encarna aquella figura que está en los márgenes y que tanto obsesionó a Schvartz y a Suarez. Por eso imagino en las obras de Marrone a todos los personajes de todos los cuadros de todos los artistas figurativos argentinos de todos los tiempos replicando e interpelando a sus autores e intérpretes. Interpelándonos siempre de forma errática casi incomprensible y balbuceante para hacernos ver que no basta la pintura como consuelo de ilustres. Que no es suficiente ser un observador agudo de la realidad que vive en los márgenes, hay que habitarlos. Y sobre todo que el mundo ya no existe, hay que parirlo. Si en la obra de Pablo Suárez la representación de la marginalidad remite a un sujeto social abstracto (hombres desnudos y desarraigados de estética grotesca, satírica e irónica, propias de las clases populares, travestidos de personajes provenientes de los mitos europeo-occidentales), la obra de Gustavo Marrone radicaliza la estética de Suárez llevando la representación del marginal a la propia subjetividad. En la obra de Marrone las figuras amorfas de Suárez se van desdibujando hasta desaparecer. En una suerte de sacrificio, aunque sin abandonar la figuración, sus obras van introduciendo el lenguaje como forma y recipiente donde diluir el ego ya sacudido. Cuando miramos la obra de Marrone no podemos dejar de ver su cuerpo dentro del lienzo, como si los cuadros fuesen el líquido amniótico o la placenta de aquel niño huérfano adoptado y vomitado por el mundo del arte. Las imágenes de Marrone remiten a seres en formación, fetos, pequeños monstruos y criaturas timoratas que han perdido la posibilidad de ver y son incapaces de escuchar siquiera sus propios gritos. Caras que ya no son “la otra cara del mundo” porque ese mundo simplemente ya no existe o se ha diluido a tal punto que ya no tiene márgenes para representar. Caras perplejas como las nuestras. Caras que no llegan a ser ni muñecos ni plantas. Caras que no son nada. Ni fertilizante de narcisos. Sólo una minoría bastarda y amorfa, que haya nacido en la cultura popular, y que logre arrancar sus raíces acariciando la utopía artística, podrá prevenirnos que el oficio del artista está muy lejos del deseo de igualar el trabajo artístico a cualquier otro tipo de trabajo. Sólo un linaje de bastardos sin lugar a donde ir podrá mirarnos a los ojos y hablarnos a través de ellos sobre las orillas del mundo. Tomás Espina 23 de Febrero 2019.

Actualizado

el 26 feb de 2019

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