Ferrum Ignis
05
sep 2019
Sin fecha

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Publicada el 20 ago de 2019      Vista 6 veces

Descripción de la Exposición

Acostado sobre la tierra, el niño mira al cielo. Pasa horas apuntando con el dedo… Las nubes viajeras cobran forma ante sus ojos, se transforman, toman otra, se desintegran, se van. Mientras, el niño mira las nubes que pasan y las bautiza con entusiasmo. El monstruo / ángel / minotauro es al mismo tiempo un viejo enojado y barbón que de pronto se llama perro, luego paraguas y —justo antes de desaparecer del campo de visión— se convierte en ave descuartizada. La nube, más que ser nube, es todo lo que el niño vio. Todo lo que imaginó. Es y deja de ser. Pero siempre fue nube. El juego nos resulta familiar. Todos fuimos niños y hemos visto mil figuras conformadas por gotas de agua microscópicas. Hay quienes dicen que los artistas nunca dejan de ser niños. El mismo Picasso decía que le tomó cuatro años pintar como Rafael pero le llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño. Naturalmente, es de esperarse que un artista —en su afán de aprender a dibujar como niño— vuelva a los juegos de infancia. Marco, de manos ásperas marcadas por heridas curadas con Kola Loka, aún mira las nubes pero también mira todo a su alrededor. Busca formas en el óxido, en las manchas de grasa, en el cadáver del ratón asesinado por su gato. Mira a su perro. A su jardín. A su Martín (una tortuga que se llama…). Mira el humo de su cigarro. Su mirada encuentra las formas y con sus manos las transforma. Va desde cortar gruesas placas de acero con acetileno, hasta soldar delgados filamentos en un microchip. Puede pintar delicadamente con un pincel de tres pelos (que él mismo hizo) y puede armar una motocicleta con piezas rescatadas del basurero. Un niño en pleno (ojalá vacunado contra el tétano), juega en un bosque y alberca de fierros oxidados, vigilado por su can. Machete, su perro-hermano y maestro zen, lo mira jugar. Todo lo que Marco ve, lo ve mientras ese coyote de mirada amorosa e incansable lo ve a él. Y Machete también mira las nubes. Ferrum Ignis, fierro y fuego, es una muestra diversa que incluye obras de diferentes técnicas, materiales, temas y escalas. Todas forman parte del imaginario de ese niño que, acostado sobre la tierra, mira al cielo y pasa horas creando con sus dedos. En pintura. En basura. En sombras. Después colores… La pieza es y deja de ser. Pero siempre fue nube… y luego nada. —Texto: María Kalach

Actualizado

el 06 sep de 2019

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