Salvador Dalí. La memoria de la mujer-niña. Monumento imperial a la mujer-niña, 1929. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Legado Dalí. © Salvador Dalí, Fundació Gala- Salvador Dalí, VEGAP, Barcelona, 2018 — Cortesía del MNAC
Evento finalizado
06
jul 2018
14
oct 2018

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Publicada el 19 sep de 2016      Vista 549 veces

Descripción de la Exposición

Gala Salvador Dalí es la primera exposición internacional dedicada a Gala, musa y artista que trabaja junto a Dalí, y figura clave de las vanguardias del siglo xx. La exposición desvela los cambios en la imagen de Gala a través de sus diferentes performances, reflejadas por los pinceles de Salvador Dalí; y permite también seguir la evolución del pintor gracias a un importante conjunto de óleos y dibujos. Reúne en total 315 pinturas, dibujos, fotografías y documentos relacionados con Gala, incluidas las hojas manuscritas de su proyecto autobiográfico, y se expone por primera vez un interesante conjunto de cartas, postales y libros, además de vestidos y objetos del tocador personal de Gala. Nacional, 2018. Junto a los óleos y dibujos de Dalí se presenta una selección de obras de otros artistas que gravitaron en el universo surrealista, especialmente entorno a Gala, como Max Ernst, Picasso, Man Ray, Cecil Beaton o Brassaï. Las obras proceden de la Fundación Gala-Salvador Dalí, así como de otros dieciocho importantes museos y colecciones, europeos y americanos. Se trata de la primera colaboración entre las dos instituciones, siguiendo la línea del Museu Nacional de trabajar conjuntamente con los grandes museos monográficos. Helena Dmitrievna Diakonova, Gala, (Kazán, 1894 - Portlligat, 1982) es sin lugar a dudas un personaje clave de las vanguardias. Compañera de Dalí y antes del poeta Paul Éluard, admirada unas veces, otras olvidada, cuando no denostada, sin ella el tablero de juego surrealista aparece incompleto. Los cuadros de Max Ernst, las fotografías de Man Ray y Cecil Beaton y sobre todo las obras de Salvador Dalí que se presentan en Barcelona, son mucho más que retratos: conforman un recorrido autobiográfico a través del cual Gala imaginó y creó su imagen en una especial performance “avant la lettre”. La muestra descubre una Gala que se camufla de musa mientras construye su propio camino como artista: escribe, realiza objetos surrealistas y decide cómo quiere presentarse y representarse, además de convertirse en esencial en el desarrollo artístico de Dalí, con quien conforma un tercer personaje que el propio pintor admite en una firma doble: Gala Salvador Dalí. ¿Quién fue, en realidad, Gala? Quién fue esta mujer que no pasa desapercibida a nadie, que despierta el supuesto odio de Breton o Buñuel; el amor incondicional de Éluard o Dalí; la pasión de Max Ernst; la amistad leal de Crevel, la modelo de Man Ray... ¿Fue, sobre todo, una musa inspiradora de artistas y poetas? ¿O fue más bien una creadora, aunque con pocas obras firmadas, apenas un par de objetos surrealistas hoy perdidos, algunos cadáveres exquisitos y las páginas de un diario? Gala es una mujer creativa que escribe, lee, diseña su ropa y también, diseña su propia imagen cuando la retrata Dalí, coautora de tantos trabajos del pintor que desde principios de los años 30 firma con el nombre de ambos, Gala Salvador Dalí. Aunque se podría ir todavía un poco más lejos: si pensamos que Dalí no es sólo los cuadros que pinta sino la imagen que construye, ¿hasta qué punto no se puede decir que Gala forma parte de esa maniobra del “artista como obra de arte”? Éstas son algunas de las preguntas que plantea esta exposición. Nunca antes se había propuesto en el ámbito internacional una muestra dedicada a Gala, en parte por los preconceptos respecto a su persona y en parte por la extrema fragilidad de muchas de las piezas esenciales para reconstruir su retrato. Las obras proceden principalmente de la Fundación Gala-Salvador Dalí, que ha prestado más de cuarenta obras además de contribuir con el amplio estudio Gala: la cronología, de Bea Crespo y Clara Silvestre, pero también de colecciones privadas y museos internacionales como el Museo Dalí de San Petersburgo (Florida); el Haggerty Museum of Art (Milwakee); el Centro de Arte Georges Pompidou (París); la Bayerische Staatsgemäldesammlungen, Pinakothek der Moderne (Munich); el Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto (Rovereto); el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), entre otros. Esta muestra se ha podido organizar gracias al patrocinio de Abertis y cuenta con la colaboración de la Fundación Damm y el apoyo de HP, TMB, Tram y Renfe SNCF. TEXTOS DE SALA Una habitación propia en Púbol Alguien escribió que desvelar a Gala sería desentrañar el tablero surrealista que sin ella sigue incompleto. Nada más cierto. Gala no es solo clave en el desarrollo literario de su primer marido, Paul Éluard, quien cuando la conoce en Suiza, siendo muy jóvenes ambos, no sabe siquiera que quiere ser escritor. No es únicamente la que tras su viaje a Cadaqués en 1929, casada con Éluard, vislumbra las potencialidades de Dalí y abandona su vida parisina de éxitos con el poeta mimado del surrealismo por un joven catalán que no es nadie y con el que va a compartir vida y proyecto creativo. Amante del pintor alemán Max Ernst; amiga de Crevel, Char o Joë Bousquet; fotografiada por Man Ray, Brassaï, Beaton, Schaal, Horst o Lacroix, odiada o amada, Gala es mucho más que la bella mujer ambiciosa, capaz de apartar del control de Breton a grandes artistas y escritores. Es más que su halo misterioso de rusa, con su biblioteca, sus rosas, recuerdo de Rusia, y un mundo exquisito que comparte con Dalí. Gala es una extraordinaria escritora que colabora, además, en proyectos tan ambiciosos como Sueño de Venus y autora de varios objetos surrealistas expuestos y reseñados en la época. Gala es, así, más que musa y modelo. Es una artista y la coautora del proyecto creativo de Dalí. Lo reconoce el mismo artista en sus escritos y en la firma doble a lo largo del tiempo: Gala Salvador Dalí. Ha llegado, pues, la hora de otorgar a Gala el papel que le corresponde en ese tablero surrealista. Púbol: al fin, la casa de Gala En 1971, a través de un amplio reportaje fotográfico de Marc Lacroix en la revista Vogue, se mostraba al mundo el Castillo de Púbol, el que desde el mismo momento en que se hizo público el proyecto se conocería como la casa de Gala, su espacio privado. El propio Dalí lo presentaba como un regalo de “amor cortés” a su esposa. Para aceptarlo Gala pondría una sola condición, recordaba el artista: Dalí solo podría entrar por invitación expresa de ella. En Púbol, Gala pasaría largas temporadas, reconstruiría sus recuerdos rusos y vaciaría los espaciosfrente a la acumulación de Portlligat. En la cripta del castillo sería enterrada y, sobre todo, encontraría la calma, el silencio y hasta la privacidad a los cuales sus manuscritos apelan y que contrasta con la exuberancia del marido. Pero Púbol es mucho más que “la casa de Gala”, es más que esa habitación propia de Virginia Woolf donde Gala, la creadora, puede al fin encontrar su espacio. Púbol es más bien una especie de extraordinario objeto surrealista que representa la culminación del proyecto artístico a dos, Gala Salvador Dalí, incluso las más sofisticadas de sus creaciones. Imaginando la habitación propia Es tal vez en sus habitaciones privadas de Portlligat donde Gala ensaya la habitación propia como el objeto surrealista que luego Gala Salvador Dalí desarrollarán y perfeccionarán en Púbol. De hecho, y a pesar de que los dibujos para las reformas del castillo salen del lápiz de Dalí, a pesar incluso de algunos detalles extraordinariamente dalinianos del castillo, Púbol no es solo obra de Dalí: Gala tiene una parte muy activa en el proceso, como muestran las cartas y tantos rincones desnudos o austeros de la casa. Recordando: vestigios de Rusia En el silencio de Púbol, Gala revive sus orígenes rusos a través de objetos, fotografías familiares y una biblioteca en cirílico. Elena Diakonova —luego, Gala— nace en Kazán en el año 1894, en una familia que le inculca la pasión por la lectura y que se traslada a Moscú, donde una adolescente Gala tiene la oportunidad de conocer a la entonces también joven poeta Marina Tsvietáieva —lo recuerda años más tarde Anastasia, la hermana menor de Marina—. Esos vestigios rusos la acompañarán hasta el final de su vida. El espejo de la dandi: la colección y la imagen Junto a su pasado ruso —sus recuerdos y su biblioteca— Gala conservaba en Púbol otras colecciones que formaban la otra parte de su historia, incluso cierta pasión por los objetos que habitan el proyecto creativo Gala Salvador Dalí. Discos de Wagner, esculturas, peluches, libros dedicados por los principales escritores del surrealismo, junto con la ropa de grandes diseñadores —incluidos los tejidos diseñados por Dalí— conformaban el mundo de esta dandi que ensayaba su imagen en un juego performático. Rebobinando la historia: al encuentro de Gala Éluard En 1912 Gala llega al sanatorio de Clavadel —aquejada de una afección pulmonar, igual que tantos escritores y artistas de la época—. Allí conoce a Paul Eugène Grindel y se inicia una relación amorosa entre ellos, arropada por la pasión compartida hacia la poesía. De hecho, el joven no tarda en decidir su destino en buena medida animado por Gala: será poeta y firmará como Paul Éluard. Se separan, pero por poco tiempo. De vuelta en Rusia, Gala convence a su familia para poder cruzar el continente en guerra y llega hasta la casa del enamorado en París, con quien contrae matrimonio en 1917. Poco después nace su hija Cécile y juntos emprenden una carrera de éxitos, siendo Éluard uno de los poetas más queridos por los surrealistas. ¿Por qué entonces, al hilo del relato, no se vuelve a escribir la historia que circula y que habla de Gala como una simple musa? ¿No fue acaso Gala una influencia poderosa en el destino del gran poeta? ¿No fue la que le ayudó a descubrir su vocación más que la inspiradora de tantos bellos versos? Quizás la vida de Gala había empezado mucho antes de conocer a Éluard. Lectora infatigable desde la adolescencia, debió ser para el poeta más acicate creador que inspiración. Gala y el poeta Si los versos que Éluard escribe a su esposa son extraordinarios, las cartas al joven marido descubren el espíritu refinado en la creación literaria de Gala. Esa prosa afianza la idea de una Gala cómplice intelectual y, sobre todo, lectora. La autoría se emborrona incluso un poco cuando en el prólogo de Dialogue des inutiles, de 1914, Gala presenta al poeta bajo el pseudónimo Reine de Paleùglnn: “No deben asombrarse de que una mujer —mejor dicho una desconocida— presente este pequeño volumen al lector”. Los amigos del poeta En París, junto con el poeta Éluard, Gala tiene ocasión de conocer a todos los grandes creadores próximos al surrealismo, que la miran a veces con recelo —es el caso de Breton, quien descubre en Gala a una rival—; otros, como una mujer práctica —Giorgio de Chirico, que le pide que sea su marchante; a veces, desde la amistad tierna compartida con Crevel o con la pasión del pintor Max Ernst. Sea como fuere, la bella e inteligente rusa no deja a su paso indiferencia, aunque se camufle tras sus silencios. Gala Dalí: la autoría compartida Desde su encuentro en 1929, Gala y Salvador Dalí no se vuelven a separar jamás. Compartirán una vida entera y, más aún, un proyecto creativo que el mismo Dalí rubrica en una firma donde se resume esa autoría compartida que, pese a todo, la historia nunca se ha querido plantear en su justa medida. De hecho, si la producción artística del propio Dalí tiene mucho de performativo, siendo el personaje y la obra pictórica y literaria dos caras de la misma moneda, ¿por qué no aceptar cierta coautoría de Gala en dicho proyecto creativo daliniano, la misma que reconoce el propio Dalí en la citada firma y en algunos de sus textos? Si se puede considerar el proyecto Gala Salvador Dalí como un proyecto en esencia conceptualizan- te, la presencia de Gala en dicho proyecto trasciende el papel de musa, igual que lo había trascendido en su relación con el primer marido, Paul Éluard. La colaboración entre Gala y Dalí se manifiesta, así, en un espacio mucho más sutil que el acto del pincel. En su juego de espejos, se complementan y se completan. Se reflejan. Gala y Dalí Cuando Gala y Dalí se conocen surge entre ellos una poderosa atracción que dura hasta la muerte de la mujer. «Ella ya estaba allí. ¿Quién? No me interrumpan. Dije que ella estaba allí, y esto debería bastar. Gala, la mujer de Éluard. ¡Era ella! ¡Galuchka Rediviva!», se lee en La vida secreta de Salvador Dalí. Dalí se aparta de la familia, de los amigos, de su lengua materna... y juntos desarrollan unas extraordinarias complementariedades: Gala aporta el sentido práctico tras el cual enmascara obstinada sus dotes creadoras. Gala Salvador Dalí Pese a la obstinación de Gala por esconder sus dotes creadoras tras el éxito y el brillo de Dalí, no cabe duda de su participación directa en el gran proyecto creativo Gala Salvador Dalí, que culmina en Púbol como último gran objeto surrealista a dos. Como se recuerda en un manuscrito relacionado con La vida secreta de Salvador Dalí a propósito de Gala: «Desde entonces, colaboró estrechamente en la evolución ideológica de Dalí, y es ella quien archivó y corrigió todos esos textos tan extensos que constituirán varios volúmenes». La mirada de la dandi: autorretratos y autobiografías Como los dandis, Gala crea a través de la mirada una obra de arte que es más proceso que producto. Además, es autora de objetos surrealistas, textos o esbozos y sobre todo es, como se ha venido mostrando, coautora de parte del proyecto creativo Gala Salvador Dalí. Se podría entonces aventurar cómo es ella la que elige la imagen a través de la cual quiere presentarse y, sobre todo, representarse. Es posible diseñar el propio autorretrato sin ser autora de una obra pictórica tangible.

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el 06 jul de 2018 por ARTEINFORMADO

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