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Afrocan negro, 1990 grabado, PA 1/3 200 x 200 cm © Marti?n Chirino, VEGAP, Madrid 2020 — Cortesía de la Galería Marlborough
Evento finalizado
09
ene 2020
08
feb 2020

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Publicada el 20 dic de 2019      Vista 389 veces

Descripción de la Exposición

El grabado alcanza un momento culmen en el siglo XX, con el acercamiento a su práctica que ponen en marcha las vanguardias como el Cubismo o el Surrealismo. Aquello que más cautiva a los artistas en ese momento es su carácter innovador y experimental, que les lleva a indagar en su espíritu de libertad, aportando brillantes avances en su repertorio técnico y plástico. El punto de partida entre las diferentes propuestas mostradas en esta exposición dedicada a la obra gráfica es, ni más ni menos, la libertad. Ese deleite por la improvisación pausada y el empleo de unas técnicas de estampación que en lugar de esclavizar tan solo marcan unas pautas -fundamentalmente con respecto al papel y tirada-, y en cambio, aportan un instrumento fabuloso para la expresión de nuestros artistas. La exposición Grabado español contemporáneo cuenta con obra de todos los artistas de la Galería con tradición en la obra gráfica: Martín Chirino (1925 – 2019), Lucio Muñoz (1929 – 1998), Juan Genovés (1930), Luis Gordillo (1934), Antonio López (1936), Juan Navarro Baldeweg (1939), Alberto Corazón (1942), Soledad Sevilla (1944), Alfonso Albacete (1950), Manuel Franquelo (1953), Riera i Aragó (1954), Pelayo Ortega (1956), Abraham Lacalle (1962), Blanca Muñoz (1963), Pablo Armesto (1970), David Rodríguez Caballero (1970) y Hugo Fontela (1986). Y con otros arrancando desde Pablo Picasso (1881 – 1973), Joan Miró (1893 – 1983), José Guerrero (1914 – 1991), Antoni Tàpies (1923 – 2012), Eduardo Chillida (1924 – 2002), Antonio Saura (1930 – 1998), Eduardo Arroyo (1937 – 2018), Manolo Valdés (1942); llegando a Juan Muñoz (1953 – 2001), Cristina Iglesias (1956), Juan Uslé (1954), Jaume Plensa (1955), Miquel Barceló (1957). Hasta nuevas generaciones como Ángela de la Cruz (1965), Miki Leal (1974) y Nico Munuera (1974), Jerónimo Elespe (1975) y Santiago Giralda (1980). El eje de la exposición se concentra en dos grandes piezas, el linograbado Femme aux cheveux flous -Jacqueline au bandeau II (1962) de Picasso y el grabado en gran formato Pantagruel (1978) de Joan Miró. El retrato de su mujer Jacqueline Roque en el linograbado Femme aux cheveux flous -Jacqueline au bandeau II (1962) demuestra la pasión que Picasso desplegaba por el grabado, al que consideraba un arte en sí mismo. Habiendo comenzado a trabajar en la obra gráfica desde el año 1899 y experimentado con el linograbado en blanco y negro en 1939, es ya con 78 años cuando se sumerge en esta técnica de impresión en relieve y color. La aportación del maestro a la técnica del linograbado, pese a su incursión tardía, es insuperable, acude a este medio en base a sus necesidades de expresión y experimentación. Miró llega al grabado cuando es ya un pintor reconocido, este trabajo influye en su obra pictórica y escultórica, y también a la inversa. En los años 30 con su colaboración con el editor Christian Zervos y con el grabador e impresor Roger Lacourière, arranca con su producción en la obra gráfica en las que ya se identifican sus rasgos más característicos, que seguirá siendo su seña de identidad con los años como en su Pantagruel (1978), esto es la monumentalidad de la figura antropomorfa, que consigue hacerla próxima y amable al espectador, el trazo negro y los campos de color saturados. En un dialogo entre miradas se despliegan las obras expuestas como el grabado de la Serie New York de José Guerrero, recordemos como el pintor llegó a la práctica del grabado en 1950 y gracias a la experimentación con la técnica aprendida con Stanley William Hayter, dio el paso definitivo a la abstracción. Con T i xifres, Tàpies vuelve a superar las técnicas calcográficas tradicionales y obtener su fabulosa expresividad. Mientras que en Enda V, Chillida desarrolla su investigación metafísica en torno al espacio, objeto, tiempo y vacío. Goya, el gran maestro del grabado español, aparece retratado en la litografía en color del año 1964 de Antonio Saura, para el que “la cabeza del perro asomándose, como retrato de nuestra soledad, no es otra cosa que el propio Goya contemplando lo que está sucediendo”. Con el gato Ave Fénix, Eduardo Arroyo nos introduce en su imaginario pop con la ciudad de Madrid de fondo; Manolo Valdés irrumpe con su colosal aguafuerte con collage titulado Perfil II, en un homenaje sincero a los grandes maestros del Renacimiento y a Paul Klee. Una solitaria estancia nos da la bienvenida al universo de Juan Muñoz, mientras que la manera negra S/T (Lanzarote) nos acompaña al de Cristina Iglesias. En la litografía y heliograbado Blow up V, Juan Uslé rebasa la abstracción lírica, bajo las atentas e hipnóticas miradas de los personajes anónimos retratados por Jaume Plensa. En el caso de Miquel Barceló, la obra presentada forma parte de la serie Lanzarote, editada e impresa por Línea y en la que se aprecia el dominio de la técnica, siendo una aguatinta obtiene unos resultados que recuerdan a sus acuarelas africanas. De Ángela de la Cruz traemos un trabajo inédito realizado por la artista con el maestro estampador Dan Benveniste, se trata de un sándwich de 4 grabados en lo que la artista se ceba rompiendo los moldes y las reglas establecidas, con su pasional y visceral impronta investigadora y de creación destructora. Del mismo grabador, es el monotipo de Miki Leal, que nos transporta a una California surfera y post pop, siempre con el poso autobiográfico del pintor; y las piezas de Jerónimo Elespe que albergan el tiempo y la memoria, su búsqueda de las propiedades únicas y específicas de las técnicas más tradicionales del grabado, le ha llevado a experimentar sobre los límites físicos de la propia técnica, en el descubrimiento de los paralelismos y divergencias que ofrece el grabado respecto a su hacer en la obra pictórica. Green Xuwan, el tríptico de Nico Munuera, es un paisaje poético de calma e introspección, donde domina el color verde, que tanto obsesiona al artista; de Santiago Giralda su serigrafía Copper Tree, es la obra con la que ha sido galardonado con el Premio del Museo del Grabado Contemporáneo de la Feria Estampa este año. De los artistas de la casa, la pieza que preside la pared principal de la Galería es el colosal grabado Afrocán del escultor Martín Chirino, se trata en definitiva de una pieza única en la que el trabajo del autor no se detuvo en el propio grabado sino que su trabajo en la forja le llevó a crear también la moldura en hierro, una obra especialmente excepcional, al ser el ejemplar que acompañó a Martín en su casa en estos últimos treinta años. Lucio Muñoz crea su aguafuerte y aguatinta GF Nº13 en el año 1983, el pintor se dedicó desde 1982 a 1984 de manera exclusiva al grabado, sus palabras expresan la importancia de este medio en su producción artística: “personalmente tengo comprobado que grabar me limpia y me enriquece. En los últimos años, mi evolución en pintura le debe mucho al grabado. No puedo alternar ambas cosas. O pinto o grabo. Y siempre que paso una larga temporada grabando se experimenta un cambio cuando vuelvo a pintar. En definitiva, me estoy enfrentando al mismo problema con distintos medios, y eso tiene que enriquecer. Todas las artes constituyen formas de expresar las cosas. Lo ideal sería que lo probáramos todo, como en el Renacimiento”. El trabajo de Juan Genovés con la obra gráfica viene de largo, tras la incorporación de Juan Genovés en Marlborough en el año 1966, trabaja en Londres en unas carpetas de grabados titulados Silencio, Silencio (1970) y El lugar y el tiempo (1971); en estas piezas los atropellos de la dictadura de Franco sobre la población dominan las escenas cargadas de un fuerte dramatismo; desde estas obras a esta nueva presente en la exposición, han pasado casi ya cinco décadas. La multitud se mantiene, sin el desgarro anterior y Genovés traslada su pintura a la estampación, poblando las imágenes de sus individuos en acrílico, y de esta manera personalizando la obra gráfica y logrando una sorprendente diferenciación de ejemplares dentro de una misma edición. La multiplicidad de mensajes, de metapintura e intrahistorias domina Horizontes redondos de Luis Gordillo, otro grande dentro de la escena del grabado en España. Los bodegones de flores titulados Rosas de Ávila y Rosas de invierno II de Antonio López, nos adentran en la intimidad de su trabajo en estudio, en el sosiego y la calma con el trasfondo de la observación pausada del paso del tiempo. El grabado espacial titulado Crisantemo IV de Blanca Muñoz, Premio Nacional del Grabado en 1999, incorpora la escultura a la gráfica, para la artista “lo que me atrae del grabado es que puedo jugar con la masa y el volumen. En la escultura, construyo el bucle físicamente; aquí lo utilizo como un soporte plano. Y cuando entrelazo las varillas sobre éste, alcanzo la tercera dimensión. Es un juego para mí perfecto: mancha de color y tridimensionalidad”. Un paisaje nocturno pleno de color y trazos vitalistas nos conduce a la litografía Noche X de Juan Navarro Baldeweg, mientras en que la aguatinta y carborundum Grieta I, Soledad Sevilla lleva al terreno de la gráfica su trabajo de instalaciones. El tiempo y la secuencia de las estaciones en el trabajo Chronos de Alfonso Albacete, nos trae la serigrafía y el grabado sobre otro soporte que no es el habitual, la madera, y en el que trabajó con el estampador Juan Lara (Ogami Press); el mismo con el que colaboró Alberto Corazón en su bodegón Brunch en el que despliega su vitalista paleta y trazos. El grabado de la serie The Language of Things de Manuel Franquelo, transporta al espectador a una dimensión dentro de la realidad con el trasfondo del paso del tiempo y el deleite en la textura del tiempo. En el aguafuerte de Riera i Aragó, al igual que en sus pinturas y esculturas, el hilo común es la ingravidez, una constante de la que se desprende inherente un halo místico. Que le parta un rayo de Pelayo Ortega asoma con su personal y rotunda carga de ritmo y color, junto con el recuerdo del comic y el pop. La aguatinta Aire acondicionado de Abraham Lacalle hace emerger un auténtico surtidor de sensaciones dispuestas en un caos necesario de color, las formas se amontonan y todo tiene cierta energía sexual. David Rodríguez Caballero traslada sus dibujos escultóricos en metal al aguafuerte y aguatinta en esta edición estampada por Polígrafa, la luz campa a sus anchas y mágicamente entre los trazos y colores, el papel parece cobrara volumen y alcanzara una tercera dimensión. La investigación en torno a la luz y el paisaje de sus esculturas e instalaciones, continúa en Rumbo al norte I de Pablo Armesto. Mientras que en Big Pier III de Hugo Fontela partiendo del sugerente simbolismo de la ruina, establece una reflexión sobre lo efímero y lo inconsciente en esta serigrafía de 15 tintas personalizadas manualmente y estampada por Erik Kirksaether. Arrancaba hablando de la libertad y la capacidad experimental que las técnicas de estampación gráfica han aportado a los artistas de nuestro tiempo y finalizo comprobando, hablando con unos y otros, artistas y estampadores, que esa complicidad que se establece entre ellos, es la que logra que los artistas abandonen su trabajo en solitario en el estudio y accedan confiados, con un maestro que les guía y acompaña en todo el proceso, a canalizar sus necesidades expresivas y artísticas en los talleres de grabado. Hablo de libertad y me refiero irremediablemente al juego, tiene la obra gráfica algo de lúdico, me atrevo incluso a pensar en una vuelta a la infancia, cuando la creatividad y la frescura brotaba a borbotones y sentías la seguridad de la atenta, siempre vigilante, presencia de la familia. Aquí, ella son ellos, los estampadores. Belén Herrera Ottino Madrid, diciembre de 2019

Actualizado

el 20 dic de 2019

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