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Evento finalizado
25
sep 2019
08
feb 2020

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Publicada el 22 dic de 2019      Vista 49 veces

Descripción de la Exposición

Artistas: Benvenuto Chavajay Ixtetelá (Guatemala), Fernando Cortés (Honduras), Beatriz Cortez (El Salvador/EEUU) , Carlos Fernández (Costa Rica), Milena García (Nicaragua), Sandra Monterroso (Guatemala), Christian Pérez-Vega (Panamá), Raúl Quintanilla (Nicaragua), Caroline Lacey (EEUU) y NadiA (El Salvador), Naufus Ramírez-Figueroa (Guatemala), Paul Ramírez-Jonas (EEUU/Honduras), Abigail Reyes (El Salvador), Gabriel Rodríguez (Guatemala), Sergio Rojas Cháves (Costa Rica), Libertad Rojo (Panamá), Christian Salablanca (Costa Rica), Elyla Sinvergüenza (Nicaragua), Lía Vallejo (Honduras), Stephanie Williams (Costa Rica). “Ahora bien, es necesario saber que para llenar el depósito de un coche de calibre medio que funcione con bioetanol, es necesario quemar trescientos cincuenta y ocho kilos de maíz, y que con trescientos cincuenta y ocho kilos de maíz, un niño de México o de Zambia (donde el maíz es el alimento básico), vive un año entero.” Jean Ziegler La presencia de la comida ha sido significativa en la historia del arte. Desde las piezas precolombinas, pasando por las escenas de banquetes renacentistas hasta el arte contemporáneo, muchas de las obras de arte producidas a partir de referentes culinarios nos llevan a apreciar los alimentos unas veces como estímulos primarios de los sentidos, otras como estímulos de la memoria cultural y ancestral. ¿Cuáles reacciones detona la comida en el imaginario de los significados? ¿Qué ocurre cuando se pasa de las sensaciones a las interpretaciones? “La comida entra por los ojos” reza el dicho popular, algo que los artistas de esta muestra han sabido explotar para reconfigurar de múltiples maneras nuestra relación básica con los alimentos. Ya sea a partir de sus cualidades sensitivas: simple, salado, ácido, dulce, amargo, suave, crocante, jugoso, cremoso, picante, caliente, frío, tibio, etc. O bien revelando componentes menos visibles, desentrañando otras capas que pueden ir desde lo científico hasta sus dimensiones económicas, históricas o socio-culturales. Es tan imposible clasificar la gran variedad de sabores existentes en el planeta, como lo es abarcar todas las posibilidades del uso de la comida en las artes visuales. Por esto, la comida en sus múltiples facetas es una forma de trabajo tan valorada entre la comunidad del arte. Los artistas han recurrido a ella por la familiaridad que despierta en todos –una primera capa de sentido afectiva–, por sus cualidades intrínsecas, así como por sus múltiples significados culturales. Los alimentos aparecen en el arte en su dimensión nutritiva, ceremonial, ritualista, familiar, política, comercial y hasta ética. Así, en respuesta a la diversas geografías la comida es abordada de múltiples maneras: como materia prima de exportación, como ritual de comunión, como cebo; como deseo, placer orgiástico y afrodisíaco, necesidad básica o elemento de desequilibrio; como identidad cultural o lugar de nostalgia; como reflejo de la división sexual del trabajo y del entendimiento de los roles de género o como interés de las economías transnacionales y hasta de las luchas por la soberanía. Desde una perspectiva ética la comida permite también pensar nuestra alimentación en relación con el equilibrio y las formas de vida de otras especies (sobre todo animales), advirtiendo también las formas de explotación y maltrato animal asociado a la industria cárnica y sus formas de producción en diversos países. Aunque el consumo de la comida puede tomar la forma de culto y refinamiento –muy en boga en estos tiempos de sofisticación gastronómica– esto contrasta muchas veces con la privación de alimentos para millones de personas alrededor del mundo. Esta distinción entre comensales que aspiran a una experiencia “estética” dentro del amplio espectro del consumo gastronómico, frente a aquellos que buscan satisfacer solamente una necesidad básica para la reproducción de la fuerza de trabajo, señala cómo muchas veces la comida se convierte en símbolo de status, placer sublimado y privilegio de unos pocos. Sin embargo, el goce de los sentidos –por vulgar o grosero que parezca– atraviesa las múltiples clases sociales, así una gran cantidad de platos que hoy gozan de gran reputación en la alta cocina fueron en su momento despreciados por ser resultado de la necesidad creativa en los estratos bajos. Más allá de eso, todos disfrutamos de la comida. Entonces, que sea esa la principal excusa para abrir los sentidos y que esta convergencia de miradas y saberes se convierta en un abanico de sensaciones, lecturas y posibilidades discursivas. Adán Vallecillo – Curador

Actualizado

el 23 dic de 2019

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