IV Bienal de Montevideo
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Publicada el 10 nov de 2019      Vista 9 veces

Descripción de la Exposición

Espacios donde se celebra: CENTRO DE EXPOSICIONES SUBTE SALA DE EXPOSICIONES SODRE MUSEO HISTÓRICO CABILDO CASA DE LA CULTURA AFROURUGUAYA Artistas participantes: AGBODJELOU, LEONCE RAPHAEL 1965, Porto Novo, Benín. AKPOKIERE, KARO 1981, Lagos, Nigeria. ARAÚJO, VASCO 1975, Lisboa, Portugal. ARNAUD, FEDERICO 1970, Salto, Uruguay. AZEVEDO, ANNA Rio de Janeiro, Brasil. BUCHHOLZ CHOCOLATE, IRIS 1974, Alemania/Angola. BUSTOS, ADRIANA Bahía Blanca, Argentina. CABRERA CAPUCHO, NANDY 1978, Växjö, Suecia. DIOP, VICTOR 1980, Dakar, Senegal. EVANS, MARY 1963, Lagos, Nigeria. GALLOSO, JACINTO Montevideo, Uruguay. HANNAH, ADAD 1971, New York, USA. LARSON, CHRIS 1966, Minnesota, EEUU. LIMOUD, YOUSSEF 1964, Giza, Egipto. LOPEZ LAGE, FERNANDO 1964, Montevideo, Uruguay. MARTINS, ARJAN 1960, Río de Janeiro, Brasil. MILLAN, MÓNICA 1960, San Ignacio, Argentina. MODISAKENG, MOHAU 1986, Soweto, Sudáfrica. MONTIEL SOTO, MARCO 1976, Maracaibo, Venezuela. MOSQUITO, NASTIO 1981, Luanda, Angola. MUHOLI, ZANELE 1972, Umlazi, Durban, Sudáfrica. NIANG, MAME DIARRA 1982, Lyon, Francia. OJEIKERE, OKHAI 1930, Lagos, Nigeria. OSODI, GEORGE 1974, Lagos, Nigeria. PORTO CASAS, MARÍA ESTHER 1960, Montevideo, Uruguay. SASSEN, VIVIANE 1972, Ámsterdam, Holanda. SEVERO, ANDRÉ 1974, Porto Alegre, Brasil. SOTH, ALEC 1969, Minneapolis, USA. THIEL, FRANK 1966, Kleinmachnow, Alemania. TSHABANGU, ANDREW 1966, Johannesburgo, Sudáfrica. La IV Bienal de Montevideo echa una mirada al arte de la masa oceánica que hace 500 años concatenó para siempre América, África y Europa. Todos los mares son colosales depositarios de historia y cultura, pero ninguno supera al Atlántico en cuanto a acumulación de dramas y sucesos revolucionarios que cambiarían para siempre el curso del mundo. Desde las primeras travesías en 1492, el Atlántico fue escenario de permanentes cruces de fronteras, incluyendo aquella entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Su costa occidental permaneció mucho tiempo desconocida, e incluso su descubrimiento fue desde el inicio un malentendido, considerando que los primeros marinos europeos pensaron que habían llegado a las Indias. De hecho, el nombre de las islas anglófonas en el Caribe es hasta hoy Indias Occidentales, British West Indies. El Océano Atlántico también fue testigo de los movimientos migratorios más formidables en la historia de la humanidad, fueran éstos de naturaleza voluntaria o involuntaria. Más de 60 millones de europeos, a los que Goethe les gritó: “América, a tí te va mejor”, huyeron de la pobreza para buscar un futuro más promisorio en nuevas latitudes de Occidente, en tanto que al menos 12 millones de africanos fueron transbordados como esclavos a las Américas. Toda la costa de África Occidental y Central está sembrada de testimonios arquitectónicos del tráfico esclavista, se trate de la Isla de Gorea en Senegal, el Castillo de Elmina y la colonia brandemburguesa Groß Friedrichsburg en Ghana, la ciudad de Ouidah en Benín, las ruinas de Bimbia en Camerún, la fortaleza de São Miguel en Luanda o el llamado Punto sin Retorno en Badagry, Nigeria. Al otro lado del Atlántico, en Río de Janeiro, durante excavaciones realizadas como parte de las obras para los Juegos Olímpicos, se encontraron los cimientos de lo que otrora fuera el mercado de esclavos Cais do Valongo, donde entre los siglos XVI y XIX se vendieron más de un millón de esclavos. Todavía hoy encontramos en Brasil alrededor de 600 así llamados quilombos, asentamientos de esclavos que escapaban de su destino, de los cuales 100 se ubican en Rio Grande do Sul y cinco en el corazón mismo de Porto Alegre. Uruguay y su vecino del Río de la Plata son considerados países “blancos” debido a la masiva inmigración europea vivida en el siglo XIX, proveniente principalmente de España e Italia. Sin embargo, esta definición no contempla que Montevideo fue uno de los puertos más importantes de ingreso de esclavos de toda la costa atlántica, y que al menos el 10% de la población de Uruguay está constituido por afrodescendientes que inscribieron una impronta indeleble en la cultura del país. Esto no solo se aplica al Candombe, tan magníficamente retratado por Pedro Figari, sino a muchos otros ámbitos de la cultura popular, y cada vez más también del arte contemporáneo. Montevideo es una típica ciudad atlántica. En su historia se reflejan cuasi paradigmáticamente todas las particularidades de este océano. El Candombe, el antiguo mercado de esclavos de Rio de Janeiro, los quilombos, así como los fuertes de la costa de África occidental forman el eje conocido también como “Atlántico Negro”: una compleja trama de componentes políticos, económicos y culturales centenarios en ambos lados del océano que se extiende desde el Rio de la Plata hasta Nueva York y de Dakar hasta Ciudad El Cabo. En términos estrictos, este espacio debería hacerse extensivo a Europa. El Viejo Continente inventó el comercio de esclavos y fue beneficiario del triángulo transatlántico. Después de 1492, el Atlántico se convirtió en un auténtico centro de trasbordo que concatena económicamente África, América, el Caribe y Europa. Como nexo entre regiones que en su momento gozaron de relativa autonomía, esta configuración se convirtió en un motor transformador de la historia universal sin parangón. En el centro de la nueva dinámica se ubicó la llegada de los esclavos africanos. La trata esclavista tuvo como principal destino el sistema de plantaciones colonial en Brasil, el Caribe y Estados Unidos, y constituyó un importante eslabón en el surgimiento del capitalismo moderno. Con la excepción de Alaska y la costa estadounidense del Pacífico, prácticamente todos los puertos de América fueron puntos de transbordo de esclavos, incluidas ciudades como Montevideo, Buenos Aires o Valparaíso que difícilmente se relacionen con ese comercio. El hecho de que el número de afrodescendientes argentinos y uruguayos sea hoy relativamente pequeño se debe ante todo a la guerra del Paraguay (1865), en la que batallones enteros de afrodescendientes se convirtieron literalmente en “carne de cañón”. Desde una óptica cultural, el Atlántico Negro con su diáspora fue increíblemente productivo como fuente de inspiración de un formidable proceso de acriollamiento que condujo a un intenso intercambio de religiones, idiomas, tecnologías y artes. Conceptos totalmente diferentes de naturaleza, tiempo y espacio se modificaron y reconstituyeron en un sistema extremadamente dinámico. La diversidad cultural de los esclavos africanos pertenecientes a cientos de grupos étnicos y lenguas nada tenía que envidiar en diversidad a la población indígena. A pesar de ciertos puntos de referencia histórica, la Bienal tiene como eje central una configuración moderna de la dinámica cultural e interdependencia entre los vecinos atlánticos. Los actores de este viaje transatlántico son 30 artistas de los tres continentes que abordan la relación de tensión cultural inherente al triángulo. La muestra busca explorar qué fuerzas innovadoras pueden movilizarse hoy en la conjunción entre América, África y Europa. Un tema central de esta nueva edición es el arte africano, afrouruguayo y afrobrasileño que en Uruguay se presenta por primera vez con este grado de concentración y calidad. La 4. Bienal de Montevideo se realiza con el apoyo de la Fundação Bienal do Mercosul. Alfons Hug

Actualizado

el 10 nov de 2019

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