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Juan Uslé. Línea Dolca 2008-2018. Irrefrenable
Evento finalizado
21
sep 2018
16
nov 2018

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Cuándo: 21 sep de 2018 - 16 nov de 2018
Inauguración: 21 sep de 2018 / 20:00
Precio: Entrada gratuita
Dónde: espaivisor / Carrasquer, 2 / Valencia, España
Organizada por: espaivisor
Artistas participantes: Juan Uslé
Publicada el 14 sep de 2018      Vista 122 veces

Descripción de la Exposición

Para la nueva apertura de temporada 2018-19, espaivisor ha organizado la primera exposición individual en la galería del artista cántabro Juan Uslé (Santander, 1954), afincado entre Nueva York y Saro. De este modo, Uslé vuelve a Valencia tras realizar sus estudios de Bellas Artes y posteriormente recibir la Medalla de San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia en 2017, y haber participado en varias ocasiones en exposiciones realizadas tanto en el IVAM como en Bombas Gens. Por primera vez y alejándose de los formatos grandes utilizados hasta el momento, el artista ha elegido formatos muy pequeños para esta ocasión, que empujan al espectador a una mirada más íntima y cercana (28 x 21 cm. c/u). Se trata de una exposición de 182 fotografías realizadas durante la última década, en diferentes partes del mundo, que forman una línea a lo largo de todo el espacio de la galería. Línea que hace que estas pequeñas imágenes se puedan leer de forma individual, o también como una totalidad, a modo de instalación. Son imágenes de paisajes naturales y urbanos, naturalezas muertas, retratos, autorretratos, personajes familiares y anónimos, rincones de su casa, su estudio o meras superficies anónimas. Toda una línea continua de imágenes que combinan tramas, luces, sombras, abstracciones, reflejos y composiciones tanto orgánicas como geometrías, que van desde las horizontales o verticales hasta las diagonales. Fotografías a color, donde los motivos, texturas y tonalidades nos remiten al universo pictórico del artista. La muestra también contará con 6 pinturas de pequeño formato. Esta exposición nace de una selección de imágenes de las miles que componen su archivo personal, realizadas a lo largo de toda su vida. Un compendio, escogido entre las múltiples selecciones que se podrían realizar, que muestra todo aquello que le rodea o le llama la atención, sin escenografía o manipulación, y que de alguna forma nos remiten a sus cuadros. Nos encontramos ante un artista que, a pesar de su obsesión por la pintura, siempre lleva su cámara a cuestas. Con sus fotografías no intenta explicarnos su pintura, pero sí invita a compartir su mirada, sentimientos y obsesiones. En definitiva, una mirada trasversal e íntima que abarca motivos, composiciones y colores, todos ellos sugerentes y seductores para cualquier espectador, estrechando así la distancia entre realidad y ficción. Toda una oportunidad de descubrir el ojo fotográfico de uno de los artistas españoles más importantes y reconocidos de su generación. Un ojo libre, donde su única referencia es su propio trabajo, su propio gusto. espaivisor For the opening of this new season 2018-19, espaivisor has organized the first solo exhibition in the gallery of the Cantabrian artist Juan Uslé (Santander, 1954), based between New York and Saro. Uslé returns to Valencia after completing his studies in Fine Arts and later receiving the San Carlos Medal from the Polytechnic University of Valencia in 2017 and having participated on several occasions in exhibitions held in both the IVAM and Bombas Gens. For the first time and away from the large formats used so far, the artist has chosen very small formats for this occasion, which push the viewer to a closer and closer look (28 x 21 cm each). It is an exhibition of 182 photographs taken during the last decade, in different parts of the world, that form a line along the entire space of the gallery. Line, that makes these small images be read individually, as a whole, as an installation. They are images of natural and urban landscapes, still-life, portraits, self-portraits, familiar and anonymous characters, corners of the artist´s home, his studio or mere anonymous surfaces. A continuous line of images that combine patterns, lights, shadows, abstractions, reflections and compositions, both organic and geometrical, ranging from horizontal or vertical to diagonal. Colour photographs, where motifs, textures and tones refer us to the artist's pictorial universe. The exhibition will also feature 6 paintings of small format. This exhibition comes from a selection of images of the thousands that make up his personal archive, made throughout his life. A compendium, chosen among the multiple selections that could be made, that shows everything that surrounds or catches your attention, without scenography or manipulation, and that in some way refer us to his paintings. We are before an artist who, despite his obsession with painting, always carries his camera on his back. With his photographs he does not try to explain his painting, but he invites us to share his vision, feelings and obsessions. In definitive, a transverse and intimate look that incorporates motifs, compositions and colours, all of them suggestive and seductive for any viewer, thus narrowing the distance between reality and fiction. Is an opportunity to discover the photographic eye of one of the most important and renowned Spanish artists of his generation. A free eye, where his only reference is his own work, his own pleasure. espaivisor Gastar el tiempo como si sobrara Estrella de Diego Apenas unos pies –sandalias con calcetines que parecen salidas de una novela muy subrayada de Yasunari Kawabata— devuelven la imagen del suelo salpicado a la que debe ser la cotidianidad en el estudio del pintor. Si no hubieran aparecido esos pies apenas esbozados por el objetivo, es probable que la franja estrecha y moteada se hubiera confundido con la superficie que ocupa la parte superior de la fotografía, el cuadro mismo que, apoyado contra la pared, escudriña el propietario de los pies, cuyo ojo toma la instantánea, teniendo en cuenta la lógica del espacio. Siguiendo con el juego de malentendidos que plantea la fotografía -los que persigue con frecuencia Juan Uslé en sus cuadros también cuando enreda a la mirada-, la superficie pictórica despliega con desparpajo su apariencia ambigua de fotogramas salidos de una película abstractizante. Ocurre siempre con el cine vanguardista: sobre la pantalla se proyecta una ineludible ausencia de narrativa. Sin embargo, la ausencia de narrativa no quiere ni mucho menos decir falta de relato -a veces es todo lo contrario. Casi como una increíble prolongación de sus trabajos pictóricos, la mayor parte de las fotografías de Juan Uslé no permite distinguir elementos figurativos nítidos. Si en la serieNegra las formas se camuflan como claridad o fragmentos; en Tramas el mundo se va reduciendo a geometrías; e incluso los Paisajesse difuminan y se duplican, boca abajo, gadget visual del siglo XIX, mujer en el columpio delBallet mécanique de Leger. Porque sus fotos –y a ratos incluso sus pinturas- tienen sabor a cine de vanguardia. Igual que ocurre en la mítica película de Michael Snow La région centrale, estrenada en 1971, en las fotos de Uslé el mundo y las cosas del mundo aparecen desplazadas sin remedio, despedazadas, sumergidas en un trastocamiento que más que vaciarlas de relato, las reviste de una historia sorprendente que obliga a repensarlo todo. Es un juego a la vez preciso y desestructurado. Una línea quiebra los fotogramas. Un color desbarata el orden impecable del cuadro. Unos pies irrumpen en el espacio fotográfico y lo agrietan. En ese rompimiento, en ese resquebrajarse, se instala poderosa cierta noción temporal que habita las obras de Uslé. Es ahí donde se comienza el relato, en el acto mismo de transcurrir –ocurre en el cine de vanguardia. Porque el ocurrir temporal está implícito en las propias tiras de películas y se aparece certero enSoñé que revelabas. Es el tiempo que se rompe en el propio material, en el orden de los cuadros de Uslé; tiempo que se proyecta como falla, algo muy sutil que se posa en las fotos y cambia la significación del acontecimiento. Al fin y al cabo, las obras de Juan Uslé son huellas, testimonios, velos, territorios intermedios a los cuales se recurre para contar de nuevo. Sobre estas transformaciones, sobre esta naturaleza escurridiza, se podría reflexionar frente a sus fotografías, quizás a partir de una obsesión -¿o se debería hablar de costumbre?- por captar en la realidad lo que ve en sus cuadros mientras los hace; lo que ve en una estrategia narrativa que tiene bastante de relato autobiográfico. La ambigüedad se resuelve solo en el título -y a veces ni eso. Pero tampoco Uslé corre en busca de la autenticidad cuando agarra la máquina, ni la fotografía asegura la verdad. Más bien, ficción y documento se nublan y se tachan sin tregua, fotogramas de una película sin relato aparente proyectada sobre la pantalla que no está. Esto intriga -y mucho- en el papel que las fotos tienen en el proyecto de Uslé. El modo en el cual documentan la mirada, rellenan los huecos entre lienzos, viven en ese tiempo paralelo del cine; el que habita la sala, en los laterales de la pantalla. Uslé ha hablado de la relación entre foto y pintura en alguna ocasión, del carácter de interludio que tiene la fotografía al permitirle escaquearse tras el objetivo, usarlo como velo y mascarada; a la vez lo mismo y lo opuesto de esos lienzos cuidadosamente dibujados donde pintar es el acto de concentrarse en lo que ocurre mientras está ocurriendo. Las fotos de Uslé -lugar de aparentes improvisaciones- son una suerte de vuelo de reconocimiento a la manera del piloto y escritor Saint-Exupéry, quien veía el avión como un “instrumento de análisis”, casi al modo del Capitán Nemo que tanto interesa a Uslé. Mirar, pues, analizando. Analizar mirando. Fragmentos de realidad que luego se juntan sobre la superficie, cielo y suelo, sandalias con calcetines salidas de una novela muy subrayada de Yasunari Kawabata. Se trastoca la narrativa por completo y se cuenta el relato entero; se reúnen los trozos, a trompicones. De eso se trataba: buscar cada detalle desde el cielo, mirar cada cosa como si fuera la mirada de otro, con minuciosidad casi. Las “abstracciones” de Uslé tienen con frecuencia un título que hace correr la imaginación hacia el relato. Pero decir que esa propuesta de mirada desde lo más alto está sólo relacionada con el análisis es quizá decir demasiado. Hay en esas nuevas formas de mirar una dimensión temporal inquietante, ya que en el vuelo de reconocimiento el tiempo al uso se desvanece de pronto lo que más intriga del cine es la idea misma de los tiempos paralelos que ocurren dentro y fuera de la pantalla. Lo extraño no es lo que pasa en la ficción, sino el tiempo que va transcurriendo fuera de la ficción misma. De modo que el tiempo se queda embozado. Tiempos paralelos que van enredando delante del objetivo. Sobre todo a los lados: fuera de centro. Fuera de foco. Así es la cámara en manos Uslé y travestido de antropólogo a la manera de Michel Leiris, busca en cada cosa cotidiana lo que tiene de siniestro en tanto extraño, asentado en territorios intermedios. Y va registrando una realidad que tiene bastante de realidad paralela -literalmente- con algo del tiempo particular en la sala de cine. Se establece entre sus pinturas y sus fotos una extraña batería de filiaciones visuales, preguntas sin respuesta que reenvían a un lugar complicado de explicar con palabras conocidas. Ante las fotografías de Uslé no sirven las palabras familiares. Tal vez fotografía para detener un instante el mundo, para enfrentarse a ese concepto de tiempo como sucesión y variaciones que se agolpa en su obra. Aunque Uslé hace fotos en todas las ciudades y, como en Atlas Borges cada mañana, estando de viaje, se despertaba en Buenos Aires estuviera donde estuviera, las ciudades van adquiriendo la retícula de los ojos de Uslé. Es la misma autobiografía atípica que impregna su pintura: cuaderno de bitácora que, ocurría con el Capitán Nemo, preserva el secreto intacto. De modo que van caminando lentos sus ojos por el mundo, tiempo sostenido como el del vuelo, el del flâneur. Tiempo desplazado y milagroso que apela a una nueva forma de contemplación insospechada, la que requiere del espectador tener igualmente tiempo por delante para volver a acercarse al acontecimiento -a cada trazo cuidadoso de las luces y las sombras- con unos ojos nuevos, arrancados del tedio y del exceso; de la completud. “Fotografiar es salir a la calle, caminar por el estudio y robar fragmentos a la vida”, dijo Uslé en una ocasión. Gastar el tiempo y malgastarlo de una manera inusitada, porque el tiempo es el mayor de los regalos para uno mismo y los demás. Hacer las fotos como rapto de lo cotidiano y recuerdo de lo permeable de la existencia en la vida del estudio donde se creía uno a salvo. Hacer las fotos un poco entre ratos; línea de discontinuidad que se entromete con frecuencia en las superficies pulcras de sus cuadros y que tiene algo de interrupción e irrupción. Hacer fotos como quien hace tiempo. Y gastarlo como si sobrara.

Actualizado

el 27 sep de 2018

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