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Aixa Portero — Cortesía de la artista
07
dic 2018
14
ene 2019

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Publicada el 05 dic de 2018      Vista 21 veces

Descripción de la Exposición

Con el título de “Las raíces del vuelo”, la exposición de Aixa Portero recoge los últimos años de trabajo de la artista malagueña en una selección de obras muy personal. La muestra se conforma de quince series y una sala dedicada a la instalación que da nombre a la muestra. Inaugurada el pasado mes de septiembre en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo de Bielorrusia, en Minsk, “Las raíces del vuelo” hará su segunda parada internacional en Vitebsk, la ciudad natal de Marc Chagall. Además, el Museo de Arte Moderno de Vitebsk que acoge la muestra fue fundado por Chagall y Malévich. A la hora de abordar sus propuestas, Aixa Portero genera la sencillez en cuanto a la materialización y visualización de las diferentes piezas. Suelen ser formas francas y arriesgadas, materializadas mediante el uso de nuevas formas expositivas, donde esta artista suele combinar el arte objetual, la fotografía, la instalación, la pintura o las nuevas tecnologías. Sobrevuela a toda la muestra el concepto de “Poiesis”, que en el trabajo de Portero ha ido alumbrándose desde el sentido del que dota al concepto Platón -como el pasaje entre el no-ser y el ser-; hasta la comprensión que hace Heidegger como iluminación. Y de ahí al descubrimiento de la ‘razón poética’ que desplegó la filósofa, pensadora y ensayista malagueña María Zambrano, que supone una suerte de método de autodescubrimiento del ser a través de las propias acciones. Fernando Francés, director del CAC de Málaga, destaca la honestidad de Portero a la hora de desnudar el alma en cada uno de sus trabajos: “La última obra de Portero es consecuencia de un maratón con obstáculos, de una batalla contra la adversidad. Quizá de ahí que sus poemas acumulen tanta intensidad que duelen”. Y añade: “Cada día más, empiezo a valorar de la misma manera y echo en falta que no se generalice esta satisfacción, a los artistas que se comprometen con su propia vida. Que optan por la autobiografía en vez de la crónica, en su obra.” VITEBSK, CIUDAD NATAL DE CHAGALL Y CENTRO DE LAS VANGUARDIAS RUSAS Esta segunda exposición se abre en el Museo de Arte Moderno de Vitebsk, el centro de arte fundado por Marc Chagall en su ciudad natal. Durante los años 20 albergo la mayor colección de obras de los referentes en las vanguardias rusas: Wassily Kandinsky, Alexander Rodchenko, Alexander Romm, Marc Chagal, Kazimir Malevich,.. Durante 2018 se celebra el centenario de la fundación la Escuela de Arte Contemporáneo de Vitebsk, sede actual del Museo de Arte Moderno. En septiembre de 1918, el pintor Marc Chagall fue nombrado Comisario de Arte en la Región de Vitebsk por el Gobierno Comunista de URSS y puso en marcha la creación de la Escuela de la ciudad, con profesores como Kazamir Malevich, El Lissitzy o Yehuda Pen, entre otros. Fue en las aulas de esta escuela donde Malevich, que había desarrollado el Suprematismo en 1915, fundó el movimiento “UNOVIS o Seguidores del nuevo arte”. Este grupo, formado principalmente por estudiantes de la escuela, nació bajo la idea de explorar y desarrollar nuevas teorías y conceptos en el arte bajo el imaginario del Suprematismo, movimiento fundamental para el desarrollo de las vanguardias artísticas del S.XX. Afortunadamente el edificio de la Escuela de Arte sobrevivió a la invasión nazi de Vitebsk durante la Segunda Guerra Mundial, mientras el resto de la ciudad de fue destruida. POÉTICAS SIMBÓLICAS DEL EQUILIBRO Y DEL ESPÍRITU Iván De la Torre Amerighi El símbolo en la obra de Aixa Portero es un mecanismo indispensable en los procesos de transmisión cultural y, por ende, también en los dispositivos de comunicación estéticoplásticos. Impiden que la memoria de un colectivo se disuelva en las sombras de los tiempos. Siguiendo a Lotman, podríamos discernir dos planos de interpretación con respecto al símbolo. Algunas corrientes que ven en éste un artefacto lógico que traduce, mediante signos, planos de expresión a planos de contenido. Otras escuelas, por el contrario, definen el símbolo como expresión sígnica absoluta de una esencia no sígnica y, en consecuencia, debiera ser asumida como puente entre el mundo de lo irracional y el mundo de lo místico. La mariposa es símbolo de la metamorfosis de la vida. De la voluntad por transformar de modo radical su realidad física y espiritual. El poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), dibujaba metafóricamente a Hipsípila emergiendo de la crisálida, abandonando el confortable resguardo dorado –eso significa, precisamente, el término griego Khrysallis, “de oro”- y lanzándose a volar hacia la vida adulta. Como lepidóptero que es la mariposa, sus raíces semánticas -lépido (escama) y ptero (ala)- nos traen ecos de dos mundos contrapuestos: el acuático, pues solemos asociar las escamas a la figura de los peces, y el aéreo. El concepto de lo aéreo es muy importante en la obra de Portero, que deviene en presencia en forma de pluma, evidencia del viento, de la ligereza, de la elevación y del vuelo. Las figuras volátiles, las alas de mariposa, las ligeras ramas arbóreas, las plumas de Gallina de Guinea, de Marabú... marcan un sentido ascensional. Como nos señala Cirlot, para San Gregorio las plumas de ave simbolizarían la fe, la contemplación y, la pluma para escribir, también el verbo escrito. La presencia del libro en su producción asimismo está teñida de significación simbólica. El libro atesora en un mismo significante dos lecturas significativas: el libro es intelectualidad, pero el libro es también libertad. Es puerta por la cual se accede al conocimiento y al establecimiento de un pensamiento crítico. Y al tiempo es el medio que enciende la imaginación. Pero en Portero hablamos del libro en tanto que fragmento, como rastro, memoria de un cauce comunicativo que ha sido cercenado y sólo en parte continúa conservando su condición transmisora. (¿Emerge aquí su conciencia crítica y denuncia la desaparición de un soporte que ha permitido el avance de las sociedades precisamente en un momento en el cual se enaltece la incultura?) Y deja en nuestras manos y en nuestras conciencias ese proceso de reconstrucción, de reinvención en suma, que es catalizada a través de la obra artística. En la serie de libros en vitrinas Poiesis (2015), las hojas arrancadas apenas dejan vislumbrar una coherencia narrativa mientras van dejando entrever las siguientes páginas; ni a partir de las primeras –por su falta- ni de las últimas –por ocultación- podemos articular una narración coherente. Portero le hurta al espectador la posibilidad de una comprensión lógica, aquella a la que está acostumbrada en el enfrentamiento continuo con la imagen, pero le brinda la posibilidad de interpretarla. En la instalación Las raíces del vuelo (2017), nos muestra una instalación de libros, sin identificación exterior, de páginas en blanco, que quedan suspendidos, levitantes e inertes, mientras en el suelo se despliegan toda una miríada de letras que parecen haberse desprendido de ellos. Como en un ejercicio de recomposición, sin principios ni finales, al que nos vemos invitados. Las raíces-ramas del árbol son, igualmente, elementos sustanciales en su obra. Es el árbol uno de los elementos simbólicos más frecuentes en todas las tradiciones culturales, bien en su correspondencia con figuras divinas (Attis-Abeto; Osiris- Cedro; Apolo-Laurel...) o en asociación a la personificación de las cualidades de un pueblo entero (Celtas-Encina; Escandinavos-Fresno; Germanos-Tilo; Hindúes-Higuera...). Como imagen simbólica vertical es posible ver en su forma un vehículo de contacto directo y transmisión entre el mundo de lo subterráneo (en tanto que origen) y el mundo de lo aéreo (en cuanto que horizonte y culminación). El árbol de la vida, arbor vitae, y el árbol de la muerte, arbor mortem, son el mismo y uno, y relacionan los tres mundos, el inferior de las raíces (ctónico o infernal), el central del tronco (terrestre o de la manifestación), y el superior de las ramas (celeste). Y sin embargo, a pesar de todo lo dicho, la interpretación simbólica resulta una senda inescrutable pues el símbolo mismo existe con anterioridad a cualquier texto dado y con independencia del mismo. “Llega a la memoria del escritor desde la memoria profunda de la cultura y revive en el nuevo texto como el grano caído en territorio nuevo”, nos indica el semiólogo ruso. Trasladando la imagen que se nos propone al ámbito de las artes plásticas, podríamos inferir ante la obra de Portero que los símbolos atraviesan las fronteras del tiempo, brotando y llegando desde las conciencias más ancestrales de la cultura y son proyectados hacia el presente y el futuro por la acción creativa con un sentido nuevo y múltiple cada vez. Es por ello por lo que, tal vez, todas las imágenes analizadas líneas atrás y las exégesis planteadas no sean más que epidérmicas elucubraciones pues la intención última de su aparición y sentido sólo podría ofrecérnosla la propia artista. En múltiples ocasiones, en el arte contemporáneo, el contenido ha fagocitado todo aquello que se encontraba a su alrededor y el mensaje llegaba hasta el espectador como un documento desprovisto de artisticidad; en otras etapas de la historia del arte era el bello contenedor el que se despreocupaba del público, no tratando de comunicar nada: la interacción se agotaba en un monólogo hedonista (y esteticista). Son extremos. Y la obra de Aixa no se mueve en el extremo, sino en el equilibrio. Su obra comunica y, al tiempo nos traslada (saber qué o hacia dónde traslada exige la participación activa de todos los actores) un mensaje articulado en equilibrio, armónico, cautivador. No podría finalizar este texto sin hacer referencia al concepto de Poiesis, tan presente en su obra, que ha ido alumbrándose desde el sentido del que dota al concepto Platón, donde se identifica como el pasaje entre el no-ser y el ser, reflejando por tanto la capacidad generatriz de transformar lo informe zen forma capaz de manifestarse, hasta la comprensión que hace Heidegger, como iluminación, en sus propios términos y avanzando desde los anteriores planteamientos: “Todo reside en que pensemos el llevaraquí- adelante en su total amplitud y a la vez en su sentido griego. Un llevar-aquí-adelante, ποíησις, no es solo la confección artificial, no solo es el artístico- poético llevar-al-aparecer y el llevar-a-la- imagen. También la φúσις el salir-desde-sí, es un llevar-aquíadelante, es ποíησις”. Y de ahí al descubrimiento de la ‘razón poética’ que desplegó la filósofa, pensadora y ensayista malagueña María Zambrano (1904- 1991), que supone una suerte de método de autodescubrimiento del ser a través de las propias acciones y, que en el caso de un artista, trasciende y muestra el alma a través de sus obras, pues son éstas algo más que materia, e incluyen porciones del espíritu de su creador. Encontramos luz en sus palabras: “Poesía y razón se completan y requieren una a otra. La poesía vendría a ser el pensamiento supremo para captar la realidad íntima de cada cosa, la realidad fluyente, movediza, la radical heterogeneidad del ser”. Ese sentido místico de la realidad, y la posibilidad de hallar las verdades trascendentes y últimas a través de la poesía, la mitología, la narración ancestral y sagrada, los misterios de la religión, lo irracional e ilógico, ha estado muy presente, en distintos momentos históricos, en el pensamiento creativo andaluz, primero en su raíz andalusí, después bajo una exégesis cristiana. Cierto es que las obras de Aixa Portero trascienden la herencia de una tradición artística de tanta potencia y recorrido histórico como la andaluza, que como correa de transmisión de una potente escuela pictórica que hunde sus raíces en el Barroco, se vio revitalizada a partir de la década de los ochenta del pasado siglo con las corrientes neofigurativas y se ha reinventado y proyectado hacia el mundo precisamente poniéndose en tela de juicio y subvirtiendo esas raíces. Tras una lectura superficial, la obra de la creadora malagueña pudiera parecer muy ajena a estas esferas de influencia, por su carácter instalativo, por su cariz estético alejado de complejos y por un talante que, sin llegar a ser reivindicativo, si está muy concienciado con su propia realidad y vicisitud y la de la mujer como artista (de este modo podría justificarse la presencia constante en sus obras de tules de novia, crisálidas, alfileres de boda, mariposas...), lo que podría justificarse en sus largos periplos investigadores y profesionales, que la han llevado a residir en Bélgica, Suiza, Holanda, EEUU, Irlanda, Francia... Sin embargo, un análisis de mayor profundidad, sin negar los evidentes aportes internacionales, nos hablan de matices contextuales que reivindican no tanto su pertenencia a una generación de artistas españoles últimos (aunque sería posible fijar sus comienzos en relación a una recuperación neoconceptual surgida en España a mediados de los ’90, pero que resulta imposible desarrollar en estas breves líneas) sino su adscripción a unos parámetros estéticos vernáculos que hunden sus raíces en el pasado secular. Entre ellos destacarían la búsqueda constante como horizonte creativo, el gusto por la brillantez de los resultados (que puede ser y mostrarse anti-lírica), la capacidad intrínseca para recombinar materiales extra-artísticos, la integración de géneros y técnicas, la sutileza en la conformación de los mensajes de los cuales la obra es cauce y que esconden mucho más allá de lo evidente, el convencimiento de que toda obra artística es finalizada por el espectador, y un hondo sentido espiritual, casi ascético, que subyace en toda la obra, en el cual vida y muerte resultan cotidianas caras de una misma moneda. LOTMAN, I.M.: El símbolo en el sistema de la cultura. Forma y función, 2002 (diciembre), p. 89. (http:// redalyc.org/articulo.oa?id=21901505) CIRLOT, J. E.: Diccionario de símbolos. Barcelona, Círculo, 1998, p. 373. CIRLOT, J. E.: Op. cit., pp. 89-90. LOTMAN, I.M.: Op. cit., p. 93. BRAVO DELORME, C. de: “El sentido de la Poiesis en El Banquete de Platón. Una contribución al problema de la esencia de la técnica”. Alpha, no 38, 2014, p. 228. ZAMBRANO, M.: Los intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil. Madrid,Trotta,1998, pp. 177-178. BIOGRAFÍA DE AIXA PORTERO Málaga, 1975. Artista malagueña formada en Artes plásticas (Pintura y Escultura) en la Facultad de Bellas Artes de Granada, donde actualmente trabaja como profesora y miembro del instituto de La Paz y los Conflictos. Terminó sus estudios de licenciatura en el Sint Lukas Hoger Institut de Bruselas (Bélgica) y desarrolló un interés por las nuevas tendencias en el arte y los nuevos medios, y ha centrado su obra en la Cultura de Paz. Realizó un Tercer Ciclo de Perfeccionamiento en Investigación Plástica en L’Ecole Supérieure d’Art Visuel de Genève (hoy llamada HEAD-ESGE) en Ginebra (Suiza), posteriormente hizo un Programa de Postgrado de Piet Zwart Institute, Fine Art Programme de la Willem de Kooning Academy, Rotterdam (Holanda) y artista investigadora en New Media Art en la University of California de San Diego, en el Departamento de Visual Arts, (EE. UU.), en los que desarrolló una buena parte de su investigación que daría como fruto una tesis doctoral en 2006, con mención europea por la Universidad de Granada y una obra plástica intensa en la que destaca casi una decena de exposiciones individuales y mas de una treintena de colectivas a nivel nacional e internacional. Ha expuesto en lugares como Bruselas, Ginebra, Rotterdam, San Diego, Los Ángeles, La Habana o París.

Actualizado

el 07 dic de 2018 por ARTEINFORMADO

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