Antoni Gelabert, Murada i catedral al capvespre, c. 1903-1904
Evento finalizado
28
nov 2007
02
feb 2008

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Publicada el 03 jun de 2014      Vista 82 veces

Descripción de la Exposición

la exposición “Mallorcan Landscapes. The Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma Collection” presenta una selección de obras, todas ellas procedentes de la Colección Permanente. La muestra reúne 17 artistas mallorquines, catalanes y extranjeros con un claro nexo de unión en sus obras: la isla de Mallorca como protagonista. Organizada por Es Baluard con la colaboración especial de la Consellería de Turismo del Govern de las Illes Balears (IBATUR), la exposición se articula en torno a dos ámbitos: el primero, recoge 21 óleos que ilustran el período comprendido entre 1872 y 1934, planteando los diversos estilos y tendencias del género del paisaje en la isla durante esos años; el segundo ámbito está dedicado a la figura de Joan Miró y su estrecha vinculación con Mallorca a través de un conjunto de nueve grabados.

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La muestra arranca con tres obras de artistas mallorquines, Antoni Ribas, Ricard Anckermann y Francesc Rosselló, que reflejan el periodo previo a la llegada del modernismo a la isla, con claras influencias del romanticismo francés y el realismo tanto en el género del paisaje como en las escenas costumbristas.

Con la llegada del nuevo siglo, Mallorca se convirtió en destino de escritores y artistas, que encontraron en la isla la respuesta a sus inquietudes. Dos pintores catalanes y un artista belga fueron los artífices de la introducción del modernismo catalán y el simbolismo en la isla: Santiago Rusiñol, Joaquim Mir y William Degouve de Nuncques. El modernismo se desarrolló en Cataluña durante los últimos años de siglo XIX, convirtiéndose en una reacción en contra de la pintura establecida, anclada en los mismos temas costumbristas y soluciones formales, e introduciendo elementos de carácter impresionista, postimpresionista y simbolista.

Entre febrero y mayo de 1893 tuvo lugar la primera estancia en Mallorca del pintor y escritor Santiago Rusiñol, quien fue uno de los grandes representantes del modernismo catalán. Durante esos meses, realizó una serie de obras que se distinguían por el tratamiento de la luz, encontrando en la luz natural de la isla los recursos necesarios para su investigación. Regresó en 1901 y plasmó los lugares que frecuentó como la ciudad de Palma, Valldemossa, Sóller o Bunyola. Las soluciones compositivas, basadas en la estampa japonesa, le acercan al impresionismo y al postimpresionismo, como podemos apreciar en la obra Son Moragues. Sa Muntanyeta (Son Moragues. La pequeña montaña) de 1903.

Joaquim Mir, decidió en 1900 trasladarse a Mallorca, donde residió hasta 1904 fecha en que sufrió un accidente en la zona de Sa Calobra. Durante esta época entabló amistad con el simbolista William Degouve de Nuncques y con Antoni Gelabert. A principios de 1902 recibió el encargo junto a S. Rusiñol de realizar la decoración para el comedor del Gran Hotel de Palma, edificio modernista del arquitecto catalán Lluís Doménech i Montaner. Es en la isla donde su pintura tiende a la abstracción como bien refleja en Torrent de Pareis (1902), cuando más arriesga en el tratamiento del paisaje, consolidando dicho género.

Si bien las fuentes no pueden establecer con seguridad el año exacto de su llegada, entre 1899 y 1900 llegó a la isla el pintor belga William Degouve de Nuncques, permaneciendo en ella hasta 1902. Durante esta etapa, muy fructífera para él, supo traducir a partir del lenguaje simbolista el paisaje mallorquín, a través de una gama de colores fríos, casi irreales, que daban como resultado una visión onírica, como la obra Bahía de Palma de 1900.

Uno de los artistas mallorquines más destacados de principios de siglo, que recoge las influencias de Rusiñol, Mir y Degouve de Nuncques, con quienes tuvo lazos de amistad, fue Antoni Gelabert, pintor nacido en Palma en 1877. Supo dar con un estilo personal basado en una preocupación por la perspectiva, sugiriendo las formas al extraer lo esencial del paisaje natural o de la ciudad y dando prioridad al color sobre la forma, como supo plasmar en Murada i Catedral a entrada de fosca de 1903.

La relación entre Cataluña y la isla fue muy intensa durante esta época, consolidándose a través de la organización de exposiciones junto con los frecuentes viajes realizados por los artistas. Dos importantes artistas catalanes se encuentran presentes en la Colección Permanente: Eliseu Meifrèn y Sebastià Junyer Vidal. Si bien ambos coinciden en haber desarrollado a lo largo de su vida el paisaje mallorquín, sus estilos fueron diferentes como podemos apreciar en Vista de Palma (c. 1908) de Meifrèn, ligado al impresionismo y Vista del poble de Deià, c. 1930 de Junyer, desde una factura ligada al simbolismo.

Hermen Anglada-Camarasa y Joaquín Sorolla, renombrados artistas de la pintura española, también supieron reconocer la belleza de Mallorca: después de su primera visita en 1909, Anglada-Camarasa decidió establecerse en la isla en 1914, concretamente en el pueblo de Pollença. Es entonces cuando se dejó llevar y el paisaje se convirtió en su prioridad, alejándose de la figura femenina y los temas folklóricos, como demuestran Bóquer (c. 1920) y Pi de Formentor (c. 1922). De hecho, fue en Mallorca cuando Anglada desarrolló con mayor intensidad la temática del paisaje. Con motivo de la Guerra Civil española, su relación con la isla se vio interrumpida hasta que regresó en 1948 donde permaneció hasta su muerte.

En el año 1919, Joaquín Sorolla decidió viajar a las Islas Baleares para descansar una vez finalizada la decoración para The Hispanic Society of America. Después de visitar la isla de Ibiza, se instaló en Cala San Vicente (Pollença) junto a su esposa e hija, lugar que reflejó de forma sintetizada en la obra que porta el mismo título y que pertenece a la Colección Permanente.

La obra de Tito Cittadini, Francisco Bernareggi, Joan Antoni Fuster Valiente, Cristòfol Pizà y Llorenç Cerdà, nos ofrecen una visión general de la producción artística del período comprendido entre 1913 y la década de los años 30, caracterizada por el liderazgo de Anglada quien además de dejar huella entre los artistas locales, atrajo a artistas sudamericanos que le profesaban una gran admiración.

El deseo de encontrar en un mismo lugar la tranquilidad anhelada en el que además pudiese llevar a cabo su creación artística, fue la razón por la que Joan Miró escogió Mallorca para vivir; un lugar con el que además mantenía vínculos familiares, pues su madre y su esposa eran mallorquinas. En 1956, Miró se trasladó a la isla, satisfecho del espacio dedicado a su estudio realizado por su amigo, el arquitecto catalán Josep Lluís Sert, hallando al fin el ambiente idóneo para su inspiración. Su actividad artística aumentaba y en 1959, adquirió Son Boter, una vivienda próxima a la suya, que después habilitó como taller de obra gráfica. Posteriormente, y siguiendo su voluntad, se creó la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca.

La admiración profesada por la sociedad mallorquina hacia su persona y su obra comenzó a verse reflejada a partir de la segunda mitad de la década de los 60. El periódico Majorca Daily Bulletin publicó un número especial en 1967 con poemas de reconocidos escritores dedicados a Miró y que el mismo completó con un conjunto de xilografías. Esta iniciativa impulsó a Miró a proponer una edición de bibliófilo de dichos poemas bajo el título El Vol de l’Alosa. Els poetes mallorquins a Joan Miró, publicada en 1973 y en la cual también participó de manera activa en su diseño e ilustración (los originales de los grafismos que Miró realizó para cada escritor forman parte de los fondos de Es Baluard).

Entre las exposiciones que se celebraron en la ciudad de Palma, tuvo lugar una muy especial en 1978: la antológica en Sa Llotja (La Lonja) organizada por el Ayuntamiento de Palma, con motivo de su 85 aniversario; a ello se sumaron dos números especiales de los periódicos Última Hora y Majorca Daily Bulletin, para los cuales Miró elaboró un alfabeto cuyos originales pueden ser contemplados en las salas de Es Baluard.

El conjunto de obra gráfica que mostramos, la Sèrie Mallorca, fue presentada por primera vez al público en el año 1973, en la Sala Pelaires de Palma. Se trata de un álbum formado por nueve grabados, realizados al aguafuerte y al aguatinta, que dedicó a la isla, el lugar donde fueron creados y donde pasó sus años de madurez. Con esta serie, Miró establecía una conexión entre Mallorca y Barcelona, a la que también dedicó una serie realizada entre 1939 y 1944.

Actualizado

el 26 may de 2016

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