Cortesía del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
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Cuándo: 26 jun de 2018 - 30 sep de 2018
Inauguración: 26 jun de 2018
Dónde: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza / Paseo del Prado, 8 / Madrid, España
Comisariada por: Juan Ángel López Manzanares
Organizada por: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Artistas participantes: Claude Monet, Eugène Louis Boudin
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Publicada el 10 ene de 2018      Vista 221 veces

Descripción de la Exposición

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ofrece con Monet / Boudin la primera ocasión de descubrir a través de una exposición monográfica la relación entre el gran pintor impresionista Claude Monet (París, 1840 – Giverny, 1926) y su maestro Eugène Boudin (Honfleur, 1824 –Deauville, 1898), representante destacado de la pintura al aire libre francesa de mediados del siglo XIX. La exhibición conjunta de su obra persigue no solo arrojar luz sobre el periodo de aprendizaje de Monet, en el cual Boudin jugó un importante papel, sino también sobre la totalidad de sus respectivas carreras y sobre los orígenes mismos del impresionismo. Comisariada por Juan Ángel López-Manzanares, conservador del Museo Thyssen, la exposición reúne un centenar de obras de los dos pintores, incluyendo préstamos de museos e instituciones como el Musée d’Orsay de París, la National Gallery de Londres, el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Israel en Jerusalén, el Museu Nacional de Belas Artes de Río de Janeiro o el Marunuma Art Park de Japón, así como de colecciones privadas, como la de Pérez Simón. Esta exposición cuenta con el mecenazgo de Japan Tobacco International (JTI), empresa reconocida como uno de los grandes mecenas del arte en Europa y que impulsa su compromiso con la difusión del arte en España colaborando, desde hace varios años, con este Museo. Esta unión es un claro ejemplo de cómo los ámbitos de la cultura y de la empresa privada pueden conjugarse en una fructífera acción conjunta, cuyo objeto es hacer accesible la cultura a todas las capas sociales y contribuir a la proyección de Madrid como auténtica capital mundial de la cultura. JTI ha colaborado en las exposiciones Zurbarán: una nueva mirada (2015) y Picasso / Lautrec (2017-2018), entre otras. A lo largo de un recorrido cronológico y temático que se articula en ocho capítulos, Monet/Boudin enfatiza los intereses artísticos que compartían ambos artistas, como la atracción por la iconografía de la vida moderna –plasmada en escenas de veraneantes en la playa de Trouville–, por los efectos cambiantes de la luz –que protagonizaron la mayor parte de sus óleos y pasteles– y, finalmente, por la naturaleza semisalvaje de los acantilados de las costas de Bretaña y Normandía. 1. Paisaje pintoresco El primer encuentro entre los dos artistas se produjo en la primavera de 1856, cuando coincidieron en la papelería Gravier, en El Havre. Boudin, que era 16 años mayor, felicitó a Monet por su trabajo como caricaturista, por el que ya comenzaba a destacar, y le animó a seguir estudiando y pintando, invitándole a hacerlo junto a él. Boudin iniciaba entonces su primera obra madura, tras un aprendizaje autodidacta basado en la copia de maestros holandeses del siglo XVII, y realizaba estudios al aire libre, en la tradición del paisajismo de la Escuela de Barbizon. Pasado un tiempo, el joven Monet aceptó la sugerencia y comenzó a dibujar y pintar con él paisajes en plein air, convirtiéndose en su discípulo. Aunque sus padres no veían con buenos ojos esta relación, por proceder Boudin de una familia de extracción social baja, Monet aprendió a ser fiel a la luz observada y a componer paisajes a partir de dibujos y estudios al óleo. Al cabo de dos años, poseía ya la suficiente destreza para emprender su primer lienzo destinado a ser expuesto al público: Vista de los alrededores de Rouelles (1858), inspirado en el paisaje de los alrededores de El Havre, al igual que Paisaje normando (h. 1857-1858) de Boudin. Ambos son paisajes equilibrados, algo convencionales en la disposición de los motivos, pero que captan con sabiduría la luminosidad del día, una preocupación constante de Boudin que supo trasladar a su discípulo. En los años siguientes, como había hecho Boudin, Monet estudió la obra de pintores de la Generación de 1830 como Rousseau o Daubigny. Su partida a París en 1859 pudo haberles alejado, pero los frecuentes viajes a El Havre, la correspondencia que mantuvieron y la producción artística de ambos demuestran que el vínculo se mantuvo, de forma que la inicial relación entre mentor y alumno se fue transformando en admiración y estímulo para ambos. 2. Marinas Considerado un género menor, a partir del segundo cuarto del siglo XIX las marinas fueron ganando importancia y empezaron a ser cada vez más demandadas por los coleccionistas. Boudin era hijo de marinero y había gozado de una infancia vinculada al mar. Sus primeros dibujos de barcas datan de la década de 1840, pero fue a partir de 1854 cuando se dedicó a las escenas de pescadores con mayor asiduidad. En el desarrollo de los dos pintores como marinistas tuvo especial importancia su encuentro en 1862 con el pintor holandés Johan Barthold Jongkind, considerado junto a Boudin uno de los precursores del impresionismo. Monet, además de seguir el ejemplo de Jongkind, se interesó por las marinas de Courbet y de Manet, y empezó a completar composiciones de gran tamaño al aire libre. Tal es el caso de La playa de Sainte-Adresse (1867), una de las obras más importantes del primer tramo de su carrera, en la que emplea unos tonos fríos y brillantes que anticipan el impresionismo y le alejan de las tonalidades grises de los cuadros de Boudin. Asimismo, frente a la tendencia de este de separar a los habitantes de Normandía y a los procedentes de París, Monet los mezcla en sus cuadros como parte de una única realidad social. 3. Escenas de playa Trouville era un pequeño pueblo de pescadores con una extensa playa que pronto se convirtió en destino turístico de burgueses y aristócratas. Boudin lo descubrió a comienzos de la década de 1860 y volvió todos los veranos para pintar el puerto, los muelles, el río Touques y escenas de playa. Con estas últimas, pretendía llamar la atención de una clientela más amplia, entre la que se encontrasen los propios veraneantes de Trouville. Sin embargo, debido a que en ellas priman los efectos ambientales frente a la anécdota, no recibieron la acogida esperada, como ocurrió con Concierto en el Casino de Deauville, expuesto sin éxito en el Salón de París de 1865. Con el paso de los años, se decantó por composiciones más pequeñas y vibrantes, destinadas a un coleccionismo minoritario, y en 1870 abandonó prácticamente sus escenas de playas por una dedicación más intensiva al género de las marinas, cuya demanda era mayor. Durante el verano de 1870, Monet se instaló también con su familia en Trouville, donde ensayó varias escenas de playa basadas en las de su maestro. Pero en obras como Camille en la playa de Trouville (1870) o La playa de Trouville (1870), las figuras anónimas de Boudin, representadas siempre alejadas, como elementos de un paisaje, se convierten en personajes concretos como su esposa Camille o la de Boudin, Marie-Anne Guédès. 4. Pasteles Hacia finales de la década de 1850, Boudin comenzó a realizar estudios de cielo al pastel en los que aprovechaba la ductilidad del material para captar rápidamente la apariencia del celaje en distintas estaciones, condiciones atmosféricas y horas del día. De la nueva generación de pintores, Monet fue el que extrajo una lección más directa de estos estudios, llegando a realizar más de un centenar de pasteles a lo largo de su carrera. En los más antiguos, empleó contornos para delinear los motivos, pero pronto se decantó por composiciones más sencillas, basadas en dos o tres franjas de color salpicadas de pequeños elementos secundarios. Conforme fue dominando la técnica, el pastel se convirtió en un medio autónomo del óleo que le permitió ensayar composiciones y efectos que requerían un trabajo muy rápido, en función de las variaciones de luz y color. Como reconocimiento a su papel en la gestación del impresionismo, Monet invitó a su maestro a participar en la primera exposición impresionista, en 1874. Boudin expuso tres lienzos, cuatro acuarelas y seis pasteles. El propio Monet, además de cinco lienzos, expuso siete pasteles, en lo que puede interpretarse como homenaje a su mentor. Bautizado por Corot como “el rey de los cielos”, Boudin siguió pintando a lo largo de toda su vida este tipo de estudios, adoptando en su producción más tardía colores más luminosos y brillantes, en la estela del impresionismo. 5. Variaciones En la década de 1890, Monet dio un giro fundamental a su obra con la realización de series sobre un único motivo, un encuadre similar y captado bajo diferentes condiciones ambientales y lumínicas. Su origen, en buena medida, estaba ya latente en las variaciones atmosféricas de Boudin, cuya preocupación por los cambios de la luz en el paisaje con el paso de las horas aparece en sus cuadernos ya en la década de 1850 y en los estudios de cielos al pastel. Desde 1878, en Vétheuil, Monet pintó varios grupos de lienzos a los que pertenecen Brazo del Sena cerca de Vétheuil (1878) o La inundación (1881), aunque el conjunto de obras que más se aproxima a lo que luego serán sus series es el formado por los diecisiete óleos que dedicó al deshielo del Sena de enero de 1880. Dos años después, Monet empleó la palabra “serie” por primera vez en una carta dirigida al marchante Durand-Ruel. En sus siguientes campañas fue restringiendo los puntos de vista al tiempo que aumentaba el número de lienzos pintados sobre un mismo motivo, pasando de dedicarle a cada uno media hora al día, hasta restringirse a tan solo unos siete minutos por sesión para capturar un “efecto”. Por su parte, Boudin realizó unas doscientas variaciones de los muelles de Trouville con pequeñas diferencias en las condiciones atmosféricas. Su trabajo era intuitivo y no sistemático, como en Monet, y se relacionaba más con la demanda de los coleccionistas. De principios de la década de 1890 son algunas vistas de la colegiata de Abbeville o del río Touques, pintadas a distintas horas del día. 6. Litoral agreste A finales de la década de 1870, la amistad entre Monet y Boudin comenzó a enfriarse. Pudo contribuir a ello la relación de Monet con Alice Hoschedé antes de la muerte de Camille, por la que Boudin sentía un gran aprecio, o la crisis económica de 1875, que afectó profundamente al mercado artístico. Sin embargo, el maestro conservó la admiración por su antiguo discípulo y numerosas obras de la década de 1880 y 1890 muestran una convergencia de intereses, como ocurre con las vistas de los acantilados de Normandía y las costas de Bretaña. En los cuadros de Monet de la década de 1880 las figuras humanas han cedido el protagonismo a la naturaleza. De esta época son La aguja de Étretat, marea baja (1883) y Rocas en Belle-Île-en-Mer, Port Domois (1886). Años después, Boudin pintó también en Étretat, realizando esbozos de barcas varadas y vistas de los acantilados, y en 1897, un año antes de su muerte, recorrió Bretaña, donde llevó a cabo óleos en los que, frente a las agitadas vistas de Monet, predomina una mayor sensación de calma y equilibrio. 7. Luz, reflejos y efectos atmosféricos La muestra de pasteles, acuarelas y ciento cincuenta óleos de Boudin en la galería de Durand-Ruel, en 1883, supuso su consagración definitiva. Alcanzada ya una cierta estabilidad económica, se propuso ir más allá de los gustos conservadores de su clientela y comenzó a pintar también para sí mismo, atento a algunas novedades impresionistas. De estos años son marinas en las que el elemento predominante es la luz del atardecer, como Marea baja (1884). Por lo que respecta a Monet, si en los años 1880 alternó su atracción por la fuerza del mar con el estudio de la luz y los efectos ambientales, en la década siguiente fueron estos últimos lo que más le interesó, junto a la exploración de la pintura en series. El ejemplo de Corot, referente para ambos artistas desde siempre, se hizo aún más presente en la obra de Monet en la década de 1890; así se aprecia en El Sena en Port-Villez (1894) o en Mañana en el Sena, Giverny (1897). El segundo forma parte de una serie de veinticuatro lienzos, iniciados al aire libre y completados en el estudio, todos representando el mismo rincón del río a diferentes horas del día. 8. Viajes al sur Para dos pintores como Monet y Boudin, formados bajo los grises y cambiantes cielos de Normandía, el encuentro con la luz del Mediterráneo tenía que ser una revelación. Monet así lo experimentó cuando, a comienzos de 1884, después de un corto viaje por la Costa Azul y la Riviera italiana junto a Renoir, se trasladó a Bordighera a pintar durante varios meses. En 1888 regresó a Antibes, donde se volvió a enfrentar a la luz rosada del Mediterráneo. Por motivos de salud, Boudin viajó al Midi por vez primera en 1885, lo que pudo influirle en el empleo de una paleta más colorida a partir de entonces. Fue en todo caso en su visita a Beaulieu, en 1892, cuando hizo suya la luminosidad mediterránea, a la par que completaba sus lienzos al aire libre, gracias al buen tiempo. Como Monet, en 1893 llevó a cabo vistas de Antibes, y en 1895 pintó más de setenta lienzos en Venecia, considerados por el propio pintor su “canto del cisne”. Tras la muerte de Boudin en 1898, Monet formó parte del comité que organizó su exposición póstuma. Años después, al revisar las cartas que había intercambiado con su maestro, se dio cuenta de que Boudin había sido uno de los primeros en reconocer su talento y que le había profesado una admiración constante. En 1920, Monet expresó a su biógrafo, Gustave Geffroy, un reconocimiento ya sin reservas hacia su maestro: “Lo he dicho y lo repito: todo se lo debo a Boudin”.

Actualizado

el 19 jun de 2018 por ARTEINFORMADO

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