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Aurora Alcaide Ramírez, Enredarse, 2010
Evento finalizado
14
oct 2010
05
nov 2010

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Cuándo: 14 oct de 2010 - 05 nov de 2010
Inauguración: 14 oct de 2010
Dónde: Universidad de Murcia - Sala ES/UM - Espacio para el Arte - Edificio Paraninfo / Campus de La Merced - Santo Cristo, s/n / Murcia, España
Comisariada por: Francisco Caballero Cano
Organizada por: Universidad de Murcia
Artistas participantes: Aurora Alcaide Ramírez
Publicada el 03 jun de 2014      Vista 122 veces

Descripción de la Exposición

Uno de los lugares comunes de la teoría y la crítica del arte contemporáneo es la división entre un arte social, comprometido y político, y otro estético, formalista y decorativo. Según tal definición, que se remonta a los orígenes del modernismo greenberguiano, el arte abstracto entraría inmediatamente en la categoría del arte estético, sensual, alejado de otro significado que no fuese el puramente expresivo o emocional.

 

Esta diferenciación, que aún sigue estando vigente en muchos lugares, comenzó, sin embargo, a ser derribada desde finales de los setenta. Artistas como Robert Morris o Carl André demostraron que era posible una implicación política a través de la abstracción, observando que incluso la elección de los materiales, la disposición, la composición... las decisiones aparentemente más neutras e invisibles respondían a una inclinación política y se realizaban desde una postura concreta. Un artista como Peter Halley, por mencionar otro nombre relevante, mostró que tras la forma había una ideología clara y definida, y a través de sus pinturas geométricas aparentemente formalistas y decorativas aludía a la civilización postindustrial, utilizando las formas geométricas como una metáfora de una sociedad dominadora y carcelaria. La forma, pues, como también ha sugerido Terry Eagleton, tiene una ideología insoslayable. Y el trabajo con ella, con el color, con la geometría, con lo puramente visual puede ser tan político como el arte sociológico o de temática social, que representa de modo figurativo las injusticias y desigualdades. Es más, como recientemente ha demostrado Mieke Bal, es precisamente este arte no evidente el único que tiene una capacidad política efectiva, ya que el arte representativo y moralizante, al señalar con el dedo las situaciones que desearía cambiar, las instituye, las confirma y, en cierto modo, las reproduce. Mucho más práctico a nivel social sería, por tanto, un arte que, más que instituir y perpetuar, presente procesos, inercias y movimientos.

 

De lo anterior se desprende que no es, ni mucho menos, irreconciliable una apuesta por la abstracción y el formalismo con un compromiso social y una toma de conciencia de realidades tan aparentemente alejadas de la estética como la migración y los desplazamientos. La pintura -las imágenes, habría que decir mejor que 'pintura'- de Aurora Alcaide intenta situarse precisamente en esa difícil posición de conciliar la articulación un discurso en torno a una cuestión social de primer orden, como es la migración, con unas formas, a priori, abstractas y alejadas de lo real. ¿Cómo hablar de lo real a través de la abstracción y la emoción? Aurora Alcaide presenta una obra centrada en un discurso sobre la identidad, el desplazamiento, las dificultades de los inmigrantes en los lugares de recepción, la agonía -pero también la esperanza- del viaje, el trayecto, y sobre todo las posibilidades de adecuación e hibridación en los nuevos espacios de acogida. Pero lo hace no a través de narrativas y relatos, sino a través de emociones y sensaciones. Sensaciones inmediatas que son transmitidas por los colores, las formas, el contraste entre estructuras geométricas y formas más gestuales y expresivas. Intenta, de algún modo, a través de esas formas presentar los procesos de construcción y de toma de contacto entre lugares diferentes y, en principio, alejados, como son el país de origen y el país de acogida.

 

Confrontar dos espacios e intentar adecuarlos. Pero hacerlo por medio del método menos pensado, la forma estética. En cierta manera, lo que hace Aurora Alcaide es bordear la realidad y buscar una forma de acción que no sea la de la incisión directa. Intenta buscar una forma de compromiso, de encuentro en dos realidades en principio antagónicas. Pero sin renunciar a la estética y a las sensaciones. Buscar el lugar de encuentro dos realidades que no son tan irreconciliables como podría pensarse a primera vista. Para hacer eso, Alcaide recurre a la metáfora y al símbolo, una de las maneras más efectivas de nombrar la realidad manteniendo al mismo tiempo un énfasis en el lenguaje. Como ha sugerido Mieke Bal, la metáfora es la forma por excelencia para trazar la distancia. La metáfora es el caminar del lenguaje, es la propia migración del significado, desde una imagen a una realidad. La metáfora es lenguaje en movimiento. Aurora utiliza aquí toda una serie de metáforas para nombrar la migración. Las grúas, referidas a la ciudad en construcción, pero que también remiten a la construcción de las identidades y a ese perpetuo encuentro entre lugares. Las redes, que aparecen como lo más abstracto (la retícula), pero al mismo tiempo como lo más real: la red que engancha, que no deja mover, pero también la red de la que se puede escapar. La valla, que hace las veces de frontera, que separa, pero que también puede ser el lugar de contacto e hibridación. O el azul, que remite al mar, al océano que hay que cruzar para llegar al otro lugar. El océano que siempre, después, permanece en el inmigrante, como si su existencia ya nunca más pudiera dejar de ser -por utilizar la metáfora de Zygmunt Bauman- líquida, móvil, regida por un oleaje que no cesa.

 

Metáforas de la distancia, pero también del contacto. El arte de Aurora Alcaide es un intento de lograr un acuerdo, de buscar el encuentro, el contacto, entre situaciones a priori imposibles de conciliar. Abstracción y realidad, pintura y fotografía, decorativismo y compromiso, distancia y cercanía, movimiento y estatismo...

 

Se podría pensar que es difícil entender del todo esta obra sin el apoyo de lo textual, es decir, sin recurrir a la ayuda de esa cartografía simbólica que la misma artista ha revelado en alguna ocasión (azul=agua, grúa=ciudad, valla=frontera...). Esto es en parte cierto. La obra no es evidente. Parece necesitar una guía de lectura, algún tipo de descodificador que desentrañe su significado último. Sin embargo, todo está presente. Está latente. Que uno no lo vea o no lo sepa leer no significa que no esté ahí, delante de nosotros. Exactamente igual que las situaciones invisibles de injusticia que se producen todos los días, una y otra vez. Que nosotros no las veamos, o no queramos verlas, no quiere decir que no existan. En el mundo hay mucho más de lo que vemos. El mundo es ilegible y sólo podemos hacernos cargo de él cuanto entendemos que hay cosas que se nos escapan, realidades invisibles que nos pasan desapercibidas y que, sin embargo, son terribles, dramáticas, agónicas.

 

Obras expuestas en Nómadas del Océano. Crónicas abstractas de un viaje (In)interrumpido (3 Obras)

Redes Ilegales (I), 2008 Aurora Alcaide Ramírez
Pintura, Fotografía
Historias de peces y pescadores, 2010 Aurora Alcaide Ramírez
Pintura, Fotografía
Enredarse, 2010 Aurora Alcaide Ramírez
Pintura, Fotografía

Actualizado

el 26 may de 2016

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