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Jose Luis Vieco Pérez
Evento finalizado
16
may 2014
23
jun 2014

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Cuándo: 16 may de 2014 - 23 jun de 2014
Inauguración: 16 may de 2014
Dónde: Fundación Antonio Perez - Centro de Arte Contemporáneo / Ronda de Julián Romero, 20 / Cuenca, España
Organizada por: Fundación Antonio Pérez
Artistas participantes: Jose Luis Vieco Pérez
Publicada el 03 jun de 2014      Vista 143 veces

Descripción de la Exposición

Hace ya más de dos años, cinco de las piezas de José Luis Vieco forman parte de la colección permanente de la Fundación Antonio Pérez. Sería en 2012 durante la prime­ra edición del Festival Extendido I, cuando Antonio Pérez se entusiasmó tras ver su obra expuesta en la Sala ACUA de la UCLM. Poco tiempo después, cuatro de las latas encon­traron su lugar dentro de una de las vitrinas del museo, compartiendo espacio con los Objetos Encontrados del museo; la quinta lata se ha convertido en otro de los objetos que Antonio atesora en su casa dentro de su colección a modo de gabinete de curiosidades.

 

Buscamos antecedentes, fuentes artísticas que inspiren a José Luis Vieco, y lo prime­ro que me viene a la cabeza, desde mi perspectiva de historiadora del arte, es hacer un recorrido por la presencia de la miniaturas a lo largo de la historia. Desde los manuscri­tos egipcios, pasando por los bizantinos, los manuscritos y códices miniados, así como los libros de las horas o los beatos de la Edad Media; los retratos, los paisajes y escenas cortesanas pictóricas del Renacimiento que se desarrollarían hasta el siglo XIX, momento en que este tipo de arte comienza su decadencia por la aparición de la fotografía. Hasta el siglo XX, las miniaturas siempre han estado más ligadas a la pintura, a excepción de determinadas piezas escultóricas, la mayoría de ellas realizadas por maestros orfebres u otras talladas en marfil, alabastro o piedra.

 

Sigo buscando, y mi memoria y una pequeña botella que Antonio Pérez posee entre los objetos curiosos de su domicilio, me recuerda a la relación de la miniatura con el mun­do naval. En el siglo XIX, los marineros comenzaron a realizar esas botellas de cristal, a modo de entretenimiento durante las largas travesías, en cuyo interior albergaban barcos construidos en miniatura con pequeños palillos e hilos que a modo de cirujano introdu­cían en el interior. Construían pequeños micro mundos igual que sus tatuajes que refle­jaban verdaderas escenas marinas y mitológicas relegadas al tamaño del cuerpo humano. Aún hoy hay quien todavía sigue con esa tradición.

 

Dentro del arte contemporáneo encontramos muchos más ejemplos que hacen de las obras de José Luis un tipo de objeto artístico muy especial. Podríamos incluso enumerar una larga lista de algunos de esos artistas que trabajan las miniaturas: Yuri Zupancic, el neoyorkino Alan Wolfson, Ji Lee o el grupo Minimiam (Akiko Ida y Pierre Javelle). Otros, integran el trabajo de las miniaturas con la fotografía: Matthew Carden, Christopher Boffoli, Willy Rojas, David Levinthal, Ciuco Gutiérrez o Thomas Doyle, entre otros.

 

Pero cuando veo las obras de José Luis Vieco no puedo dejar de pensar en dos artistas: Joseph Cornell y Macel Duchamp. Ambos trabajaron el arte objetual desde dos perspec­tivas distintas: Marcel Duchamp con los objetos encontrados o ready-mades sin ape­nas manipulación, sirviéndose de la pura descontextualización y Joseph Cornell, que contrariamente, creó y utilizó objetos, pero objetos muy elaborados, totalmente ma­nipulados y poéticos unidos con imágenes que forman profundas reflexiones. De éste último, son sus 'Museos' los que más me acercan a la esencia de la obra de José Luis; son estuches llenos de pequeños frascos en los que guarda pequeñas miniaturas de imágenes y objetos de tamaños muy reducidos. José Luis Vieco comparte con ambos artistas, en sus obras la idea del objeto banal mediante la utilización de latas de con­serva, libretas o tomos de enciclopedias viejas desechadas. Pero además, como sucede con las obras de Cornell, lleva a cabo construcciones minuciosamente elaboradas.

 

Los cuadernos y libros de José Luis, realizados inicialmente con la técnica de vaciado recuerdan a las cajas de Cornell, concretamente a los 'aviarios'. La textura del papel, tras ser cuidadosamente esculpido, crea una insinuación espacial dando como resul­tado piezas escultóricas en medio y alto relieve llenas de sentido donde la ausencia de materia convierte en real lo esbozado y confiere perspectiva a la imagen.

 

Los temas y objetos que aparecen en las piezas de José Luís Vieco poseen un marca­do carácter biográfico, que en la mayoría de los casos hacen referencia a su infancia, otro paralelismo cornelliano, y a su experiencia vital en relación con la naturaleza y las actividades desarrolladas entorno a ella. Construye delicadas y minuciosas escenas, que oscilan entre lo teatral y lo fílmico y que congelan un determinado instante. Crea paisajes con presencias humanas y/o animales, que se debaten entre el plano pictóri­co y el escultórico, aunque desde que José Luis ha comenzado a diseñar y añadir sus propias etiquetas en las latas, sus piezas han adquirido ya no sólo una afirmación de ser un puro 'objeto', sino también una obra de 'arte total' ya que toda la superficie de la obra ha acabado siendo trabajada por el artista.

 

Para terminar creo que es inevitable hacer referencia a la segunda definición de la palabra 'miniatura' que aparece en el Diccionario de la Lengua Española: «Objeto artístico de pequeñas dimensiones». Pequeño o reducido son sinónimos que, inevi­tablemente, derivan en portátil, manejable, movible, trasladable, etc., y sin duda me obligan a hacer alusión a uno de los objetos de Marcel Duchamp que tanta literatura ha inspirado: la Boîte-en-valise, la obra por excelencia de lo portátil en el mundo ar­tístico, contenedora de un 'museo portátil' como los de Cornell o las cajas y jaulas de Antonio Pérez.

 

Esta caja-maleta de Duchamp, que contenía reproducciones en miniatura de todas las obras del artista, se convirtió en el anagrama de la literatura portátil y de los shandys, algunos de ellos, protagonistas de Historia abreviada de la literatura portátil de Enri­que Vila-Matas, como el propio Duchamp, Walter Benjamin o Valery Larbaud coleccio­nistas compulsivos y entusiastas de objetos y literatura en miniatura que «... jamás se creyeron importantes, del mismo modo que nunca llevaron nada importante en sus ligeros equipajes, tan sólo obras miniaturizadas que reflejaban todas, sin excepción, su absoluto desdén hacia lo que se considera importante, grave, fundamental».

 

Las latas de José Luis Vieco son como esa maleta duchampiana, como esos 'museos portátiles', piezas fáciles de transportar y dignas de colección de cualquier shandy coleccionista; son pequeños museos que cuando despliegan su tapa emerge, como por arte de magia, ese micro mundo encerrado y enlatado en la mínima expresión de un contenedor de hojalata, es la belleza surgida desde la más pura banalidad.

 

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