Exposición en Almagro, Ciudad Real, España

Variaciones sobre el bodegón de “El Cardo” de Sánchez Cotán en el Museo de Bellas Artes de Granada

Dónde:
Fúcares Almagro / San Francisco, 3 / Almagro, Ciudad Real, España
Cuándo:
26 jun de 2021 - 09 oct de 2021
Inauguración:
26 jun de 2021 / 19:30
Precio:
Entrada gratuita
Organizada por:
Teléfonos:
659 01 49 13
Correo electrónico:
galeria@fucares.com
Promociones arteinformado
Descripción de la Exposición
El título de esta exposición -Variaciones sobre el bodegón de “El Cardo” de Sánchez Cotán en el Museo de Bellas Artes de Granada- es lo suficientemente indicativo de la plural y muy abierta cualidad artística/estética que en ella se presenta, pero sería una equivocación depositar en el rótulo o epígrafe la muy variada y admirable densidad icónica y representacional que cincuenta han creado con el deseo de leer, y desde la irrenunciable práctica y defensa de su propio arte, el muy bello bodegón de Juan Sánchez Cotán que atesora el museo granadino. Es innegable que las Variaciones se han practicado casi desde siempre, me atrevería a decir que desde las primitivas lejanías griegas de Zeuxis y Parrasio, y ciertamente desde que el ser humano artista supo que la copia o mímesis es uno de los muchos nombres que posee la palabra “admiración”, o lo que es lo mismo: interpretar obras del ... pasado, casi siempre pinturas pero también esculturas, como ejercicios creativos donde confluyen el amor y el entusiasmo por esos nobles ejemplos de “Maestros Antiguos” (y por citar oportunamente el título de la magnífica novela de Thomas Bernhard) junto a la afirmación y custodia de la propia creación del copista o admirador; y asumiendo, ciertamente, que el resultado final (siglo XXI…) será con plena seguridad una lejana evocación del recuerdo de una concreta escenografía, o un determinado color, o una rara o imposible refulgencia, o una profunda alteración de la estructura original del cuadro que se interpreta. Hechos y acciones, en definitiva, transfigurados en ofrendas artísticas dignas de una nueva y contemporánea contemplación. Lo recién creado, entonces, será ejemplo de una entregada fascinación que nada o muy poco tiene que ver con el original, pero el espectador sensible habrá ganado el conocimiento y aprecio de nuevos artistas hasta entonces para él o ella desconocidos. Y esta es, en esencia, la razón principal de esta admirable exposición colectiva, de estas Variaciones. Y demos gracias, así los hechos, al maestro Sánchez Cotán por ofrecernos esta estupenda oportunidad. En una exposición donde conviven un número elevado de artistas, bien podemos afirmar que quienes se acerquen a contemplar esta muestra se encontrarán ante una orquesta considerable de intérpretes (de antes de la pandemia, para entendernos), y donde los integrantes de la misma forman una totalidad por medio de la irrenunciable suma de singularidades expresivas. De ahí que me interese especialmente contemplar estas Variaciones en su sentido musical, pues estaríamos ante una composición que surge a partir de un tema principal –pongamos la ascética polifonía barroca de un canto llano, también gregoriano, que sentimos al contemplar la cartuja humildad del bodegón de Sánchez Cotán-, tema principal, entonces, que se refleja, cercana o lejanamente, en otros subtemas o variaciones, los cuales mantienen algo así como un “respeto armónico”, que no formal, al tema primordial, o al motivo grande de inspiración. Bien podemos decir a tenor de estos cuidados que las Variaciones que ahora contemplamos y escuchamos conforman, y a modo de gran orquesta, una totalidad creativa donde cada instrumentista ejecuta su parte con sustanciales alteraciones producidas por originales y propias melodías y cadencias, compases y ritmos, armonías dulces o violentas, canon y contrapunto, timbre y resonancia. Todo ello unido, en sonora y visual polifonía, es lo que se entiende por “color orquestal”. Precisamente otro de los rasgos más notables de estas Variaciones. En el bodegón de “El Cardo” -quizá el más “luterano” (y misterioso) de todos los realizados por el pintor manchego nacido en Orgaz, Toledo, en 1560- se ven cuatro zanahorias (dos ellas en un estado poco saludable, y las restantes parecen seguir el mismo camino), y un cardo de contundente presencia. Las verduras se nos muestran “presentadas”, y ello es común a otros bodegones del autor, sobre lo que parece un quicio o ventana. Si bien el fondo es de una inquietante y negra oscuridad (rasgo igualmente común a otras naturalezas muertas del artista), la potente luz que viene desde la izquierda consigue la visibilidad de contrastadas sombras, pero que en realidad son, como el bolero, “sombras nada más, entre mi amor y tu amor”. Que no es poco. Pues bien, a partir de tan humildes y ascéticas viandas que parecen surgir con el refinado ritmo de la estructura compositiva (se ha hablado de la música en la pintura de Sánchez-Cotán) es donde los artistas invitados a la muestra han creado lo que yo definiría como “paradojas de la representación”, y tantas paradojas, lógicamente, como obras presentadas. Es más, y ello demostraría una paradoja de gran calado, pues si con anterioridad he calificado de “luterano” al muy cartujano bodegón del cardo, se diría que casi todos los artistas han optado por “barroquizar” la estructura formal que vemos en la radical depuración expresiva que realiza Sánchez Cotán en sus bodegones. Nos encontraríamos entonces, en estas cincuenta creaciones con medidas muy cercanas, muchas de ellas, a las del Bodegón del Cardo (62x82), ante una intensidad del acontecimiento y la representación como artificio; ante el arte como naturaleza salvaje que siempre termina por encontrar una grieta desde donde ser y significarse. Nos encontramos, en definitiva, ante una Alegoría multiplicada por cincuenta ofrendas alegóricas; y toda alegoría, no lo olvidemos, es siempre el locus del enfrentamiento entre dos realidades antagónicas que no pueden ni desean ocultar su mutua atracción: la Alegoría es un cruce de deseos, una encrucijada de fuerzas pasionales. Es en este jardín de senderos que se bifurcan donde se establecen las múltiples paradojas de la representación que, insisto, son, para quien escribe este texto, la nota dominante en estas Variaciones que contemplamos a la vez que escuchamos. Y si esa nota dominante es formalmente “barroca” (irónico barroquismo del siglo XXI, claro está), no lo sería tanto, y como es de suponer, por la exhaustiva e inabarcable utilización de medios y materiales empleados, o por la incuestionable variedad de disciplinas servidas, o por las innumerables estrategias de composición a la que los artistas han recurrido, pues ese barroquismo (elimino ya el entrecomillado) es plenamente conceptual, pero a la manera que lo interpreta y expresa la filósofa argentina Nelly Schnaith en su soberbio ensayo Paradojas de la representación. Dice así, interrogándose: “¿Cómo se mezclan en la representación la inteligibilidad y lo que excede, amenaza o socava esa inteligibilidad? ¿Cómo se filtra en el trabajo de ordenación del código la obra perturbadora del deseo?” (1). Tres son los argumentos que en estas interpelaciones focalizamos para una mejor comprensión de ese “barroquismo conceptual” que encontramos, o así me lo parece, en estas Variaciones: ¿cómo hacer inteligible (lo propio) a partir de una demostración creativa (el bodegón del cardo) sancionada por la Historia y su mejor Arte? ¿Cómo ordenar tu propio código artístico dentro de una estructura más poderosa (el motivo de inspiración o la nota dominante)? ¿Y dentro de ese código (propio y ajeno) dónde situamos la violencia del deseo (tan necesario, tan arquitecto de uno mismo), pero que todo lo altera, transforma y perturba? Son argumentos, en efecto, pero también son interrogaciones de complicada respuesta. Quizá encontremos una posible respuesta siendo conscientes de que la vida es un centro frágil e inquieto donde las formas artísticas contribuyen a hacer más llevadera la fragilidad, en efecto, de la propia existencia. Estoy convencido que estas Variaciones (su múltiple y variada exuberancia formal y conceptual) son creativos reflejos de la humana fragilidad y sus deseos, siquiera sea como productivo y necesario antídoto contra la propia inestabilidad de la existencia. Sofisticados ejercicios de seducción visual y mental para retrasar todo lo que más podamos el convertirnos, como majestuosamente dijo un estricto contemporáneo de Sánchez Cotán, “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada” (2). (1) Nelly Schnaith, Paradojas de la representación, Café Central – Línea de Fractura, Barcelona, 1999 (2) Luís de Góngora, A la mujer joven. Luis Francisco Pérez Madrid, junio del 2021

 

 

Entrada actualizada el el 20 jul de 2021

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