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Alfredo Boulton, 9-9-1987 / Sandra Bracho / Colección Archivo El Nacional

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Nacimiento: 1908 en Caracas, Distrito Federal, Venezuela
Fallecimiento: 1995 en Caracas, Distrito Federal, Venezuela
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Publicada el 11 oct de 2016      Vista 341 veces

Descripción del Artista

Fotógrafo y crítico de arte. Hijo de John Boulton Rojas y Catalina Pietri Paúl. Muy joven escribió obras de teatro (Por la patria, 1918; Chistes caraqueños, 1919; Teresa Mosel o la hija del molinero, 1919). En 1920 viaja a París, donde un tío, Henry Lord Boulton le regala su primera cámara, una Kodak Vest-Pocket. Entre 1922 y 1925 estudia en Lausana, Suiza, y, desde 1925 hasta 1927, en Inglaterra. Conoce la obra fotográfica de Man Ray, Strand, Brassaï, Stieglitz y Steichen. Regresa a Venezuela en 1928. Boulton inicia sus trabajos fotográficos a los 20 años a partir de experimentos surrealistas vistos en París, con escenografías construidas e imágenes que buscaban reconstruir el hieratismo de Pisanello, la atención visual de primeros y segundos planos de la perspectiva. En 1930 filma Las cuitas del joven Werther con su primo, el escritor Arturo Uslar Pietri. De esta época es Mi ventana (1931), donde exploró la abstracción a partir de una foto naturalista. Boulton no abandonará la cámara Rolleiflex de negativos 6 x 6 ni las características particulares del blanco y negro, con el cual logrará facturas inigualables. Entre 1932 y 1936 trabaja el desnudo: Una noche en el monte Calvo (1932), Blanca (1934), Girasoles (1935) o La salamandra (1935), lo descubren como un refinado observador, y entre 1932 y 1934 se apropia de la imagen de Armando Reverón, sobre quien se detendrá también como crítico de arte. En 1934 inicia su serie sobre el Cementerio de los Hijos de Dios, tema cercano a los pintores del Círculo de Bellas Artes. En 1936 recibe dos menciones especiales en la "Exposición de arte fotográfico" realizada en el Ateneo de Caracas con Fábula y L'apliquée d'Eluard. Boulton trabaja el paisaje de los Andes venezolanos con una técnica pictórica, como en El valle del Motatán (1939). En 1937 contrajo matrimonio con Yolanda Delgado y se residencia en Maracaibo. A comienzos de los años cuarenta trabaja su serie sobre la isla de Margarita: "a diferencia de los Andes donde el paisaje es el dueño, en Margarita es el hombre quien domina la escena (Padrón Toro, 1993, p. 39). En 1941 la revista U.S. Camera Magazine (nº 15, Nueva York) publica una foto de Boulton y en 1943 participa con 4 fotografías en "New Photographers" en el MOMA. En 1946 instala su taller en la esquina de Solís, donde permanecerá nueve años; y en 1949 participa en la "Primera exposición de fotografía latinoamericana", en la Unión Panamericana de Washington. Como otros fotógrafos de su generación, Boulton se acercó al folclor local, como en Eladio Montiel (1943), donde el horizonte como fondo organiza y recorta las figuras; las nuevas imágenes urbanas de la recién inaugurada urbanización El Silencio; el tema de las cárceles, en el que destaca su serie de La Rotunda (colección BN) o imágenes de estudio con una inusual carga simbólica y estética, como El sueño del rey Miguel (h. 1938). Boulton fue retratista excepcional de los artistas e intelectuales más relevantes de su época y uno de los primeros fotógrafos venezolanos en realizar fotos aéreas, durante la expedición del Autana en 1950. Tempranamente comentaba Guillermo Meneses: "si pretendiéramos examinar las características de la obra de Boulton tendríamos que hacer mención especial de la simplicidad patente en todas y cada una de sus realizaciones. Como quiera que luces y sombras son las formas expresivas del fotógrafo, muchos de éstos tienden a crear artificiosamente un mundo extraordinario de sombra y de luz. Boulton conoce perfectamente el manejo de los reflectores y las posibilidades de los contrastes, negros y blancos; pero precisamente porque domina la técnica fotográfica, sabe lograr naturalidad en lo que, a fin de cuentas, es resultado de recias disciplinas y definido conocimiento del trabajo" (1982, p. 45). En 1949 hizo fotografía en España, como su notable Muera la inteligencia, y a comienzos de los años cincuenta en Grecia y Egipto, imágenes que lo asocian a la historia clásica de la fotografía, como en Las pisadas del Partenón (1950) o Los pies de Amenhotep, Karnak (1952). De 1952 es su retrato del Diamante Negro, realizado a color. Como un homenaje a los maestros de la modernidad la Galería El Daguerrotipo de Caracas abrió sus puertas con una muestra de Boulton y Paolo Gasparini en 1985. Una de las singularidades de Boulton ha sido la de crear con sus fotografías conjuntos narrativos en libros como Imágenes del occidente venezolano (Nueva York: Tribune Printing Co., 1940; con textos de Arturo Uslar Pietri), Los llanos de Páez (París: Draeger Frères, 1950), La Margarita (Barcelona: Seix Barral, 1952; reeditado en 1981) e Imágenes (Milán, Italia, 1982). Por otra parte, sus fotos han acompañado libros excepcionales: La niña de la calavera de Carlos Augusto León (Caracas: Litografía del Comercio, 1948), La mano junto al muro de Guillermo Meneses (París, 1952), Tierra venezolana de Arturo Uslar Pietri (Madrid: Edime, 1953), Viaje al frailejón de Antonia Palacios (París: Imprimerie des Poètes, 1955), Tirano de sombra y fuego de Vicente Gerbasi (Caracas: Tipografía La Nación, 1955) y otros como El arte en la cerámica aborigen venezolana (Milán, Italia, 1978), El arte en Guri (Milán: CVG-Ediciones Macanao, 1989) y La cromoestructura radial Homenaje al Sol (Milán: Seguros Lara-Ediciones Macanao, 1989). Como crítico de arte, Boulton se inició en 1933 en El Universal firmando como Bruno Plá, y al año siguiente firmaba Bernardo Pons en crónicas publicadas por Élite; en 1935 fundó, con Arturo Uslar Pietri, Pedro Sotillo y Julián Padrón, la revista El Ingenioso Hidalgo. En 1955 organizó y presentó la gran exposición retrospectiva de Reverón en el MBA, y en los años sesenta organizó y documentó exhaustivamente exposiciones de Juan Lovera (1960) y Juan Pedro López (1963) para el MBA, iniciando sus estudios críticos sobre la pintura colonial venezolana, de la cual podría considerarse un descubridor; además inició la publicación de su Historia de la pintura en Venezuela. Período colonial (1964) y en 1966 publicó notables monografías sobre Camille Pissarro, Reverón y Alejandro Otero. En 1968 apareció el segundo tomo de su canónica Historia de la pintura en Venezuela. Etapa nacional, que fue concluida en 1972 con la publicación del tercer tomo, dedicado al período contemporáneo. Boulton ha sido uno de los estudiosos más atentos de la obra de Rafael Monasterios, sobre quien publicó una monografía en 1969, así como de Jesús Soto (1973), Carlos Cruz-Diez (1975) y Francisco Narváez (1981). En 1985 organizó en el MACC la primera exposición sobre el Pintor del Tocuyo, que fue acompañada con la publicación de un libro. Individuo de número de la Academia Nacional de la Historia desde 1959, fue editor del Boletín Histórico de la Fundación Boulton (1962-1972). La GAN posee una importante colección de fotos de Boulton que incluye, entre otras, una secuencia de Reverón pintando a Luisa Phelps. Tras su muerte, el archivo fotográfico de Boulton fue adquirido por la Fundación Vollmer. En 1995, Ascanio Editores publicó una importante selección de fotografías de viajes. Sobre su obra ha subrayado Antonio Padrón Toro: "el artista sigue, marca, señala, manipula nuestro ojo a la línea extremadamente suave y sensual llegando a un erotismo natural en sus paisajes, en sus pieles, en sus rostros, en sus piezas arqueológicas. Disfruta de la luz, de la sombra de sus imágenes, goza de sus perfiles, sinuosidades " (op. cit., p. 73). Por su parte, María Teresa Boulton ha señalado que "en las fotografías de Alfredo Boulton observamos una notable inclinación a resaltar, con la ayuda de filtros, el contraste del cielo y las nubes donde el ser humano está ubicado en esa posición 'ideal', característica de las imágenes de la fotografía internacional de la época. Este encuadre donde Boulton coloca al hombre o a la mujer en muchas de sus fotografías, representaba el símbolo que trasciende la historia retomando los antiguos valores de la Esencia. El significado simbólico que adquieren estas imágenes, concebidas de tal forma, puede ser asociado, por su intención idealizante, con las antiguas alegorías fotográficas inspiradas de la pintura clásica. Esta vez, no obstante, la imagen es más directa y está tomada de una situación 'natural' y vital" .

Actualizado

el 11 oct de 2016

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