El hierro, representa el Quijote que todos llevamos dentro. La lucha contra la dureza. El esfuerzo ha de ser por algo, aunque no, por esto, ha de ser por lo que las demás personas consideren necesario y normal. Allí donde los otros ven eso: hierros viejos, yo veo mis molinos de viento, mis sueños, mis ideas, en definitiva: mis obras.
Así como el Quijote, sale en busca de aventuras, yo salgo a descubrir el espíritu del hierro. De mis hierros.
Cada encuentro con nuevo material, es el inicio de una nueva aventura, de un nuevo descubrimiento.
Tengo que ver, que escuchar lo que me dicen estos hierros, para así poder realizar la interpretación que me llevara, sin dibujo, sin boceto previo, a una nueva aventura, a un nuevo descubrimiento. A plasmar las sensaciones que me produce.
Como un vidente, que va captando retazos de una "realidad", pretendida o falsa, yo, intuyo su espíritu, su esencia. Su fuerza me da mi fuerza, me seduce con su esencia, su color, su tacto, y tengo necesidad de tocarlo, forzarlo, moldearlo, y lo que es más importante: DISFRUTARLO.
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