Manuel Barbero
Evento finalizado
15
jun 2012
31
jul 2012

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Cuándo: 15 jun de 2012 - 31 jul de 2012
Inauguración: 15 jun de 2012
Dónde: Nuevoarte / Montecarmelo, 52 / Sevilla, España
Organizada por: Nuevoarte
Artistas participantes: Manuel Barbero Richart
Publicada el 03 jun de 2014      Vista 179 veces

Descripción de la Exposición

Es una mirada múltiple hacia la naturaleza a través de la pintura, la escultura y la instalación.

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En sus últimos trabajos el artista se ha centrado en la naturaleza como metáfora, recuperando distintas miradas y actitudes frente a ella: desde la que podría tener un botánico recolector, pasando por la disciplinada del científico, hasta la que podemos considerar más anclada en nuestras despreocupadas experiencias infantiles.

 

La exposición la conforman un conjunto fragmentado de estas miradas en apariencia distantes entre sí pero con un punto de encuentro determinante: la curiosidad por el mundo natural. Es esta curiosidad la que entrelaza los territorios de lo mundano con lo sobrenatural, lo real con lo ficticio, lo científico con lo ritual...

 

En alguna de las capturas que se presentan se ha querido detener la mirada en lo nimio para elevarlo a la categoría de lo relevante. Los charcos, piedras, sombras, musgos, cráneos, cardos y plantas extrañas o las inexistentes arpías que pueblan los territorios de lo invisible son presentados en esta exposición como los grandes protagonistas de la aventura de la naturaleza. Las grandes estrellas de lo natural como son las bellas estampas de las cataratas Victoria, leones saltando sobre cebras u orquídeas de colores exquisitos, dejan espacio aquí a lo que pasa más inadvertido a nuestra mirada en los diversos reinos naturales.

 

Las piezas expuestas son un guiño a lo cercano y, por ende, a identificarnos con lo cercano. Todos hemos pisado alguna vez un charco, nos hemos referido con desprecio a ese extraño cardo con el que nos hemos pinchado al intentar cogerlo, hemos jugado a tirar piedras a un estanque sintiendo la ilusión de que en su rebote flotaban sobre la superficie o hemos deseado despegarnos de nuestra propia sombra una mañana soleada de verano. Esos pequeños actos tan cercanos, tan cotidianos, tan intrascendentes pero a su vez tan especiales, tan de un momento de nuestras vidas, subyacen en cada una de las piezas presentadas.

 

Evidentemente en ese guiño a lo cercano también se reivindica un papel en el teatro de lo trascendente. Ese que entronca con las bellas estampas de la naturaleza antes referidas o con esa cierta visión épica con la que algunos libros o documentales han referenciado el mundo natural, y que, en sus títulos, incluían adjetivos que atrapaban la atención de un público joven como si se fuese a sumergir en una gran novela de aventuras: animales salvajes, sorprendentes criaturas, insoldables selvas, peligrosos reptiles, seres maravillosos, fabulosos reinos vegetales y minerales. En esa naturaleza como un espacio mágico, sorprendente y lleno de misterios se nos presentaba la simple subsistencia como lo que seguramente es: una gran hazaña cotidiana.

 

El artista presta atención a lo (aparentemente) intrascendente porque, muchas veces, sobre ello se edifica lo que consideramos sustancial. Es una atención filtrada por el sentido del humor, que es el mejor instrumento para acercarse al conocimiento. En la naturaleza encontramos mucho sentido del humor y puede ser interesante apoyarse en él para suavizar la enorme carga de dramatismo que parece rodear nuestra existencia.

 

Es precisamente ese prisma del humor desde el que deben interpretarse obras como Charcos de España, Sombras de pájaros enjauladas, Estudio de la ingravidez, Plantas cardo, Arpías o Cultivo de mandrágoras. Todas las piezas refieren al encuentro con la naturaleza, unas se aproximan al experimento del que quiere ir más allá de lo probable como son Sombras de pájaro enjauladas o estudio de ingravidez; otras se acercan a una labor taxonómica de lo irreal como arpías, plantas cardo o cultivo de mandrágoras; y otras recuperan parcelas de una naturaleza real de la manera en que un arqueólogo recuperaría para el museo de la vida los recuerdos de infancia de una naturaleza idealizada, como en charcos de España. En alguna de estas piezas el apoyo de lo literario sustenta la lectura del trabajo mientras que en otras, la pieza vuela más libremente.

 

Manuel Barbero no ha querido tampoco renunciar a la poesía, ni dejar pasar la oportunidad de reivindicarla como una de las grandes armas para luchar contra la banalidad. 'Aunque intento huir de lo banal, reconozco que, en algunas ocasiones, la banalidad puede esconder la posibilidad de reflexionar sobre cuestiones más profundas. Es algo así como cuando nos quedamos mirando una lata de refresco flotando en mitad de un charco y acabamos pensando en la importancia de una actitud ética y activa frente a la crisis global. Hay veces que tras lo superfluo se esconde lo necesario, por eso cuando intento escapar de la banalidad me siento sobre ella esperando a que se transforme en algo, incluso en una silla'.

 

Actualizado

el 26 may de 2016

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