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Marta S. Luengo, Pero aún veo (detalle), 2008. Resina epoxi policromada, metacrilato y hierro. 134 x 180 cm x 120 cm. — Cortesía de la Galería BAT Alberto Cornejo
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mar 2020
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Cuándo: 13 mar de 2020 - 09 may de 2020
Inauguración: 13 mar de 2020 / 19:30
Precio: Entrada gratuita
Dónde: BAT-Alberto Cornejo / María de Guzmán, 61 / Madrid, España
Organizada por: Galería BAT Alberto Cornejo
Artistas participantes: Diego Benéitez Gómez, Marta Sánchez Luengo
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Publicada el 10 mar de 2020      Vista 20 veces

Descripción de la Exposición

En esta ocasión, la Galería BAT Alberto Cornejo presenta el que ya es su décimo diálogo con las obras de los artistas Marta S. Luengo y Diego Benéitez. En este diálogo, se pone en juego la suspensión del tiempo, confluyendo por un lado las esculturas de la artista, y por otro los paisajes del pintor zamorano. Ambos proyectos nos trasladan a una realidad artística muy acotada, a un estado emocional muy concreto donde reflexionar acerca del espacio y nuestro lugar en él. Por un lado, “Instantes acontecidos” pretende mostrar ese impase en el que a veces nos encontramos en los momentos de espera y cavilación. Por otro, en “El presente del pasado”, el pintor crea a través de la línea de horizonte un equilibrio que invita a la contemplación por parte del espectador. El sosiego y los lugares retratados en esta exposición serán la perfecta síntesis para con una muestra que jugará con quien quiera ver y sentir. ----------------------------------- “El presente del pasado”, Diego Benéitez El pasado no es solo aquello que tuvo lugar una vez y ya no volverá. Es también una parte importante de lo que conforma nuestro presente: a veces, lo hace en forma de memoria y de recuerdo; en ocasiones, a modo de trauma o síntoma. En cualquier caso, la experiencia subjetiva del tiempo escapa siempre de esos cajones estancos e inflexibles que hemos denominado presente, pasado y futuro. El artista Diego Benéitez (Zamora, 1986) tiene un posicionamiento muy lúcido a este respecto, y es consciente de que no es posible hablar con coherencia del arte visual sin introducir la cuestión temporal. ¿Cómo hablar, por ejemplo, de pintura sin aludir a los tiempos de lectura de la imagen? Su nueva exposición, que lleva por título El presente del pasado, reivindica la memoria evocadora de lo que ha ocurrido; pero no se trata de recuperar situaciones complejas en su narrativa, sino de poner el acento en la sencillez de lo cotidiano: el silencio del campo, el cielo despejado, el azul de la mañana o el gris de un día nublado. En definitiva, momentos ajenos a ese tiempo productivo, tecnológico e histórico que domina nuestra relación con el entorno; instantes de apariencia intrascendente pero cuya singular belleza genera un importante poso en la retina del artista. No estamos, por tanto, ante una pintura sustentada en un ejercicio de representación inmediata, sino ante la reconstrucción meditada de un registro que ha quedado sujeto en la memoria. Benéitez pertenece a una genealogía de artistas que abordan su reflexión estética a partir de variaciones infinitamente refinadas sobre un tema único y sencillo: los nocturnos de Whistler, los pajares de heno de Monet o los campos de color de Rothko podrían ser los momentos álgidos de esta exploración típicamente moderna. En el caso del artista zamorano, su propuesta también se construye en torno a una misma estructura compositiva e iconográfica: por un lado, define amplios espacios naturales donde la luz y la atmósfera dominan sobre la materia terrestre; por otro, establece una línea de horizonte formada por vibrantes arquitecturas que, además, articulan la escala del paisaje; y, finalmente, emplea una paleta de color siempre armónica, cuya belleza radica tanto en las intensidades de los matices como en la sutileza de las gradaciones. Pero esta exploración también le ha llevado a plantear otras perspectivas, como ocurre en sus últimos trabajos donde las cumbres nevadas de las montañas adquieren una inusitada presencia. Pero, por encima de cualquier descripción orográfica, lo que sigue predominando en estas obras es una férrea investigación sobre el tiempo, la memoria, la luz y el color. Porque el de Benéitez es un discurso que no opera en el estéril debate sobre los límites entre lo abstracto y lo figurativo: al contrario, su trabajo es una indagación sobre las capacidades de los procedimientos pictóricos para rememorar las emociones y, en consecuencia, para emocionarnos. Carlos Delgado Mayordomo Crítico de arte ----------------------------------- “Instantes acontecidos”, Marta S. Luengo La obra artística de Marta S. Luengo se inicia a mediados de los años noventa, y su evolución corre en paralelo con la redefinición de los espacios sociales que ha tenido lugar en las últimas décadas. En este sentido, su producción se ha mostrado especialmente sensible a su propio contexto, determinado por una nueva concepción del tiempo y del espacio en los ámbitos de convivencia. Por un lado, nuestra época se caracterizaría, a decir de Gilles Lipovetsky, por un «temporalidad hipermoderna»1 caracterizada por la inmediatez y la instantaneidad, que suprime la transición y los intervalos. Por otro, Marc Augé diferenciará con lucidez los «lugares» de los «no-lugares»1, es decir, señalará una importante distinción entre escenarios positivos, con un fuerte valor específico e identitario, y los escenarios negativos, anónimos, genéricos e intercambiables. Ambos conceptos son importantes a la hora de aproximarnos al trabajo de Sánchez Luengo, cuya reflexión interpela de manera crítica esa concepción del tiempo anclada en el aquí y en el ahora, en la productividad y en la monocronía. Sus figuras, por el contrario, se sitúan en un constante intervalo, en una espera íntima a través de la cual intentan escapar del rigor de la inmediatez. Algunos de los espacios que la artista construye para ubicar a sus personajes son estaciones de tren o paradas de metro: precisamente, arquetipos de esos no-lugares que Augé identificó con los espacios de tránsito, y donde los encuentros son casuales, infinitos y furtivos. Es precisamente allí donde la artista localiza la posibilidad de articular un no-tiempo, o unos tiempos muertos que escapan a la productividad. Junto a esta dimensión conceptual, la producción de Sánchez Luengo se sustenta en un sólido trabajo técnico: sus esculturas integran con rigor el estudio del cuerpo humano y de sus posturas, lo que se resuelve en un sabio ejercicio de modelado y de aplicación de la pátina cromática. Estas figuras suelen posicionarse dentro de estructuras determinadas por lo geométrico y que enmarcan simbólicamente su posición ante el mundo: en ocasiones, estos ámbitos se convierten en celdas que limitan el margen de movimiento; en otras, se transforman en pedestales desde los cuales ampliar la mirada y las perspectivas de la realidad. Esta integración de figura y marco es esencial en unas obras que poseen un marcado carácter escenográfico, y donde la luz y los juegos de sombras determinan una parte importante de los muchos matices, exquisitamente elaborados, que la artista integra en sus composiciones. Carlos Delgado Mayordomo Crítico de arte

Actualizado

el 23 mar de 2020

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