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© Mar Arza. UN DÉ TOMBE TOUJOURS DU MÊME COTÉ. 2020 — Cortesía de RocioSantaCruz
17
sep 2020
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nov 2020

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Cuándo: 17 sep de 2020 - 21 nov de 2020
Inauguración: 17 sep de 2020 / 10:00
Horario: De jue. 17 a sáb. 19 sept. / 10 - 20 h Dom. 20 sept. / 10 - 15 h
Precio: Entrada gratuita
Dónde: RocioSantaCruz / Gran Vía de les Corts Catalanes, 627 / Barcelona, España
Organizada por: RocioSantaCruz
Artistas participantes: Mar Arza
Eventos relacionados: Barcelona Gallery Weekend 2020
Publicada el 07 jul de 2020      Vista 33 veces

Descripción de la Exposición

RocioSantaCruz tiene el placer de presentar la segunda exposición individual de la artista Mar Arza (Castellón de la Plana, 1976) en la galería, con motivo esta vez del Barcelona Gallery Weekend, evento anual de carácter internacional centrado en el pensamiento y la cultura contemporáneas. Mar Arza Le Hasard Jamais El título de la exposición parte del poema de Stéphane Mallarmé: Un coup de dés jamais n'abolira le hasard. Un poema que fue publicado en 1897, en el que la composición se dispersa en la página, el texto se desliza y retrocede por el amplio vacío. La tipografía es variable. Las metáforas del proceso creativo afloran en inestable equilibrio. Las palabras juegan a la multiplicidad de su sentido. No hay convención que ayude a reseguir la suspensión de la línea. No hay tampoco puntuación. Las respiraciones deben improvisarse con la mudez del espacio. Si bien el inicio se sitúa en este poema, podemos convenir que el azar ha provocado que las hojas sueltas den un vuelco brusco y, en una ráfaga de aire fresco, se organicen en nueva sucesión. Las palabras del poema, lanzadas a su suerte, comienzan un nuevo encabezamiento: Le Hasard Jamais N'Abolira..., del cual su última expresión es una marca inscrita en el papel como marca de agua. La marca de agua se produce por contraste de materia en las fibras del papel. Se percibe básicamente al trasluz. De esta forma, el final del poema es una última palabra clave, que se inscribe en el mismo papel formando parte de su misma materia. No es evidente, sino que viene implícita. Por tanto, su lectura completa requiere de la luminosidad adecuada y quizás ello se relacione con un destello de lucidez: un momento del día concreto, la suerte del día soleado o la invisibilidad en un día nublado. La lectura condicionada a las circunstancias podría ser una clave de interpretación, no sólo en el apremio de luz, también de movilidad. Las páginas componen un poema a cuatro bandas, que debe ser reseguido en su perímetro. Cada página que vamos transitando se desajusta de la cara unívoca de la realidad. Volvemos al inicio y el significado ha cambiado. Podríamos decir entonces que el poema dado, es una estructura fija de control que colisiona con el azar. Hay dados que caen siempre del mismo lado. Hay azares que no surgen precisamente por azar. Este poema dado resigue implícitamente un abrupto recorrido por los huecos de la historia, auténticos territorios de la desaparición, que como signos de un terreno baldío esperan su fértil recuperación. Dado que el poema de Mallarmé es el espacio de la ambigüedad y las múltiples interpretaciones, éste juega con el porvenir. Bajo la mirada contemporánea, la lectura presente que realizo reseña el espacio metafórico de colisión entre emancipación y patriarcado. El apremio del cambio provoca enfrentamientos por los cuales los grupos minorados (que no minoritarios) se autorizan y suscitan nuevas realidades sociales; donde la consecución de la voz minorada es el verdadero disparo fundacional del sujeto político de la modernidad. Atribuir el reconocimiento de la modernidad a una conquista estética de un poema espaciado y de exclusivo mérito individual y masculino, es asolar de nuevo parte de la cosecha. El verdadero quiebro moderno es la destitución del centro; el descalabro de la universalidad de la parte que habla por el todo. Procede asolar para tocar suelo, no para cicatear las capacidades creativas y pensantes de todas aquellas partes descartadas del genérico; calificadas como lo Otro, lo Segundo. De ello se deduce el necesario altercado en la sucesión de las palabras heredadas; el sobresalto moral en las contribuciones consolidadas; la imprescindible disputa del centro y sus autorías subyacentes. El recorrido por las distintas obras que pueden verse en la Galería RocíoSantaCruz muestra al fin y al cabo la sinonimia entre un término aparentemente nítido como es el azar, y un sistema fijo continuo que condiciona la administración de suertes. Las cartas vienen marcadas; los papeles sobre los que escribimos nuestro presente vienen marcados; y es esta marca una armadura estructural que, de tan asimilada, apenas sin ruido, es rumor de fondo. La trampa está en atribuir al azar un problema sistémico de desigualdad que condiciona, que sigue condicionando, el avenir de individuos de géneros, orígenes o condiciones diversas. Como la planta de acanto que expulsa sus semillas con estruendo y a distancia considerable, germinan alrededor varias series de trabajos directamente emparentados que matizan, expanden o contraponen las resonancias del poema. Estas obras exponen la perspectiva vertical de los significados de las palabras. Muestran su perfil espinoso y de esta forma, sin azar alguno, ironizan acerca de la construcción de sentido, y la simplificación que la historia ha venido perfilando. Hay una acepción de la palabra SUERTE, que se refiere a la tierra: 11.f. Parte de tierra de labor, separada de otra u otras por sus lindes, puede leerse en el diccionario. El vínculo de la tierra con el fruto que puedas obtener de ella, confiere a la palabra la potencialidad del trabajo, que no siempre se veía recompensado. Suertes lanzadas a su suerte. Trabajos arduos expuestos a la intemperie. En la serie SUERTES, se concentran los fragmentos de tierra de labor, espacios cultivados y cultivables. Al final de la página, donde termina un capítulo con una frase final en suspense, se concentra ese espacio ya presente de blancos latentes, a la espera de resonancia. Los espacios en blanco de la página ya estaban presentes en el texto impreso. Solo cuenta con la opción de engrandecerlos aquel que parte de la libertad de acción. En cambio, aquella que vive en la restricción, trabaja con aquellos espacios encontrados, ya presentes —aquellos en los que acostumbras a encajar el cuerpo—, los únicos permitidos como transgresión. Trozos de tierra de cultivo que dan, de vez en cuando, la excepcionalidad —la suerte— de un reconocimiento fulgurante, en medio de la excepción. Suertes que no dan la medida de la norma por defecto, sino el estado de excepción que acompaña a su demarcación. La puntuación es también un signo de orden, de correcto funcionamiento del sentido y la separación. En el poema de Mallaré desapareció toda puntuación para dar libertad a las uniones de sentido que las frases fragmentadas dejaban abiertas. El blanco da la medida de la pausa en la articulación sintáctica o en el ritmo de la lectura. En la serie LINDES el juego con la puntuación espejea su contrario. La puntuación se multiplica. Cada punto y aparte, deja colgado un fragmento de texto y un punto. Cada punto y aparte se enlaza con el siguiente construyendo una continuidad narrativa. Son términos que no terminan, son fines que se enlazan, se enraman uno con otro, se emboscan, se enzarzan en la visión del fin de un límite, sin alcanzarlo. La separación en células domésticas ha impedido tradicionalmente el sentimiento de colectivo de las mujeres. Punto y aparte. Cambio de tema. Realidades equivalentes en parágrafos que no se tocaban. La labor de articular los puntos dispersos o aislados tiene el valor de ensartar los puntos en un mismo hilo; inscriben un relato compartido; acuden al rescate de una estrategia colectiva. Apuntan y disparan a la historia. Apuntalan un contexto que explica causas. Puntualizan un destino. A tal punto que, como puntales, sostienen un futuro abierto a la escritura. La marca de agua condiciona el soporte sobre el que construimos el texto. La serie de ESTADOS TRANSPARENTES ahonda en la materia de la hoja, escarba en su estructura de fibras para ver si es posible desmarcar el papel, extirpar la marca de agua inscrita en sus entrañas. El soporte reduce su grosor, se afina, roza la transparencia. Y con esta búsqueda, se persigue trascender el estado de cosas asentado en la página escrita. El poema es un espacio experimental de trascendencia. Como decía Clarice Lispector, en él se concede, embarranca, se abisma, se sostiene la lucha continua “entre la palabra y lo que no es palabra”. Mar Arza, septiembre 202

Actualizado

el 16 sep de 2020