Concha Martínez Barreto — Cortesía de la artista
Evento finalizado
10
dic 2020
23
ene 2021

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Cuándo: 10 dic de 2020 - 23 ene de 2021
Inauguración: 10 dic de 2020
Precio: Entrada gratuita
Dónde: Charlie Smith London / 336 Old Street, 2nd Floor / London, London, City of, Reino Unido
Organizada por: Charlie Smith London
Artistas participantes: Concha Martínez Barreto
Etiquetas:
Publicada el 21 dic de 2020      Vista 112 veces

Descripción de la Exposición

Letters I didn´t writte –la exposición de Concha Martínez Barreto en la galería londinense CHARLIE SMITH LONDON- es un trabajo que parte de lo biográfico y la memoria para ahondar en los mismos temas que subyacen en toda su producción: la dificultad del decir, los afectos, las heridas, los miedos... Este proyecto parte de unas cartas, originariamente escritas por una madre a un hijo en 1943, que conforman el díptico ‘A letter to the son and a letter to the daughter’, en el que los viejos textos dan pie a la artista para reescribirlos y hablar de su propia historia, quitando de alguna manera lo superficial para llegar al fondo, a lo descarnado. Las palabras reinterpretadas de otra persona hablan de la dificultad de legitimar la propia voz, poniendo de manifiesto un subtexto oculto, hasta ahora no revelado. El trabajo de Martínez Barreto en otros medios parece seguir una estructura similar, mediante la apropiación de viejas fotografías anónimas que la artista reinterpreta. En sus pinturas, distintos personajes que aparecían aislados en antiguas fotos, aparecen ahora formando extraños grupos, que parecen convocados a un encuentro en una especie de paradójica comunidad de solitarios reunidos en unas estancias inquietantes o en paisajes que con mucha dificultad podrían llamarse hogar o tierra natal. Llenas de misterio, sus pinturas parecen contener multitud de significados ocultos y, como en las cartas, se pone de manifiesto esa tensión entre el deseo de contar y el silencio. Las miradas que se cruzan sin encontrarse, el que algunos personajes miren hacia un fuera de campo, el que parezcan observar algo que no está en la escena o se encierren en una especie de aislamiento, hace pensar en la idea de mundo irrecuperable, de un espacio –el de su propio encuadre u origen en diferentes fotografías- que no puede evocarse, pero que en cierta medida está presente en su ausencia. Con un profundo carácter autobiográfico, constante en toda su obra, la artista presenta en el centro del espacio de la galería una escultura en madera de tilo de un gorrión muerto, concebido como un autorretrato, del tamaño similar al de una persona acurrucada. El pájaro ha aparecido en numerosas ocasiones en el trabajo de Martínez Barreto: personajes que se comen uno, aves que pasean por una habitación como intrusos de lo exterior, de los impulsos encerrados o que aparecen como testigos de las escenas. Hay un evidente simbolismo en las aves en todas las culturas a lo largo de la historia que las ha hecho representar la libertad, la alegría, el retorno de la primavera. Aquí, el pájaro caído –de 130 cm- muestra la fragilidad de todo esto; pero la escultura presenta una cierta ambigüedad al tener los ojos abiertos –unos ojos humanizados- aludiendo a un estado de latencia que mantiene abiertas todas las posibilidades, las de estar vivo y muerto a la vez. Sin duda estos ojos remiten a una tradición -que parte de la estatuaria del antiguo Egipto- en la que los difuntos se presentan con ellos abiertos, como si miraran con esperanza a una vida más allá de ésta. La importancia de la mirada queda de manifiesto también en las cuatro fotografías de su serie Estratos que se muestran en la exposición. A partir de cuatro pequeñas imágenes originales –la grieta de un glaciar, un pequeño túnel, una sesión de bondage o una lechuza comiéndose un ratón- Martínez Barreto construye unas piezas que hablan de los miedos y frustraciones, de la vida y la muerte. Hay algo en los huecos, -en las ventanas- que se abren en estas imágenes que permite verlas como desgarraduras, como heridas aún no cicatrizadas, como asuntos no dichos. Se establece así una conexión con la reflexión de Roland Barthes sobre la fotografía que parte también de una ausencia: de la evocación de algunas fotografías de su madre. “La cámara lúcida” termina con una reflexión del autor sobre las vías de la fotografía entre las que está la de que funcionen “haciendo volver hasta la conciencia amorosa y asustada la carta misma del Tiempo”. Como recuerda Fernando Castro en el texto del catálogo que se ha editado para esta exposición, Lacan ya señalaba que las cartas siempre llegan, sobre todo las que no se han mandado. Hay algo en las pinturas, fotografías y esculturas de esta artista que tiene que ver con ese deseo de decir, de mandar una carta y con las dificultades que entraña hacerlo.

Actualizado

el 21 dic de 2020
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