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Esther Ferrer, Extrañeza, desprecio, dolor y un largo etc., 2013. Colección “la Caixa” de Arte Contemporáneo © Esther Ferrer, VEGAP, Barcelona, 2018 — Cortesía de Obra Social "la Caixa"
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may 2019

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Publicada el 05 sep de 2018      Vista 263 veces

Descripción de la Exposición

La exposición recorre diversas maneras de representar las emociones en el arte a partir de obras de épocas y contextos diversos, incidiendo en piezas contemporáneas y en las similitudes entre distintos géneros y períodos. Alegría, miedo, pena, rabia. Las emociones son una parte fundamental de nuestra experiencia y determinan en gran medida las decisiones que tomamos individual o colectivamente. Por ello, la representación de los afectos ha sido motivo recurrente a lo largo de la historia del arte. La nueva exposición de CaixaForum Barcelona, Poéticas de la emoción, recorre algunas maneras de representar las emociones humanas en las artes visuales. El núcleo lo forman piezas contemporáneas —con una significativa representación de la Colección ”la Caixa” de Arte Contemporáneo— en relación con obras de otras épocas y contextos diversos. La muestra, comisariada por Érika Goyarrola y organizada y producida por ”la Caixa”, presenta un total de 44 obras que recorren los últimos 700 años de la historia del arte. Para ello ha contado con la colaboración del Museu Nacional d'Art de Catalunya, que ha cedido seis obras a la muestra, así como de otros 14 prestadores, entre instituciones, galerías y algunos de los propios artistas representados. Los nombres que conforman la muestra son Bill Viola, Joan Miró, Colita, Pipilotti Rist, Carla Andrade, Julio González, Esther Ferrer, Darío de Regoyos, Joaquim Mir, Enric Folgosa, Perejaume, Shirin Neshat, Manolo Millares, Bas Jan Ader, Esteban Jordán, Günther Förg, Ramon Padró Pijoan, Gina Pane, Iván Argote, Francesca Woodman y Jeremy Deller. Organizada y producida por ”la Caixa”, la muestra se enmarca en la voluntad histórica de la entidad de generar conocimiento y sensibilidad hacia el arte más actual. Dar a conocer la creación contemporánea rompiendo las barreras que a menudo la separan del público es uno de los objetivos de ”la Caixa” en el ámbito cultural; para ello, cuenta con la Colección ”la Caixa” de Arte Contemporáneo como principal herramienta. Poéticas de la emoción parte de los fondos de la entidad, aunque no se trata de una exposición exclusivamente de la Colección ”la Caixa” de Arte Contemporáneo. Cuenta con un total de quince prestadores para exhibir un total de 44 obras de 21 artistas. En este caso, destaca la colaboración del Museu Nacional d'Art de Catalunya, que ha cedido seis piezas, así como otras instituciones como la Fundació Joan Miró, el MACBA, Es Baluard - Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma, la Colección Corporativa Iberdrola o el Museo Nacional de Escultura, así como galerías, archivos y algunos de los propios artistas. El objetivo último del proyecto comisariado por Érika Goyarrola es resaltar la capacidad de conmover que tiene el arte contemporáneo frente a aquellas posiciones que lo sitúan en un terreno más racional o preeminentemente político. Así, la muestra ahonda en la forma en que el arte ha incorporado las emociones en su discurso a lo largo de la historia. Las obras seleccionadas muestran cómo son transformadas las emociones básicas comunes a la experiencia humana en emociones estéticas representadas por medio de gestos, signos y formas que sobreviven a lo largo del tiempo. La exposición se divide en tres ámbitos y presenta en cada uno ellos tres modos distintos en los que la emoción se ha mostrado en la historia del arte. El primer grupo ahonda en la emoción del sujeto a partir de la representación expresiva de los personajes protagonistas, a través de obras contemporáneas y piezas de arte religioso que expresan dolor o tristeza. El segundo presenta un conjunto de piezas en las que la emoción se expresa de forma metafórica gracias a la traslación del estado anímico del artista al paisaje y a la arquitectura representados. Finalmente, un tercer ámbito analiza la forma en que el arte se apropia de la emoción que vertebra el campo social, desde los movimientos sociales y la política hasta la esfera de la fiesta o las celebraciones populares. Estas obras tratan las emociones compartidas a partir de imágenes que representan la fuerza de la protesta o el gozo de la celebración. Más allá del espacio expositivo: danza, música y publicación gratuita Poéticas de la emoción se complementa con una serie de acciones y materiales que se aproximan a la relación de otras disciplinas artísticas con las emociones. Así, el jueves 21 de marzo, en «Esto no es una visita, con Toni Jodar», el bailarín descubrirá una nueva forma de percibir la exposición a través de la danza. Fuera del espacio expositivo, los ensayos de Gloria Guso y Maxi Gandul incluidos en la publicación que acompaña la muestra amplían la reflexión de la comisaria al ámbito del cine y de la música. Para esta última, se ha creado una playlist original que puede escucharse en el perfil de CaixaForum de Spotify. La dimensión sensible de las artes visuales Desde sus orígenes, las distintas disciplinas artísticas poseen la capacidad de generar emociones. Poéticas de la emoción prioriza esta dimensión sensible de las artes visuales que, desde el siglo XX, ha sido desplazada en numerosas ocasiones en favor de la presentación de una idea o de un razonamiento teórico. En la muestra, varias piezas correspondientes al arte religioso católico —del que en gran medida es deudora la iconografía de las emociones en Occidente—, como Descendimiento de la cruz (1500), señalan la pervivencia de las formas de expresión del pathos (dolor, compasión, tristeza) en el arte contemporáneo. El arte religioso, al subrayar la intensidad y el dramatismo de los sentimientos de los personajes representados, se caracteriza por la función transmisora de esos afectos al espectador, puesto que su objetivo era «con-mover» al fiel otorgando a la obra una percepción empática. El realismo de las expresiones de los protagonistas del vídeo The Silent Sea (2002), de Bill Viola, traza un vínculo directo con el de los personajes de diversas escenas religiosas, como el Calvario (1460). La quietud que caracteriza las silenciosas piezas de Viola, junto con el fondo negro y la luz teatral, revelan las expresiones de los personajes resaltando un amplio arco de emociones —desde la pena y el dolor hasta la ira y el miedo— en el que se observa el dinamismo del gesto y destacan intervalos de enorme expresividad. El motivo iconográfico de la Piedad (1850) representa igualmente el dolor y la pena, pero encarnados en la figura de la madre. El fotoperiodista Enric Folgosa recupera la iconografía religiosa —composición, gestos de llanto y desesperación de las mujeres alrededor del cuerpo sin vida del ser querido— en Funeral en Kosovo (1998) para mostrar el sufrimiento de la guerra. La recurrencia del llanto en el arte es evidenciada por un conjunto de tablas góticas denominadas Plañideros (1295), en las que los personajes vestidos de luto realizan gestos de pena y dolor: lloran, se arrancan el pelo y se arañan la cara. Estas expresiones se mantienen en el vídeo I’m Too Sad to Tell You (1971), donde el llanto en primer plano de Bas Jan Ader evidencia, como alude el título, la incapacidad para expresar de otro modo su pesar. Las lágrimas, símbolo y síntoma del dolor, y figura recurrente para expresar tristeza en el arte y la literatura, adquieren gran importancia en esta pieza, que estetiza las emociones propias y nos plantea la cuestión de la veracidad de la representación. La pieza Turbulent (1998), de Shirin Neshat, utiliza el poder de transmisión de la música para denunciar la prohibición de cantar en público que sufre la mujer en Irán. La rabia y la indignación se convierten en fuerzas capaces de rebelarse contra las formas de opresión. El grito de Montserrat (1940), de Julio González, refleja el sentimiento de impotencia originado por la injusticia y la represión provocadas por la Guerra Civil. Las manifestaciones son los lugares donde este tipo de emociones se legitiman: el puño en alto, las pancartas, de nuevo el grito. Las fotografías de Colita, que recogen diferentes manifestaciones en Barcelona durante los años setenta, dan cuenta de la potencia reconfiguradora de la revuelta. En ellas se pone de manifiesto que la rebelión no nace de la razón sino de los afectos, de algo que revuelve, «conmueve » y empieza en el cuerpo propio. Otras fotografías de Colita muestran de nuevo la exaltación colectiva, pero aquí el entusiasmo se inscribe en el ámbito festivo. Las imágenes muestran la fuerza afirmativa de una comunidad que se reconoce en su expresión celebratoria y en una tradición, el flamenco, que es también parte de su memoria colectiva. La misma expresividad del gesto celebratorio se puede encontrar en muchas de las obras de Joan Miró, como Mayo 1968. Obedeciendo al dictado de un gesto pictórico libre, el lienzo se convierte en una afirmación de la protesta, pero también de la propia pintura como acto. El dinamismo de sus formas, la libertad del uso del color, la fuerza del trazo y la vitalidad de los gestos dan cuenta de la intensidad expresiva y poética de su obra. El ritual tradicional de la fiesta se evidencia en la colaboración que Jeremy Deller realiza con una banda de música tradicional a la que anima a interpretar acid house, mezclando así dos estereotipos, a priori dispares, de la cultura popular. Estos festejos, motivos recurrentes en la historia del arte, como muestra Darío de Regoyos en Danza Vasca (1888), enlazan con toda una tradición de prácticas religiosas a través de las cuales un grupo o comunidad libera emociones. Cada celebración adopta diferentes formas y estructuras según la época y la cultura en las que se produzca. Las emociones permitidas culturalmente también varían según el evento; por ejemplo, acontecimientos como los partidos de fútbol o los conciertos y manifestaciones antes señalados acotan los espacios públicos en los que es aceptada la expresión emocional de gran intensidad. En Birthday (2009), Iván Argote transgrede los límites del festejo del cumpleaños reservado habitualmente a familiares y amigos al pedir a unos desconocidos que se encuentran en un ascensor que le canten el Cumpleaños feliz. Con esta acción, el artista subraya el ritual del aniversario como un evento necesariamente social y alegre. La manifestación de ciertas emociones como la melancolía o la tristeza, que según el contexto social en el que se muestren pueden ser rechazadas, no siempre se representan de manera literal, sino que ese pathos puede ser codificado de forma metafórica. Francesca Woodman se fotografía en edificios vacíos, semiabandonados o en ruinas, encarnando la emoción no solo en su propio cuerpo, sino proyectándola en esos lugares que el mismo cuerpo habita. El vértigo, la inquietud o el miedo a la infinitud y lo sobrenatural son sensaciones potenciadas en este tipo de imágenes. En Geometría de ecos (2013), Carla Andrade describe con sutiles paisajes la inmensidad y potencia de la naturaleza y el desasosiego que esta puede producir. Pero no es el paisaje lo que es representado en las imágenes, sino la sensación, fruto de una atenta escucha de la naturaleza por parte de la artista. La atracción que provoca lo sublime, el asombro frente al poderoso espectáculo de los fenómenos naturales tiene su correlato —y raíces— en la pintura. Joaquim Mir expresa su embelesamiento casi místico ante los acantilados de Mallorca a través de un uso del color explosivo y vitalista. La efervescencia crepuscular de Puesta de sol (1903) remite a la gama cromática utilizada por Perejaume en Paisatge 17 (1985). De las pinceladas abstractas de esta pintura emerge un paisaje que resume el postulado romántico y a la vez contemporáneo de este artista, que cuestiona la relación hombrenaturaleza y la idea misma de paisaje. Y si el color, en sus distintas pinceladas, «conmueve » (el cuerpo), la oscuridad puede estremecer. Los misteriosos relieves en bronce (1988) de Günther Förg, de aspecto frío, sombrío y pesado, sugieren la transmisión de la emoción por lo háptico: una percepción por la que la visión recrea lo táctil. El énfasis en la materia y la gestualidad acentúa la expresividad del lenguaje abstracto. El gesto pictórico de Manolo Millares, como el del resto de los artistas del informalismo, está marcado por el peso de su impronta personal, enmarcado en el contexto internacional del existencialismo. El rojo y el negro, el goteo de la pintura, la fuerte materialidad de la arpillera y los violentos desgarros realizados en la tela acentúan el dramatismo aludiendo a la pintura de mártires del siglo XVII, en la que se inspiró para realizar Homúnculo (1960). La potencia de las formas de Millares, además de aludir a la iconografía de la pasión (Descendimiento), es encarnada en las fotografías de Gina Pane, que sirven como registro visual de los cortes que inflige a su propio cuerpo. En Action Psyché (1974), la artista hace suya la iconografía del estigma convirtiéndola en una reivindicación feminista, una suerte de resistencia emocional cargada de dolor y rabia que transgrede el código social establecido. Con una intención también provocadora pero introduciendo el humor, en I’m Not The Girl Who Misses Much (1986), Pipilotti Rist baila e interpreta el primer verso de una canción de los Beatles de manera repetitiva y obsesiva. Por medio de la aceleración del vídeo y la manipulación de la voz, Rist encarna un estado de histeria y ridiculiza los estereotipos emocionales atribuidos históricamente a la mujer. También desde la ironía, Esther Ferrer caricaturiza las distintas expresiones que forman parte del imaginario de las emociones. Extrañeza, desprecio, dolor y un largo etc. (2013) genera un desplazamiento crítico entre el signo y el significado de las expresiones al forzarlas de manera explícita, evidenciando que la emoción también se articula lingüísticamente y que, por lo tanto, puede dar lugar a manipulación. Érika Goyarrola Goyarrola (Bilbao, 1984) es investigadora y comisaria. Es doctora en Historia del Arte por la Universitat Pompeu Fabra (2016). Entre las exposiciones comisariadas destacan: De la forme à l’émotion, en el Centquatre de París (2016); alt-architecture, en CaixaForum Barcelona (2016); la II edición del festival Baffest, con el título Revelar/rebelarse (2017), o el ciclo de exposiciones 1+1=12. Encuentros de Fotografía Contemporánea, en el Institut Français de Madrid (2014). Escribe en revistas especializadas, es tutora del Grado de Artes de la Universitat Oberta de Catalunya (OUC) y profesora en diferentes escuelas de arte y fotografía, como IED Madrid y CFC Bilbao. Ha colaborado con el museo Jeu de Paume (París) gracias a una beca del Ministerio de Cultura, así como con el estudio Carlos Arroyo Architects (Madrid) y con Contact Press Images (NY).

Actualizado

el 18 feb de 2019

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