Te sientas a cenar y la vida ...
Evento finalizado
10
feb 2007
17
mar 2007

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Cuándo: 10 feb de 2007 - 17 mar de 2007
Dónde: Del Sol St. / c/ del Sol, 47 / Santander, Cantabria, España
Organizada por: Del Sol St.
Artistas participantes: Fernando Mastretta
Etiquetas:
Publicada el 03 jun de 2014      Vista 75 veces

Descripción de la Exposición

El título completo de la exposición es Te sientas a cenar y la vida que conoces se ha ido

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Fernando Mastretta, Barcelona, 1961, toma como punto de partida para la actual muestra en la galería del Sol St. el vacío que deja una pérdida.
Demuestra que la pintura sirve como segmento descriptivo de las vivencias personales, por eso su obra encierra un discurso narrativo atemporal, que se compone de retazos de experiencia. Piensa la pintura como soporte idóneo de la memoria. Para él, pintar, es expresar sucesos vividos y, metafóricamente, sonidos, en una trama poética articulada mediante el uso del color, el gesto y la materia. La pintura es el hilo argumental de la vida que, a través de franjas o manchas y, con cualquier código y lenguaje da salida a una voluntad de expresión dónde cada cuadro está argumentado.
Mastretta, sintetiza el paisaje que le rodea, en su obra la línea del horizonte confluye con la línea del sentimiento; ambas conviven en perpetua fricción. El paisaje es un espejo inerte, ese algo a lo que nos aferramos para sentirnos parte del cosmos. Así, utiliza la pintura para esquematizar lo que ve y extraer la intensidad emocional que existe en los lugares, siendo el paisaje definitorio de un estado de animo que desnuda su yo y lo interpreta. En estos últimos años con su estudio ubicado en un pueblecito soriano, los campos de Soria, con sus ocres y amarillos, cruzados por un sin fin de surcos y caminos aparecen como parte integrante del fondo de su pintura. En house of melancholic desire, la cabaña de adobe acoge la escena principal circundada por los terrenos de labranza.

Las obras realizadas para esta exposición son fruto de un ejercicio de memoria sobre la infancia y adolescencia transcurrida en Santander, el poso dejado por la herrumbre de los barcos conducidos al desguace, el trasiego de la bahía, o los pescadores de la dársena. Dragando los recuerdos, entre el sueño y las presencias, surgen las obras, Departure, o Flat fishing, con el colorido saturado de los barcos de pesca y sus múltiples capas de pintura, traducidos en el grosor de la materia posada en el lienzo, y las estelas dejadas por las grandes buques cargueros en su camino ciego por la canal. La serie de pequeño formato, Fishing hunters, lóbregos cuadros, confusos y caóticos, de una fortaleza expresiva inaudita, o la sorpresa que nos reserva la sala anexa, en la que el homenaje a la Balsa de la Medusa de Gericault, es un deferencia a toda la humanidad náufraga. A veces la vida no basta y hay que acercarse a la pintura.


Como decía Calvo Serraller, sobre su obra, tiene “el efecto de la pintura apasionada y carnal, de brillante factura y perfecta arquitectura” o, como apuntaba Javier San Martín: “entre los pintores dispuestos a derrochar el inagotable fondo de lo pictórico, Mastretta, con una elegante contención expresiva y una cierta discreción en el interior de la vorágine visceral, propone un sistemático proceso de representación de las ideas”.

Para Fernando Mastretta, la pintura se resume en:

Te sientas a cenar y la vida a la que estabas acostumbrado se ha ido. Exactamente eso. A través de esa experiencia comprendes que el resto, antes menospreciado, merece intensidad. Entiendes a los pájaros volando alto, y a los que vuelan bajo, rasantes a las altas y orgullosas espadañas de las iglesias construidas en pueblos miserables. Descubres, que lo mejor de la experiencia es poder transmitirla. Descubres, que el don de la palabra se ahoga quizás en un exceso de vehemencia y en momentos descontextualizados, y, que, sin embargo, mediante la pintura, ejecutándola, tus horizontes se afinan en imágenes que sin miedo, sin paroxismo, se aproximan mucho a la esencia que tú puedes entregar al mundo que conoces: entonces, la palabra hablada no es importante, y tampoco el texto que la traduce obligadamente, por supuesto; y tampoco la pintura.
Ahora estamos en un suceso físico proporcional a la naturaleza; el plácido cauce de un pequeño manantial de montaña; el silbante oleaje invernal estrellándose cadenciosamente sobre la arena rebanada; las nubes atropelladas de la puesta de sol que parece que compiten por su dignidad efímera.
Todo esto que miramos lo entendemos y eso nos desliza peligrosamente a nuestra intimidad más secreta. Debemos sobrellevarlo: convertir el sufrimiento en felicidad.

Actualizado

el 26 may de 2016

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