Exposición en Alcobendas, Madrid, España

Tres miradas a la Naturaleza

Dónde:
Centro de Arte Alcobendas / Mariano Sebastián Izuel, 9 / Alcobendas, Madrid, España
Cuándo:
12 may de 2011 - 30 jun de 2011
Inauguración:
12 may de 2011
Organizada por:
Artistas participantes:
Promociones arteinformado
Descripción de la Exposición
Marta Chirino (dibujo) Rafael Muyor (escultura) Pilar Pequeño (fotografía)

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La amistad de Pilar Pequeño, Rafael Muyor y Marta Chirino se remonta al año 2003, cuando Mónica Menor, entonces responsable de la galería Cuatro Diecisiete en Madrid, los agrupó en una exposición colectiva titulada 'Floreceres'. En 2006, con motivo de una exposición individual de Muyor - 'Hojarascas' - en la galería Leandro Navarro, se publicaron en el catálogo unas fotografías que Pilar Pequeño había hecho de varias piezas del escultor - un lirio, unas hojas de magnolio y unas orquídeas - flores en bronce sumergidas en el agua de un recipiente de cristal, en una disposición semejante a la que Pequeño emplea en muchas de sus fotografías de flores naturales.

 

En 2011, la fotógrafa y el escultor han vuelto a exponer conjuntamente su obra en la galería Marita Segovia, de Madrid.

 

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A menudo hablamos de la naturaleza para designar exclusivamente la creación natural que nos rodea y en la que vivimos inmersos: el cielo, la atmósfera, el paisaje campestre o de montaña, los árboles, plantas, tierras y rocas, mares, ríos y arroyos, con toda la fauna y la flora que los habita; como si nosotros mismos, los seres humanos, no formáramos parte de la Naturaleza.

 

Mirar la naturaleza a través del arte equivale a penetrar la naturaleza humana, íntima e individual del artista que la contempla, estudia e interpreta. Pilar Pequeño lo ha expresado certeramente refiriéndose a sus propias fotografías: 'En estos paisajes cercanos me estoy fotografiando yo, en un permanente mirar hacia dentro'.

 

Pilar Pequeño, Marta Chirino y Rafael Muyor proponen tres búsquedas de la belleza en lo natural, concretamente en el universo vegetal de las plantas, flores y frutos. Tres modos de acotar la realidad para trascenderla mediante un prodigioso dominio de los procedimientos artísticos; en este caso, las técnicas de la fotografía analógica y digital, el dibujo y la escultura en bronce.

 

En la mirada de los tres artistas se aúnan amor, precisión, delicadeza, exquisitez y lirismo. El quehacer de los tres viene precedido de un intenso trabajo de campo y de una observación asombrada, lenta y cuidadosa de los fenómenos que constituyen su objeto de estudio y de trabajo.

 

Los tres tienden a acercar el foco de atención, a ceñir la mirada sobre los seres vegetales que retratan, extrayéndolos materialmente del medio natural en el que brotaron y crecieron, no sólo en la composición final del encuadre fotográfico, el plano del papel de dibujo o la configuración tridimensional de la escultura, sino desde la misma génesis de la obra y durante todo el proceso de trabajo.

 

A este respecto, Marta Chirino ha escrito algunas líneas esclarecedoras de su proceso creativo: 'No puedo evitar al ir caminando posar la vista en las ramas de los árboles y en la tierra, en los restos de las hojas, frutos y pétalos, y a veces, encuentro alguna forma diferente sometida al caprichoso azar de la naturaleza: una rama que se curva, una hoja cuyas partes se combinan para adoptar una extraordinaria forma escultórica, una flor que esconde un microcosmos único... (...) Confieso que a veces las tomo, las arranco, las guardo y alejo de su entorno para hacerlas mías en mi estudio, no con el afán del coleccionista sino como motivo de inspiración para mi obra'.

 

Rafael Muyor se fija en las hojas secas y caídas, desmembradas del árbol. Su mirada táctil, de escultor, le lleva a recrear la textura y las particularidades formales de cada hoja. Mediante el modelado en barro, la formación de un molde de yeso, el laborioso proceso de fundición en bronce y un retoque distinto para cada nueva hoja, llega a la reunificación de todas ellas en un nuevo ramaje artificial, metálico, que inmortaliza el modelo natural.

 

Muyor dispone las hojas en líneas de fuga, torbellinos circulares o cascadas. Ante sus piezas percibimos la agitación, el rumor de la hojarasca acariciada por la brisa o arrastrada por el viento. Muyor tiende además a vincular su obra plástica con la poesía, titulando sus 'hojarascas' con versos de destacados poetas que aportan sonoridad y matizan el sentido de la obra escultórica.

 

Marta Chirino encarna la mirada analítica y el pulso firme del ilustrador científico, cuyo oficio es plasmar sobre el papel, con exactitud y claridad el aspecto y la estructura de la planta y la flor, en todos sus contornos y pormenores: pedúnculo, tallo, cáliz, sépalos, corola, pétalos, estambres, pistilos... Esta faceta profesional y académica, por la que ha merecido el reconocimiento nacional e internacional de las más importantes instituciones dedicadas a la botánica, no ha impedido ni refrenado, antes bien, ha nutrido su vertiente artística, dotando de una extraordinaria consistencia a sus dibujos de flores en blanco y negro, complejos organismos pacientemente trazados y delineados a lápiz sobre el papel.

 

La extracción de la flor de su medio originario, ya sea natural o invernadero, su traslado al estudio del artista, su aislamiento y colocación sobre una mesa bajo un estricto control de la iluminación y del espacio circundante, se cumple particularmente en el quehacer de Pilar Pequeño. La captación de veladuras, brillos, humedades, sombras de intensidades variables y luces vacilantes, ha caracterizado su extenso repertorio de flores en blanco y negro, en fotografías reveladas con gelatino bromuro de plata sobre papel baritado, semejantes en su factura a unos dibujos a lápiz, carboncillo y difumino extremadamente minuciosos.

 

En las últimas fotos digitales en color, impresas con pigmentos minerales sobre papel de algodón, Pilar Pequeño ha transfigurado la imagen fotográfica a través de una mirada pictórica, revistiéndola de unas calidades brillantes y suntuosas como las que puede proporcionar la pintura al óleo sobre tabla, plasmando con pulcritud en la flor, el cristal o el mantel, detalles materiales y lumínicos que en condiciones normales se escaparían a nuestra visión o pasarían inadvertidos.

 

Flores solas, ahogadas en agua o colocadas en sencillos vasos de cristal, que nos remiten casi inevitablemente a la pintura de frutas y flores del siglo XVII, aquella época en que el idioma floral, cuya riqueza simbólica hoy día se ha olvidado bastante, estuvo muy de moda. El espectador reconocía entonces en la rosa el símbolo del amor - o también del silencio -; en la margarita, la misericordia; en la flor de azahar, la virginidad; en la azucena, la pureza; en el girasol, la fidelidad; en el clavel, un emblema de amor humano, especialmente de esponsales o boda, que podía adquirir un significado de amor divino si se vinculaba a la Virgen. Igualmente, las frutas podían indicar virtudes o vicios, es decir, actitudes morales, aparte de representar el gozo de los sentidos, la vista, el olfato, el tacto, el gusto, y de ser, como las flores, la imagen pura de una belleza natural opuesta a la belleza artificial debida al ingenio del hombre.

 

En seguida nos vienen a la cabeza nombres de pintores como Zurbarán, Juan Vanderhamen, Pedro de Camprobín, Juan de Arellano, Sánchez Cotán o Juan Fernández, a cuyas flores pintadas se podría atribuir el carácter sagrado de una ofrenda religiosa puesta a los pies de un altar.

 

La obra de los tres artistas, una vez reunida, sugiere el desarrollo de un ciclo temporal, no necesariamente coincidente con el de las estaciones del año. Los dibujos de Marta Chirino reflejan el esplendor de la vida vegetal en su plenitud; sus flores y frutos denotan valores y virtudes asociados a la belleza, la bondad y la utilidad. Una de sus obras más ambiciosas, la serie 'Delilium', constituye precisamente un poema visual sobre el discurrir del tiempo y de la vida, a través de las evoluciones de un lirio retratadas en formatos circulares, tondos, que acentúan el carácter cíclico del discurso.

 

En las fotografías de Pilar Pequeño, la flor ha sido cortada y convertida en objeto decorativo y simbólico. Las flores sumergidas en agua y los frutos abiertos por la mitad - estos últimos, también protagonistas en algunas esculturas de Rafael Muyor -, evocan ese momento de la vida en que la juventud se encuentra próxima a iniciar su declive y marchitamiento. De hecho, ante esas flores que flotan indolentemente en el agua es fácil pensar en la Ofelia de Shakespeare y en la muerte trágica y abrupta que sobreviene en plena juventud.

 

Completando este imaginario ciclo de la vida vegetal, algunas de las hojarascas de Rafael Muyor nos situarían en un tiempo de pérdida y olvido, una época otoñal indicada por títulos como 'Hojas del árbol caídas / juguetes del viento son' (José de Espronceda)', 'Hojas secas de otoño giraban en tu alma' (Pablo Neruda), 'En silenciosos y revueltos giros / sobre el fango caían' (Rosalía de Castro) o 'Las ilusiones perdidas / ay son hojas desprendidas' (José de Espronceda) 'Tres miradas a la naturaleza' nace de la afinidad de tres artistas entre cuyas obras no cabe la disonancia ni la confrontación, sino más bien una silenciosa y hermosa armonía, un hermanamiento que nace de una comunión de intereses y sensibilidades que revelan tanto los asuntos escogidos como la actitud con que se afanan en recrearlos.

 

 

 
Imágenes de la Exposición

Entrada actualizada el el 26 may de 2016

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