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Jaume Plensa, Firenze II, 1992 – Cortesía del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA)
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dic 2018
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abr 2019

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Publicada el 19 dic de 2017      Vista 519 veces

Descripción de la Exposición

La exposición del MACBA cuenta con obras desde la década de 1980 hasta las más actuales, en un recorrido que muestra el diálogo entre la representación de la figura humana que representan la figura humana y la abstracción. En la muestra se reúnen más de una veintena de piezas. Gracias a la colaboración del CCCB, Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, por primera vez el recorrido de la exposición sale al exterior del museo y conduce al visitante hacia el «patio d’esculturea» –el espacio entre el MACBA y el CCCB– donde se han instalado las obras The Heart of Trees (2007) y The Heart of Rivers (2016). Veintidós años después de su última exposición en un museo de Barcelona (Fundació Joan Miró, 1996), la obra de Plensa volverá a verse en un museo de la ciudad. La exposición en el MACBA se podrá visitar desde el 1 de diciembre de 2018 hasta el 22 de abril de 2019. En paralelo, el Museo Reina Sofía de Madrid presentará un nuevo proyecto del artista tituladlo Invisibles en el Palacio de Cristal, prácticamente durante las mismas fechas. La exposición Jaume Plensa podrá verse el próximo año en el Moscow Museum of Modern Art (del 11 de junio al 22 de septiembre de 2019). JAUME PLENSA Jaume Plensa (Barcelona, 1955) es un artista de materiales, sensaciones e ideas. Sus referencias abarcan la literatura ―en especial la poesía―, la música, la religión y el pensamiento. Él se considera, ante todo, escultor, aunque su proceso creativo ha transitado por múltiples disciplinas. Sus obras apelan a la condición misma del ser: su esencia física y espiritual, la conciencia de sí mismo y de su pasado, sus códigos morales y dogmas y su relación con la naturaleza. Lo que no podemos explicar es, precisamente, lo que nos explica como personas. Su objetivo no es construir objetos, sino desarrollar relaciones e incluirnos a todos en ellas La exposición del MACBA contará con obras desde la década de 1980 hasta las más actuales, en un recorrido que muestra el diálogo que se produce entre las obras que representan la figura humana y las obras abstractas. Esta tensión es el hilo conductor que atraviesa el conjunto de su trabajo, un corpus que pone de relieve la fuerza de binomios como ligero/compacto, luz/oscuridad, silencio/sonido, espíritu/materia y vida/muerte. La exposición individual de Jaume Plensa en el MACBA plantea un amplio recorrido por el trabajo de uno de los escultores catalanes con mayor proyección internacional. Galardonado con el Premi Nacional d’Arts Plàstiques de la Generalitat (1997), el Premio Velázquez de Artes Plásticas del Ministerio de Educación y Cultura (2013) y el Premi Ciutat de Barcelona (2015), entre otros, es reconocido mundialmente por su obra pública en ciudades como Chicago, Londres, Montreal, Niza, Tokio, Toronto o Vancouver. Asímismo el pasado seis de Noviembre ha sido investido doctor Honoris Causa por la Universitat Autònoma de Barcelona. ----------------------------------- JAUME PLENSA Jaume Plensa ha dicho en más de una ocasión que la escultura es la mejor forma de plantear preguntas. Firenze II (1992), la obra que inicia el recorrido de la exposición, es un inmenso signo de interrogación que se apoya en el suelo y la pared. Estamos ante la interrogación misma. Ese signo «?» nos recuerda que, cada vez que lo empleamos, un enunciado se transforma en interrogación. ¿No será justamente esa una de las funciones de la escultura? ¿Mantener la incertidumbre, celebrar la imprecisión? ¿Generar perplejidad, vacilación, inseguridad? ¿Insuflar sospechas, multiplicar la incredulidad, abonar el escepticismo? Dotado de una inmensa capacidad de producción, Jaume Plensa construye una forma de mirar al mundo con la que indaga en sus relaciones internas. Seguro de la capacidad de transformación que tiene su trabajo, argumenta con escrupulosidad sus conclusiones. En todo momento demuestra actuar con libertad. Dialoga sin temor con el concepto de belleza, cuya búsqueda no siempre practica, pero cuando lo hace es con extremada convicción. No muestra un ingenuo optimismo; en todo caso, manifiesta una confianza en que todo es posible. En sus obras asume la fuerza del volumen, de la imagen, de la palabra o del sonido con contundencia, pero sin temer a las contradicciones. La exposición de Jaume Plensa en el MACBA plantea un recorrido por cerca de tres décadas de su trabajo. Para acceder a ella, los visitantes deben atravesar una gran fotografía de su estudio, en el que se acumulan maquetas y esbozos, materiales y herramientas, anotaciones y rastros de una vida. Después, dibuja un itinerario que permite un acceso coherente al mundo del artista y, por primera vez en la historia del museo, incluye un espacio exterior como si fuera una sala más del recorrido al instalar dos obras —The Heart of Trees (2007) y The Heart of Rivers (2016)— en el patio de esculturas. Es un desdoblamiento que en más de un sentido se corresponde con la forma de trabajar del artista, quien siempre ha alternado el uso de espacios exteriores e interiores. Con frecuencia lo insospechado surge de las tensiones generadas entre opuestos: peso y ligereza se combinan en la rotundidad misma de un metal que aspira a la ingravidez apoyándose algunas veces en un único punto y otras, incluso, sin tocar el suelo. Esa tensión por oposición emerge en Mémoires Jumelles (1992), obra compuesta por once puntales de hierro extendidos entre dos muros enfrentados que sostienen un objeto cotidiano, probablemente del entorno de trabajo del propio artista, reproducido en fundición. El espectador debe pasar por debajo. La totalidad se sustenta por tensión, por la fuerza de la propia escultura. Como todas las del artista, esta escultura no ocupa un espacio, sino que genera otro, y lo hace a través de la presión y la distancia que plantean los objetos. De manera análoga se contraponen y alternan el sonido y el silencio. El sonido que acompaña al recorrido de la exposición es un sonido provocado por la oscilación de la materia, escultura que vibra y que penetra en la mente del público a través de sus oídos. En Matter-Spirit (2005) el visitante golpea la pieza con un mazo, de modo que no solo la activa, sino que la hace presente al resto de personas que están en las salas. Rumor (1998) hace realidad la voluntad del poema de Blake en el que se inspira: una gota de agua, ligera y mínima, llena de forma literal todo el espacio. Glückauf? (2004), con su tintinear de letras metálicas, genera un murmullo tanto por el movimiento de las personas como por el de la corriente de aire. Dante’s Dream (2003) acompaña con su arrullo, similar al de un claustro monacal. Como contrapunto, otras piezas hablan desde el poder de la ausencia de sonido. Silence (2016) reclama un lugar donde no es necesario hablar. Su protagonista obra desde una serenidad máxima e invita al espectador a hacer lo mismo; es un equilibrio que encuentra en la calma su lugar natural. Self-Portrait with Music (2017) se plantea como un silencio atronador: a través de la notación musical, llena el espacio de múltiples melodías. La obra de Plensa esconde también numerosas referencias a la poesía y la ciencia. Islands III (1996) compendia una buena muestra de sus referentes personales, como esas botellas de cristal cerradas situadas a su vez dentro de unos prismas de resina que parecen conservar de forma muy segura esencias concentradas. El trabajo de Plensa está repleto de referencias al arte mismo: desde la tradición clásica al conceptual, desde el Renacimiento a las vanguardias históricas. Algunas, como Duchamp, de una forma muy patente. Plensa dialoga con el arte y los artistas del pasado, tomando su legado intelectual y formal como materia prima. Es también un artista que revisa la historia social y cultural para arrojar luz sobre individuos y sociedades. A lo largo de su trayectoria, ha entablado un diálogo permanente con la historia de las ideas, sobre todo con la Modernidad, entendida como el momento en el que se configura el tiempo presente. El gran relato que se alumbró en esa época –en especial durante ese largo siglo XIX‒ se mostraba sólido y sin fisuras. En su momento culminante, proyectó el orden europeo al mundo entero. Se trataba de un proyecto ideológico que se extendía por las distintas áreas de la acción humana: la económica y la militar, claro está, pero también la científica, la cultural y la espiritual. Priorizó el individualismo sobre lo colectivo a partir de la definición de una aparente igualdad jurídica y de oportunidades que acabó convertida en una oferta incumplida. Mantuvo una fe en el desarrollo a través del avance tecnológico y científico, con el convencimiento de que las personas vivirían siempre mejor. Auspició el avance del capitalismo como el único modelo económico válido, confiando en el crecimiento como motor del progreso. En ese marco debemos entender Dallas?… Caracas? (1997), que cuestiona todas las modernidades posibles mediante el contraste de dos ciudades de historias paralelas que se han convertido en símbolos casi enfrentados. Ambas, símbolos de urbes que han creído en las promesas de la Modernidad y que propusieron a sus habitantes un horizonte de progreso gracias a la extracción del petróleo. Y ambas, también, escenarios de decepción ante el fracaso de las expectativas. Plensa presenta esas ciudades a través de dos centenares de imágenes tomadas de cocinas domésticas. En ellas no vemos a nadie. Únicamente muebles, enseres y algunos productos de las despensas. Creemos poder distinguir cuáles están tomadas en cada ciudad. Comparten lo básico: el lugar en el que se preparan los alimentos, aquellos que después se convertirán en nosotros mismos, en nuestro organismo. El cuerpo como representación de lo humano está presente en el trabajo de Plensa de forma constante. Para empezar, con sus medidas. No es un tema nuevo del arte. El arte griego estableció su canon. Leonardo da Vinci dibujó el Hombre de Vitruvio, en el que establecía las relaciones entre cada parte de la anatomía, que podían proyectarse metafóricamente al mundo entero. Le Corbusier propuso su Modulor. Plensa propone a Plensa. Opta por lo sencillo, y por lo honesto. La altura de Mémoires Jumelles es la del artista con el brazo extendido; el perfil del cuerpo de Continents I and II (2000) es el suyo; las dos piezas exteriores muestran al artista agazapado, abrazando unos árboles cuyas dimensiones son idóneas para su cuerpo. Pero la presencia del individuo, de su cuerpo y de su alma, va mucho más allá. Si tuviéramos que definir a Plensa solo de una manera, bien podría ser esta, el escultor de lo humano. Está también en la acumulación orgánica de Tervuren (1989), que recuerda la frase de Artaud: «Allí donde huele a mierda, huele a ser.» La inmensa forma esférica no deja lugar a dudas sobre su referente. Un producto humano imprescindible, inútil, maloliente y despreciable, pero fundamental para nuestra vida y para generar más vida. Parecido al arte: algo que nadie sabe exactamente qué uso tiene —no tiene ninguno y los tiene todos—, improductivo aparentemente, pero imprescindible para crear otras obras de arte. Aquí adopta la forma de una esfera pesada, contundente, texturada. La referencia a lo humano se manifiesta también de forma radical en Glückauf? (2004) con el texto literal de la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada por las Naciones Unidas en 1948. Inspirada en la Revolución francesa (otra vez nos atraviesa la Modernidad), alude a una gran «familia humana». Aún hoy, el texto es una aspiración promisoria y lejana. Aparece extendido ocupando el espacio central de la sala más amplia de la exposición. Es un retrato que el espectador puede atravesar. Nos muestra a la humanidad en su aspiración más fundamental: la defensa de su dignidad y el respeto a todo su potencial. La Europa de hoy, esa que está inmersa hoy en sus contradicciones, entre el auge del fascismo y la resistencia de buena parte de su población (la misma que se indigna cuando se deja morir a quienes intentan cruzar el Mediterráneo), está obligada a reclamar el cumplimiento de los derechos humanos en todo el planeta.. Aquí están ocupando un espacio, llamándonos con su sonido, forzando al espectador a leerlo, entenderlo y tomar conciencia. Vivimos tiempos confusos e intensos. Sufrimos la deshumanización de la esfera pública. Ha arreciado la presión para que el arte y la cultura busquen un lugar cómodo y sin compromiso, el de un consenso blando y fácil. Ese lugar es aparentemente tentador, pero está abarrotado. Allí puede encontrase desde la mera celebración de la forma al puro entretenimiento: destinos complacientes, pero totalmente insatisfactorios. Por otro lado, clama una necesidad: la búsqueda de nuevas conquistas, de nuevas plazas por ganar. No son nuestras y debemos ganarlas palmo a palmo. Esto implica dotarnos de espacios en los que ejercer la vida en común y ahondar en las fórmulas para alcanzar una emancipación efectiva. Allí emergen, en una imprecisa disposición, sueños, ansias, potenciales y nuevas metas. El gran relato de la Modernidad comenzó dejando poco lugar para las preguntas, sobre todo para las que carecen de respuesta inmediata. Inicialmente ofrecía evidencias sólidas, pero después demostró tener fisuras. De esas hendiduras han vuelto a surgir cuestiones que corroboran la imposibilidad de una certidumbre total. En Jaume Plensa la interrogación radical penetra y se manifiesta hasta en las contundentes piezas de fundición, en el propio metal inconmovible que tantas veces ha servido para inmortalizar personalidades y gestas históricas. Tal vez por eso nos señala que acaso solo quede un reducto último de relativa certeza: Firenze II, la obra que iniciaba el recorrido, lleva inscrita en su superficie la palabra rêve, «sueño», ese lugar que escapa a nuestra consciencia, donde el deseo y los temores se tornan imagen. El sueño, como el arte, nos acerca la respuesta a una pregunta jamás formulada expresamente. No hay sueño sin deseo, pero sin sueño tan solo hay signos de interrogación que se alzan en el aire. Nos hallamos, otra vez, frente a la pregunta misma. (extracto del texto de catálogo de Ferran Barenblit) ----------------------------------- Jaume Plensa: resonancia material Con técnicas que van del empleo del hierro, el aluminio, el acero y el bronce al cristal, la resina, la luz, el sonido y las letras, Plensa forja una delicada interacción con el material, la luz y la sombra, y elucida el potencial infinito de la mente y el alma. El reconocimiento táctil y de los otros sentidos, antes incluso de que nos invadan el lenguaje y la consciencia, constituye la base de nuestra respuesta inicial al mundo y también a la escultura. Para Plensa, el acto de permanecer sentado en el interior del piano vertical de su padre ‒con aberturas en la parte inferior‒, junto a la caja de resonancia, mientras su padre tocaba, no es tanto un recuerdo infantil como una acumulación sensorial del espacio, el sonido, el olor y las vibraciones que le recorrían el cuerpo ... En ocasiones, la enormidad con la que un artista aporta al mundo nuevas palabras, músicas, imágenes u objetos ‒aquellos que son manifiestamente obra suya‒ resulta abrumadora. La mayoría conoce los logros que los precedieron y entienden el reto que tienen por delante; ¿cómo puede un artista encontrar su propia voz, mantenerse fiel a una trayectoria, desafiarse a sí mismo y seguir creciendo y desarrollándose? En esta exposición asistimos a la evolución de la singular voz de Plensa a lo largo de treinta años, y somos testigos de su extraordinaria poesía física y de un análisis perspicaz de la condición de la escultura. (extracto del texto de catálogo de Clare Lilley) ----------------------------------- De la energía creadora a la conformación de un espacio-tiempo escultórico. La tensión musical en la obra de Jaume Plensa Este mundo que se nos abre entre la razón y el sueño, entre lo vivo y lo inerte, entre la energía y la materia, nos invita con humildad y naturalidad a sumergirnos en un silencio de cualidades musicales que será el objeto de nuestro análisis. Hay que cerrar los ojos para permitir el nacimiento de un espacio interno de reflexión, de vibración con uno mismo, de escucha del rumor orgánico que nos mantiene vivos y que, a su vez, nos incita a continuar una búsqueda existencial más allá de lo que nuestros miedos e instintos nos permiten vislumbrar en un primer momento. Porque una mente creativa es una mente que escucha y acoge, con dolor y sufrimiento, pero también con placer, los conflictos y las contradicciones internas propias de la condición trágica, inherente a nuestra especie. Esta escucha nos ofrece una oportunidad para llegar a realizaciones artísticas o científicas, percibidas como nuevos caminos que nos acercan a la belleza y a la complejidad inabarcable de la naturaleza. ... Consideramos la obra escultórica o la partitura musical como estructuras globales de las que el espíritu humano solo puede apropiarse bajo la forma de un flujo temporal. Para Jaume Plensa, pues, más que como un problema de materia y de espacio, la escultura se conforma como un problema de tiempo y energía, y se sitúa así en el punto de unión entre el reposo y el movimiento, entre la ausencia de tiempo y el flujo temporal permanente. En palabras del bioquímico Jacques Monod, nuestra propia evolución como especie dentro de la biosfera es un proceso irreversible que determina una dirección en el tiempo. Pero el ser humano, gracias al desarrollo de su consciencia, tiene la capacidad única de proyectarse hacia el pasado o hacia el futuro. En este sentido, la propia naturaleza monumental y compleja del trabajo de Jaume Plensa pone de relieve la tensa fricción vivida por el artista entre el flujo mental de la creación, a menudo extremadamente rápido y multiconexo, y su realización física: «La escultura tiene un tempo que siempre es más lento que el de la cabeza», afirma el artista. (extracto del texto de catálogo de Hèctor Parra) --------- El silenci de l’escriba La lletra i la paraula en l’obra de Jaume Plensa Tal como me imagino la exposición de Jaume Plensa en el MACBA, en el momento en que comienzo este texto para el catálogo que la acompaña, lo que me viene a la cabeza es la extrema variedad de formas y de materiales que esta obra despliega. ¡Menudo contraste entre las esculturas pesadas y macizas en hierro fundido de finales de los años ochenta, las instalaciones sonoras y las caras en hilo de acero que parecen en ocasiones desaparecer en la atmósfera! De unas a otras se palpa una tensión que el artista procura a toda costa que no decaiga. Plensa, que cuenta entre sus obras un signo de interrogación gigantesco (Firenze II, 1992), prefiere sin duda suscitar preguntas en el espectador y mantenerlo en un estado de suspense y de espera, antes que proporcionarle respuestas preparadas de antemano. Y es mejor que sea así. Hoy día son demasiados los artistas que pretenden explicarnos qué debemos pensar. Aunque se sirva constantemente de letras y palabras ‒elementos que, precisamente, conectan entre sí obras tan diversas‒, Plensa es el menos charlatán de todos. Esta es la paradoja que me gustaría abordar. … El escultor entró en las imágenes que su curiosidad infantil le había puesto delante. Añadiré que comparte con el representante de la época de los faraones el mismo carácter sumamente ambiguo. Del mismo modo que el escriba que se dispone a escribir y, por tanto, a transmitir un mensaje, no deja de ser profundamente enigmático, el artista de la era de la globalización que esculpe con las letras de todos los alfabetos del mundo es un hombre reservado, afable pero parco en discursos, una de esas personas que, sin llegar a escabullirse, parecen no obstante proteger su refugio interior ... Una de las grandes virtudes de Plensa es que, con un modo de proceder que no puede ser más moderno en la elección de los materiales y las técnicas, sabe también reavivar tradiciones muy antiguas. (extracto del texto de catálogo de Catherine Millet)

Actualizado

el 03 dic de 2018 por ARTEINFORMADO

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