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Ignacio Pinazo, Anochecer en la escollera, s.f.
Evento finalizado
10
mar 2010
18
may 2010

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Cuándo: 10 mar de 2010 - 18 may de 2010
Inauguración: 10 mar de 2010
Dónde: Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) / Guillem de Castro, 118 / Valencia, España
Comisariada por: Vincenzo Trione
Organizada por: Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Publicada el 03 jun de 2014      Vista 193 veces

Descripción de la Exposición

La muestra está dividida en cinco capítulos temáticos que reúnen obras significativas de la colección del IVAM como ejercicios pictóricos y fotográficos diferentes a través de los que se desea formar el retrato del mar: El mar como figura; El mar como icono; El mar como distancia; El mar como materia; y El mar como desaparición. La exposición Pintar sobre el mar reúne obra de, entre otros, Joaquín Sorolla, Julio González, Josep Renau, Robert Frank, Grete Stern, Equipo Realidad, Grabiele Basilico, André Masson, Herbert List, Juana Francés, Joan Fontcuberta, Oscar Molina, Richard Hamilton, Eduardo Arroyo, Karel Appel, Gerhard Richter y América Sánchez.

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El mar ha sido un elemento indispensable de creación cultural y símbolo de inspiración por la magia de sus aguas, sus leyendas, su luz, su contraste entre calma y tumulto, y por ello, los artistas no han permanecido ajenos a esas sensaciones estéticas.

 

La exposición que presenta el IVAM está dividida en cinco capítulos temáticos que reúnen obras significativas de la colección del IVAM como ejercicios pictóricos y fotográficos diferentes a través de los que se desea formar el retrato del mar. El mar como figura Una premisa histórica. En el mar como icono El mar como distancia. El mar como materia. El mar como desaparición: la línea del horizonte.

 

El catálogo de la exposición ilustrado con imágenes de las obras expuestas, publica textos de Consuelo Císcar, Vincenzo Trione y Rafael Argullol.

 

El mar como figura. Una premisa histórica. Reúne desde las imágenes de Joaquín Sorolla, la sensualidad pre-impresionista de Julio González y las vistas disgregadas de Ignacio Pinazo. En el mar como icono se camina hacia el imaginario pop y las manifestaciones publicitarias de Josep Renau Berenguer y de Germanine Krull, los abandonos oníricos de Grete Stern, los ensamblajes disonantes de Richard Hamilton y el maremoto post-clásico de Miquel Navarro.

 

En la exposición también se contempla el mar como distancia. En este capítulo se agrupan un conjunto de obras que reproducen el tema de lo lejano, como las imágenes apocalípticas de Equipo Realidad, de Robert Frank, de Joan Fontcuberta, de Gabriele Basilico y de Ian Wallace. En ellas el mar está ahí, delante de nosotros. Y, sin embargo, está irremediablemente mucho más allá. Nunca se detiene, es imposible contenerlo. Símbolo de energía vital. No es posible fiarse de su alma: puede hacerse esperar, pero también arrasar. No se puede aferrar, ni pronunciar, porque es inasible, huidizo: siempre más allá de nuestra mirada.'.

 

Así, encontramos en la cuarta sala de la muestra el mar como materia, encrespaduras plásticas, llenas de alusiones a las poéticas informales. Nudos de color en los que se cancelan los detalles: con autores como André Masson, Karel Appel, Juana Francés y Sanleón. Sus relatos se hallan impedidos, son incompletos. Semejanzas diferentes, donde se celebra el triunfo de la imprecisión, la cual, a diferencia de la causalidad y de la aproximación, es el ámbito en el que los sentimientos adquieren valores semánticos inesperados, entre superposiciones y matices.

 

Y, finalmente, el mar como desaparición: la línea del horizonte. Cuando agua, tierra, y cielo se rozan dibujando hilos de luz. Aquí, del paisaje marino sólo queda una línea, en la que se depositan éxtasis detenidos: graduaciones de las mismas tonalidades se rozan, se acarician, se encuentran. Es el horizonte, que revela la esencia misma de una lejanía destinada a convertirse en presencia, sin perder su condición. Es otra imagen del contorno: lo evidente parece inalcanzable, y lo escondido queda al alcance de la mano. Es lo que está más allá, que indica una posibilidad y una exclusión. Una geometría que cambia mientras nosotros nos movemos. En un primer momento, las olas devoran los límites (en Lothar Schreyer y en Eduardo Arroyo), para adquirir después autonomía arquitectónica en Herbert List, Gerhard Richeter, José Julian Ochoa, Oscar Molina Pérez y Ramón de Soto.

 

Muchos artistas han quedado cautivados por el mar, han querido representarlo como símbolo máximo de la realidad pero también de la abstracción, ejecutando acrobacias, con el fin de cancelar la posibilidad de reconocimiento inmediato y, a su vez, de anular toda presencia. Asistimos a un diálogo con resultados inesperados. En la mayor parte de los casos, los artistas ya no se enfrentan de forma frontal con el tema elegido: al ir más allá de los modelos impresionistas, deciden no unirse al objeto. Se mantienen a distancia. Tratan de utilizar líricamente el agua, aunque tratan de no perderse en el desierto de la abstracción absoluta. Estamos precisamente ante un gran reto poético e incierto. Estamos ante un camino que lleva de lo concreto a lo abstracto. El mar se convierte en un icono habitual y manido que se vuelve desconocido y se encuentra en continua metamorfosis.

 

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