Enseña tus OBRAS en ARTEINFORMADO. ¡Cada día, más personas las miran!
Nacimiento: 1926 en Santo Domingo, Distrito Nacional, República Dominicana
Fallecimiento: 2016 en Jarabacoa, La Vega, República Dominicana
Organizaciones con obra: Museo Bellapart, Museo Fernando Peña Defilló
Enlaces oficiales Web 
Etiquetas:
Publicada el 06 ago de 2019      Vista 35 veces

Descripción del Artista

HOJA DE VIDA Justo después del primer cuarto del siglo XX, nací en un Santo Domingo aún con aires de ciudad pequeña y amodorrada, que se desenvolvía con lentitud y monotonía. A los 7 años, al adquirir el uso de razón (si es que alguna vez lo he hecho), me encuentro con que no encajaba en el estándar de los cursos de escuela elemental del Colegio De La Salle. Desde entonces me di cuenta de que no era un niño «normal», no me interesaban en absoluto esas horribles clases de matemáticas, pero sí me gustaban mucho las de historia y geografía, porque me hacían soñar con la libertad de recorrer el mundo, aprendiendo con la práctica lo que realmente me interesaba. Así comprendí que mi vocación era descubrir los secretos de la naturaleza y de la condición humana, y fue entonces que supe que había nacido para el arte, específicamente para las artes plásticas y aun más específicamente para la pintura; ambos temas (la naturaleza y la condición humana) siempre han sido la constante de mis obras, tanto figurativas como abstractas. Durante mi adolescencia y hasta los 20 años, me pasaba el tiempo en la biblioteca de mi padre, donde encontraba toda la información que me ayudaba a comprenderme a mí mismo. Luego ingresé a la Escuela Nacional de Bellas Artes en Santo Domingo, y fue entonces que comenzó mi verdadera trayectoria artística. En aquella época estudié junto a grandes figuras, como Domingo Liz, Mario Cruz, Óscar Renta, Ada Balcácer, Silvano Lora y algunos nombres que ahora se me escapan, que se destacaron como artistas emblemáticos. Realmente fue una generación privilegiada. Además, tuve la suerte –por cosas de la vida, no tan agradables y, como siempre, por enfrentamientos ideoló-gicos, políticos o religiosos– de tener como profesores a artistas españoles muy notables, de los cuales recuerdo con el mayor afecto y admiración a José Gausachs, Manolo Pascual y Vela Zanetti, y a grandes artistas nacionales, como Celeste Woss y Gil y Gilberto Hernández Ortega. Los españoles me prepararon para mi emigración a España en 1951. Ya conocía Londres y París en un viaje que había hecho hacía un año con mi padre. Mi llegada a Madrid constituyó el big bang personal que me integró a la cultura universal, no solamente en el mundo del arte sino también en el sentido de la vida misma. De pronto me encuentro en el mundo real y en el que me siento vivo y libre, en mi verdadero ambiente. En Madrid, además de inscribirme como estudiante libre en la escuela de arte de San Fernando, asistía a clases particulares en el estudio-taller del afamado pintor Daniel Vázquez Díaz, donde –entre otros aspirantes a pintor de diversos países sudamericanos– también estuve con los españoles Rafael Canogar y Cristino de Veras, excelentes artistas con el tiempo. En San Fernando conocí a Luis Feito, que formaba parte del grupo El Paso y tenía revolucionado al Madrid de los cincuenta con su propuesta informalista. Con Feito establecí una amistad fraternal. Con la experiencia adquirida tanto en Santo Domingo como en Europa con diferentes y valiosos maestros, llegué a la conclusión de que, aparte de lo básico, no me enseñaban sus técnicas y fórmulas personales y, en realidad, en todos los grupos de alumnos solo había dos o tres con verdadero talento y vocación. Sinceramente pude darme cuenta que la verdadera enseñanza estaba en los grandes y fabulosos museos de Madrid, París, Londres e Italia entera (que es un museo como país). Así pues resolví visitarlos constantemente pasando a veces días enteros recorriendo una y otra vez sus salas, donde se encerraba todo lo que se había producido como gran arte en el mundo entero. Mi autentica experiencia como artista, mis recuerdos y la desnuda verdad de mi existencia están claramente narrados en mis pinturas, que es el lenguaje en que mejor me puedo hacer entender. Por esas coincidencias o ironías del destino, en la misma calle de la zona colonial donde cumplí los 7 años, ahora están colgados los cuadros en este museo –luego de más de ochenta años de peripecias y viajes por este mundo tan bello como complicado– gracias a la sensibilidad y al celo familiar de mi sobrino George Manuel Hazoury Peña, director de la Fundación Peña Batlle, quien pudo encontrar como guiado por una mano espiritual el sitio preciso para albergar mi legado de arte. En sus incontables búsquedas, una mañana cualquiera y estando solo, encontró el lugar exacto que llenaba todos los requisitos y así nació el Museo Fernando Peña Defilló. No puedo dejar de mencionar en este relato a Jarabacoa, una ciudad situada en el corazón de la Cordillera Central y que ha sido mi lugar de retiro desde hace unos 25 años. Allí encontré el tiempo y el espacio necesario para plasmar todas las imágenes que bullían y que aún bullen en mi mente... y siguen siendo tantas las imágenes que tendré que renacer en la misma identidad en la que ahora me manifiesto para pintarlas todas... Dejo abierto este relato de sensaciones y emociones, por si acaso regreso. Fernando Peña Defilló 2014. LA OBRA DE FERNANDO PEÑA DEFILLÓ Por la originalidad y la firmeza de su estilo, la precisión y el vigor de su inspiración, la seguridad y el refinamiento de su oficio, Fernando Peña Defilló es un artista que, de manera incomparable, ha gestado un mundo de sensaciones visuales, personales y sociales. Un infinito equilíbrio estético que nace de la meditación y sus temas perennes: lo visible y lo invisible, la vida y la muerte. Ese potencial expresivo totalizante, en un pintor excepcionalmente culto, se define por y para la dominicanidad y el antillanismo: aquí, la autoctonía cimienta una producción que, sin discontinuidad, ha conservado sus rasgos identitarios durante seis décadas fructíferas. La capacidad creadora de Fernándo Peña Defilló es de una constancia y coherencia privilegiada a través de sus períodos sucesivos, y no los podemos aislar sino situar en el contexto epocal e histórico que les corresponde. Tampoco debemos separar abstracción y figuración: de hecho él yuxtapone elementos gráficos y pictóricos que sencillamente culminarán en una topografía inconfundible…¿será que la naturaleza real, cósmica e imaginaria, no deja nunca de subyacer oculta o manifiesta, el pintor enlazando a sus reinos? Habiendo iniciado, con una maestría insólita, su “compromiso” profesional –Fernando Peña Defilló siempre se comprometió-, el joven dominicano, adscrito al informalismo español y a las turbulencias espesas de la pasta, más allá de la experimentación expresaba su indignación en contra de las dictaduras, la trujillista y probablemente la franquista. Inmerso en la plenitud europea, él retorna sin embargo al país en busca de la democracia… A la no-forma sucedió el contrapunto de la forma geométrica: una geometría sensible que cabe leerse como la edificación de otros tiempos y estructuras nacionales. Aquellos espacios demandaban que el pintor los anime, los pueble, los ocupe, y entonces él abre de par en par su pintura a la representación criolla, su gente y sus tradiciones, su mística y su sincretismo. Un extenso y complejo período, perfectamente articulado. Observamos la asombrosa virtuosidad estilística del maestroen el arte occidental desde el neo-clasicismo hasta la contemporaneidad, pero, isleño del Caribe, él hurga en sus entrañasgeocéntricas. Realismo, expresionismo, neoprimitivismo, geometrismos, culminan en la “nueva imagen”. El propone un arte furiosamente experimental: ensambla, encola, mezcla discrecionalmente técnicas, materiales, tendencias, para expresar la realidad popular, su religiosidad, su mestizaje, ¡la denuncia llega al cariz politico! Fernando Peña Defilló actúa con una desenvoltura impresionante que concluye en excelencia plástica, virtud compatible solo con el dominio total de los medios, deconstrucción incluida… para construir la idiosincrasia dominicana. Fernando Peña Defilló reta el tercer milenio, con una expresión iluminada y sobrenatural… de lo humano y lo divino, según una teosofía particular y un llamado a la paz transcendental: caben armoniosamentetodas las creencias en la visión real-fantástica e infinita del pintor. El retiro del artista, entregado a pensar , escribir y pintar, en el esplendor paisajístico de Jarabacoa, favorece la simbiosis entre ámbitos terrenales y celestiales, desplegados metafóricamente en su iconografía reciente. Ahora bien, no mencionamos el talento de Fernando Peña Defilló como crítico de arte, y su manejo admirable de la palabra. Entre muchos textos, están las Volutas, breves y sustanciosas, aforismos y profesión de fe. Hasta una sola todolo dice: “Nunca he podido separar la vida y el arte. En mi están entrañablemente unidos, es precisamente esta simbiosis que ha regido la trayectoria de mi existencia.” Marianne de Tolentino, Crítico de arte.

Actualizado

el 23 ago de 2019

Contactar

¿Quieres contactar con el gestor de la ficha?
Compártelo
volver arriba