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¿Ocupa el Arte Sonoro el lugar que le correspondería en los museos de Iberoamérica?

El sonido y el silencio llenan este verano el Museo Patio Herreriano. Instalaciones en Patios y claustros completan esta muestra única que además ofrece tres conciertos en tres espacios diferentes del Museo. 

Gustavo Pérez Diez
José Inés (tercero por la izqda.) junto a artistas de la muestra. | ¿Ocupa el Arte Sonoro el lugar que le correspondería en los museos de Iberoamérica?
José Inés (tercero por la izqda.) junto a artistas de la muestra. | ¿Ocupa el Arte Sonoro el lugar que le correspondería en los museos de Iberoamérica?
El SFMOMA organiza la primera exposición colectiva de gran escala centrada en el papel del sonido en el arte contemporáneo que está ubicada en la planta 7 así como en distintas localizaciones.

Con motivo de dos exposiciones de actualidad y, sobre todo, de gran relevancia en torno al 'Arte Sonoro' como son "Espacio. Sonido. Silencios", en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, y "Soundtrack", en el San Francisco Museum of Modern Art (SFMOMA), hemos querido comprobar que información arroja la base de datos de ARTEINFORMADO sobre este campo de creación, que, al contrario de otros, como denuncian desde la muestra vallisoletana sigue aún "recibiendo escasa atención en España y en todo el mundo, tanto desde el punto de vista del coleccionismo como desde el de las exposiciones". Al hacerlo nos devuelve los siguientes resultados: más de 300 artistas sonoros, siendo la mayoría destacados artistas iberoamericanos participantes en algunas de las más de 400 exposiciones registradas de Arte Sonoro, que, además, en algun caso, han sido curadas por alguno de los más de 80 curadores especialistas en esta materia, igualmente registrados en la base de datos.

Pues bien, entre ellos no podía faltar el radio artista español José Iges (Madrid, 1951), uno de los exponentes del Arte Sonoro no solo a nivel nacional sino internacional, quien, además, es el responsable curatorial de la primera muestra, que reúne a 25 artistas, quienes, salvo algunas contadas excepciones, entre ellas destacadar la del gran maestro John Cage, son creadores españoles que han marcado el devenir del paisaje sonoro español en las últimas décadas, casos de Concha JerézEduardo PolonioFrancisco Felipe FigueroaIsidoro Valcárcel MedinaJavier Ariza PomaretaJosé MaldonadoJosé Antonio OrtsJosé Antonio SarmientoJosé Manuel BerenguerKepa LandaMaría de AlvearMiguel Ángel TolosaRicardo BellésVacca o el propio Iges, entre otros.

La otra muestra, co-curada por Rudolf Frieling y Tanya Zimbardo, es la primera colectiva de gran escala en ese museo estadounidense centrada en el papel del sonido en el arte contemporáneo. Ubicada en la planta 7 así como en distintas localizaciones, la muestra reúne también más de una veintena de artistas, entre ellos, destacados representantes iberoamericanos de la talla de los mexicanos Rafael Lozano-Hemmer y Amor Muñoz, el colectivo brasileño O Grivo y la argentina Amalia Pica, que presentan, escultura, instalación de audio y video y piezas de performance realizadas desde el año 2000, las cuales son consideradas obras claves en la colección de artes mediáticas.

A pesar de la aparente mayor visibilidad del Arte Sonoro, en los últimos tiempos, éste sigue siendo minoritario en las programaciones de los principales museos y centros de arte de Iberoamérica, algo que contrasta con el cada vez mayor número de artistas y curadores iberoamericanos trabajando dentro de los ámplios márgenes en los que se desarrolla esta práctica artística.

No osbtante, es de toda justicia reconocer el esfuerzo y empeño de aquellas organizaciones culturales que han organizado, desde principios de esta centuria, lo que ya son muestras icónicas. Así, algunos ejemplos podrían ser: "Reverberancias: Arte Sonoro", curada por Ramón Castillo Inostroza, en el Museo Nacional de Bellas Artes - MNBA, en Santiago de Chile, "Hacer la audición: encuentros entre arte y sonido en el Perú", en el Museo de Arte Contemporáneo de Lima", curada por Luis Alvarado; "Umbrales, espacios de sonido", en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, co-curada por Mene Savasta Alsina y Marcelo Marzoni, "Señales Aleatorias: Retrospectiva de Arte Sonoro Chileno", en el Parque Cultural de Valparaíso, curada por Carol Illanes, Fernando Godoy y Pablo Saavedra, o "Arte sonoro en España (1961-2016)", en la Fundación Juan March, de Madrid, que antes pasó por sus espacios de Cuenca y Palma de Mallorca, también bajo curadoría de Iges, pero esta vez en compañía de otro especialista como José Luis Maire.

L'intonarumori di Russolo con Russolo e Piatti [El entonarruidos de Russolo con Russolo y Piatti], c. 1913. Colección particular. Foto: desconocido

Pero, ¿cómo ha sido la evolución del arte sonoro en países como España o México, quienes junto con Brasil, Argentina, Ecuador y Chile, se puede decir que son los que más han trabajado por el arte sonoro en Iberoamérica, gracias al empeño y buen hacer de sus muldialmente reconocidos artistas sonoros?

Si echamos la vista atrás, en España fueron los históricos "Encuentros de Arte" de Pamplona, en 1972, promovidos y dirigidos por el compositor vasco Luis de Pablo Costales (Bilbao, 1930), los que marcarían un antes y después. Si hacemos lo mismo con los otros tres países iberoamericanos habría que situar su gran arranque e impulso desde la década de los ochenta. De la misma manera, habría que referir que otros países como el Perú cuenta con toda una nueva generación que se ha dado a conocer desde principios del 2000.

Sin duda, en el importante desarrollo de la práctica artística del Sound Art en la región latinoamericana México ocupa un lugar destacado, existiendo renombradas figuras como Manuel Rocha Iturbide (Ciudad de México, 1963), considerado uno de los artistas, curadores, críticos y promotores sonoros más destacados de su generación. Rocha en uno de sus muchos artículos apunta a la "dificultad de donde poner límites" a una práctica que se manifiesta en una varidad de modalidades, como una de las claves de por qué el Arte Sonoro no ha recibido la atención que se merece.

Caso ilustrativo de ello, bien podría ser 'La vida en los pliegues', el proyecto de su compatriota Carlos Amorales (Ciudad de México, 1970) para el Pabellón Mexicano de la Bienal de Venecia 2017, donde entre los distintos elementos del proyecto, curado por Pablo León de la Barra, está una partitura cuyos sonidos se interpretan por un ensamble de ocarinas.

Y es que el Arte Sonoro es una de esas disciplinas y prácticas artísticas que han surgido y se mantienen en permanente conflicto con sus propios límites. Dada la diversidad del arte sonoro, existe a menudo un debate sobre si el arte sonoro cae dentro y/o fuera tanto del arte visual como de la música experimental.

Esto lo vemos con grandes nombres de este último medio siglo, como el Premio Nacional de Artes Plásticas y Premio Velázquez de la Artes Plásticas Isidoro Valcárcel Medina, quien siempre ha sido etiquetado como plástico pero al que se debería considerar también sonoro. Otros han venido directamente de la electrónica, como Eduardo Polonio o José Manuel Berenguer. Como ya hemos visto más arriba los tres están representados en la muestra del Patio Herreriano.

Por otro lado, el arte sonoro no ha sido la excepción y se ha visto enriquecido por el trabajo de muchas mujeres artistas talentosas. Así, en Iberoamérica, cada vez más mujeres se hacen presentes; este es el caso de las consagradas artistas españolas Concha Jeréz (Las Palmas de Gran Canaria, 1941) y Esther Ferrer (San Sebastián, 1937), Premio Nacional de Artes Plásticas 2015 y Premio Velázquez de las Artes Plásticas 2014, respectivamente; o de generaciones más jóvenes como la venezolana Amarylis Quintero, la brasileña Tamar Guimarâes (Belo Horizonte, 1967), o áun más posteriores como la mexicana Marcela Armas (Durango, 1974), la ecuatoriana Mayra Estévez, la argentina Sol Rezza (Buenos Aires, 1982) y las chilenas Paula Arrieta (Santiago, 1982) y Mónica Andrea Bate Vidal (Santiago, 1978), que, sin duda, son unas de las referencias del arte sonoro en Iberoamérica y que garantizan el relevo generacional junto a otros jóvenes creadores como el español Aitor Merino (Madrid, 1995), los mexicanos Israel Martínez (Guadalajara, 1979) y Giberto Esparza (Aguascalientes, 1975), el chilelo Ariel Bustamante (Chile, 1980) o los mellizos peruanos José Luis y José Carlos Martinat (Lima, 1974), por citar tan solo algunos ejemplos de los muchos que hay.

¿Existe nicho de mercado para este tipo de arte? No es una respuesta fácil de responder. Pero lo que sí se puede decir es que hay galerías que sí lo están apoyando y promocionando como la galería alicantina Aural, las madrileñas José de la Mano y Max Estrella, la mexicana Kurimanzutto o las peruanas Lucía de la Puente y Revolver, entre otras, que incluyen en sus nóminas a reconocidos artistas trabajando en la experimentación sonora.

De igual modo, también habría que destacar el importante papel del mecenas y coleccionista, y en este sentido, si centramos el disparo en territorio español sobresale la figura de Andreu Rodríguez, promotor y patrocinador de la colección de arte electrónico más importante de España la colección BEEP, cuya sección y premio en la feria ARCOmadrid son ya un clásico. Este año, el XII Premio ARCO BEEP de Arte Electrónico recayó en dos piezas de Luis Lugán (Madrid, 1929), artista en colaboración con José de la Mano, y los premios honoríficos a Daniel Canogar (Madrid, 1964) y Rafael Lozano-Hemmer.

En opinión de los responsables de la muestra vallisoletana: "La entrada del así llamado 'arte sonoro' en los museos supone la entrada de una novedad en espacios que se han mantenido más o menos inalterados -en términos visuales- hasta casi los años 60 del pasado siglo. Y, al igual que en el caso de la musealización del videoarte, también el sonido y su exposición presentan verdaderos retos para los ámbitos tradicionales del arte, que han debido plantearse cómo 'ajustar' sus espacios de colección y exposición".

En este sentido, es el Ex Teresa Arte Actual, en Ciudad de México, un recinto y proyecto cultural del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), cuya sede se localiza en lo que fuera el Templo de Santa Teresa La Antigua, el ejemplo a destacar de espacio de diálogo y exhibición de prácticas artísticas ligadas a la experimentación sonora. Desde 1993, fecha de su surgimiento, ha acogido diversas muestras en relación al arte sonoro así como festivales de arte sonoro, cuatro de ellos bajo la dirección de Manuel Rocha Iturbide y Guillermo Santamarina.

Pero, si el interés por el sonido en el arte ha ido creciendo eso se debe, en una gran medida, a la encomiable función de programas de radio, plataformas on line, festivales y, claro está, centros de experimentación. Así, podemos citar al pionero programa de radio 'Ars Sonora' de Radio Clásica de España, dirigido hasta 2008 por José Iges, 'Imaginarios Sonoros' de Radio Educación de México, 'Oír es ver' en la emisora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Colombia, dirigido por los venezolanos Jorge Gómez yAmarylis Quintero o la radio experimental chilena radiotsonami; las webs artesonoro.org de SINSALaudio de Vigo, artesonoro.net de Manuel Rocha Iturbide, Ars Sonorus de Colombia, audiomapa de Chile o modisti de Pedro López; festivales como "Visiones Sonoras - Festival Internacional de Música y Nuevas Tecnologías", organizado por el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras, cuyo director artísico es Rodrigo Sigal, uno de los referentes más destacados y obligados de la creación musical y del arte sonoro en México; "Paralelo Madrid-otras músicas", desde 1992 pasó a integrarse al extinto "Festival Escena Contemporánea", dirigido por Llorenç Barber; el Festival Internacional de Arte Sonoro Tsonami, en Valparaiso, dirigido por Fernando Godoy, o el Sónar Barcelona; y, finalmente, los centros formativos como el Espacio de Experimentación Sonora del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), en Ciudad de México, el Centro de Creación Experimental de la Universidad de Castilla La Mancha, en Cuenca, dirigido por José Antonio Sarmiento, el Laboratorio de música electroacústica del Instituto Di Tella de Artes o el LIPM-Laboratorio de Investigación y Producción Musical del Centro Cultural Recoleta, ambos en Buenos Aires, que estuvieron bajo la dirección de Fernando Von Reichenbach, una personalidad destacada del arte sonoro y pionero de la música electroacústica en Argentina. 

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